Nace así EN-TRE, un nuevo festival que pone en el centro los oficios ligados a la tierra y reivindica el vino como expresión cultural y no como producto aislado.
La propuesta, que ocupará el restaurante durante toda la jornada, abandona los formatos habituales de feria o congreso. No habrá stands ni mesas fijas, sino un espacio abierto donde las conversaciones, las degustaciones y la cocina compartida estructuran el ritmo del día.
“Este festival no nace para explicar, sino para provocar experiencias: probar, escuchar, conversar, aprender”, explica Juan Vargas, cocinero de MUKA y uno de los impulsores del proyecto.
Un bar de vinos como punto de partida
La jornada comenzará a las 10:00 con la bienvenida y, media hora después, se activarán varias conversaciones en paralelo repartidas por el espacio. El público podrá entrar y salir libremente, alternando escucha, participación y descubrimiento.
Durante toda la mañana, el vino estará siempre presente a través de un bar de vinos con degustación libre de los productores invitados, que permitirá dialogar directamente con quienes elaboran cada proyecto. La idea es clara: eliminar la distancia entre quien produce y quien consume.

Seis cocineros para pensar el territorio
Uno de los momentos centrales llegará a las 14:30 con una comida en formato cóctel, concebida para el movimiento, el intercambio y la conversación continua. Seis cocineros firmarán este recorrido gastronómico: Iñaki Azpitarte (Petit Grill), Antoine Chepy (Arotzenia), Santiago Torres (Arenales), Amaiur Martínez (Ganbara), Edorta Lamo (Arrea) y el propio Juan Vargas.
Cada uno aportará su mirada sobre el territorio, en una propuesta que refuerza la idea de diversidad, paisaje y proximidad.
Una tarde abierta al público
Tras la comida, el festival continuará con nuevas conversaciones hasta las 17:00. A partir de ese momento, el espacio se transformará en bar de vinos abierto también al público general, prolongando el ambiente de encuentro y celebración.
EN-TRE se presenta así como una jornada que trasciende el formato habitual de festival gastronómico para convertirse en un espacio vivo de relación entre personas, paisajes y oficios. Una invitación a mirar el Pirineo desde la copa, el plato y la palabra compartida.
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