Mónica Sahmkow, chef y docente: "No sé cómo, pero nos levantaremos"

La caraqueña Mónica Sahmkow es directora de la Academia de Gastronomía de la Universidad Católica Andrés Bello y chef del restaurante Bocú. Desde el terremoto, coordina la asistencia a sobrevivientes en su zona mientras vive un duelo que no sabe cuándo se irá

Hace apenas dos meses, Mónica Sahmkow compartía imágenes en su cuenta de Instagram sobre lo que significaba abrir un restaurante en una ciudad como Caracas. La idea de tener algo propio siempre estuvo allí. De tanto manifestarlo, lo consiguió. Bocú inauguró en mayo en la urbanización Sebucán, al norte de la capital.

 

El nombre proviene de la palabra de origen francés beaucoup, que significa “mucho”, pero en la fachada del local aparece escrito en cuatro letras y con tilde en la “u”, un guiño a París, donde Mónica completó su formación como cocinera en la escuela Ferrandi y aprendió los fundamentos teóricos que sentaron las bases de su trayectoria profesional.

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Monica Sahmkow en Bocú, su restaurante, que prácticamente acababa de abrir cuando se produjo el terremoto.

Primero estudió en el Instituto Culinario de Caracas fundado por los venezolanos Sumito Estévez y Héctor Romero, luego saltó a España para hacer prácticas en el restaurante de Martín Berasategui. Mónica había elegido estudiar Derecho al graduarse de secundaria, pero nunca ejerció como abogada. Los tribunales no eran lo suyo.

 

Bocú es su pequeña República, un territorio con identidad «francozolana» que imaginó para enlazar la despensa local con las técnicas de la gastronomía francesa. Hay fondos y salsas, pero también frituras y preparaciones que recuerdan las cocinas regionales del país, desde el estado Sucre, que limita con el mar Caribe, hasta el Amazonas y las provincias andinas.

 

Mónica ha cruzado Venezuela en busca de ingredientes y recetas y ha tejido una red de productores y cocineros que se reconocen como embajadores y defensores del patrimonio culinario. “Los viajes fueron una misión exploratoria con el fin de desarrollar parte de la oferta de la Academia de Gastronomía, LAGA, de la Universidad Católica Andrés Bello, y a la vez ofrecer a los alumnos la oportunidad de conocer su país”, afirma. En 2022 Sahmkow había asumido la dirección de la institución para formar a los futuros profesionales de la industria de la gastronomía y la hospitalidad.

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El equipo de Bocú.

Con la apertura de Bocú, cerraba su círculo profesional. “En el equipo del restaurante hay ex alumnos de LAGA, y eso me hace sentir muy orgullosa, porque todo se conecta. Para mí es importante entrenarlos y asegurarme de que estemos remando hacia el mismo lado. Mi objetivo es lograr que el restaurante funcione sin mí. No es fácil, pero se puede, lo hice cuando trabajé en el hotel”, cuenta.

 

Sahmkow se refiere al hotel Cayena, donde lideró la cocina del restaurante Sereno durante casi dos años, una puesta en escena más de fine dining, con manteles largos y vajilla blanca. A la par, continuaba su función como directora en LAGA y atendía a sus tres hijos, un rol que comparte con su esposo.

 

En su extenso currículo también figura la asesoría de restaurantes, el desarrollo de conceptos gastronómicos y la consultoría. Ahora, además, es chef de Bocú, que logró ver la luz en un país acostumbrado a la inestabilidad política e institucional, a la crisis económica y a la incertidumbre. Un país que ya lo había vivido todo en las últimas dos décadas. Al menos, eso parecía. Hasta el 24 de junio de 2026.

El terremoto

“El día era feriado nacional, y el plan era disfrutarlo con una parrillada en familia. Entonces la casa empezó a temblar cada vez más fuerte. Fue muy intenso. Nos quedamos sin luz y sin internet. Al volver la comunicación, me cercioré de que mis alumnos y el personal del restaurante estuvieran bien, y fue cuando empezamos a darnos cuenta de la magnitud de lo que había sucedido”, relata Mónica.

 

Al día siguiente, recibió una llamada de World Central Kitchen, creada por el chef español José Andrés, solicitando apoyo en la preparación de 200 comidas. Mónica levantó el teléfono, pidió ayuda a sus alumnos de LAGA y al equipo de Bocú, y unió fuerzas con la empresa Caracas Catering para poner manos a la obra. De doscientas pasaron a 800 comidas, luego 900 hasta llegar a mil quinientas por día.

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Mónica, con el equipo de Caracas Catering y el chef José Andrés.

“Eran casi 30 voluntarios cocinando, yo me encargué de coordinar el grupo y de gestionar todas las donaciones que llegaron a LAGA para mantener la operación andando, generar alianzas y conectar con empresas que querían aportar y hacer frente al desastre. La necesidad de enviar comida e insumos era inmensa”, cuenta.

 

Una semana después, Mónica visitó la zona costera de La Guaira, la más afectada por los terremotos. Desde el 24 de junio, la cifra de fallecidos ha subido a más de 4.000. “Se me partió el corazón. Fue abrumador. Quizá lo más doloroso fue ver a muchas personas esperando a sus muertos” comenta. El paisaje le recordó a la tragedia de Vargas, ocurrida en 1999 en el mismo estado, cuando la montaña se vino abajo y sepultó comunidades enteras.

 

A pesar de la tristeza, las cocinas siguen encendidas. La ayuda no puede parar. “Esto apenas comienza, ahora estamos viviendo el drama de los sobrevivientes que lo han perdido todo, su casa, su familia, su trabajo, pero poco a poco volveremos a la rutina y necesitaremos aún más apoyo», aventura.

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A Mónica Sahmkow le preocupa organizar la ayuda para una situación de necesidad que se va a alargar en el tiempo.

«Nos salvamos gracias a la sociedad civil», añade Mónica. «Hay algo que está pesando demasiado y tiene que cambiar. Desde el mundo gastronómico, cada quién está dando la mano como puede, pero hay que buscar la manera de hacer esto sostenible en el tiempo. No sé cómo, pero nos levantaremos. O resolvemos nosotros o nadie más lo hará”, concluye.

 

Mientras tanto, Bocú reabre sus puertas en silencio, sin la emoción del primer día. El desfile de platos que va de la cocina al comedor ha quedado en pausa. “Solo han venido unos pocos, la necesidad de vivir existe”, dice Mónica. Pero ya no hay lista de espera.

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