¿Crisis en la alta cocina? Bruno Verjus cierra Table y Slow & Low hace lo propio renunciando a su estrella

"El mundo ha cambiado, el tiempo ha cambiado, el dinero ha cambiado, el lujo ha cambiado, así que la manera de comer también tiene que cambiar", proclama Verjus en el comunicado de despedida de Table (dos estrellas Michelin y octavo del mundo en 50 Best)

Esperanza Peláez

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«No quiero bajar la velocidad, quiero cambiar de carril». Con estas palabras arrancaba el comunicado con el que Bruno Verjus anunciaba el cierre de su restaurante parisino, Table, distinguido con dos estrellas Michelin y número 8 del mundo en The 50 Best. Una tarde de nubes negras para la alta cocina, porque con unas horas de diferencia, Frank Beltri, chef del barcelonés Slow & Low, con una estrella Michelin, anunciaba también el fin del proyecto.

 

«Table ha ido más lejos de lo que yo nunca soñé que pudiera llegar, convirtiéndose en uno de los diez mejores restaurantes del mundo tres años consecutivos y manteniendo dos estrellas Michelin durante 5 años. Y ese es exactamente el motivo por el que quiero parar ahora», continuaba el comunicado de Verjus, que se ha extendido como la pólvora por las redes sociales, igual que, en el mundillo de la gastronomía, los comentarios sobre si todos estos movimientos hacen pensar en el final del imperio de la alta cocina. Todavía no hace un año, el cocinero español Óscar García anunciaba el cierre de su restaurante Baluarte, único con una estrella Michelin en Soria, por sentirse encorsetado.

 

Si soplan vientos de cambio en la gran cocina, el contundente comunicado de Verjus podría funcionar como una suerte de manifiesto:

 

«Durante años he resistido contra las reglas de la alta cocina, no para destruirlas, sino para moverlas: Menos ceremonia, más vida. Menos actuación, más placer. He empujado fuerte porque pensaba que era necesario. Ahora el giro ha llegado, así que ya no necesito resistir más, me puedo mover», decía Verjus, quien añadía que «con 67 años quiero volver a ser curioso».

 

«El mundo ha cambiado, el tiempo ha cambiado, el dinero ha cambiado, el lujo ha cambiado, así que la manera de comer también tiene que cambiar. Quiero grandes ingredientes, gran cocina, gran hospitalidad, pero más simple, más rápida, más asequible. Mantener la excelencia, perder el peso. Yo lo llamo ‘fast lane’ (carril rápido), ‘fast dining’. No comida rápida, no fine dining. Fast lane, porque puede que el futuro del lujo no sea tener más, sino necesitar menos».

 

De esta forma ha cerrado etapa uno de los cocineros más carismáticos y singulares del panorama internacional, cuyos menús oscilaban entre los 400 y los 500 euros bebidas aparte (nada exagerado en el entorno del fine dining francés).

 

Más o menos a la vez, en Barcelona, Frank Beltri, chef de Slow&Low (Barcelona), anunciaba, tras cuatro años sosteniendo una estrella Michelin, el cierre del restaurante gastronómico para centrarse en su otro negocio, el Bar Canyí, y en «otros proyectos que estamos a punto de anunciar próximamente». «Lo que me llevo de esta etapa es haber sido capaces de construir un estilo propio, un lenguaje a la hora de cocinar y de comunicarnos con nuestros clientes», dijo Beltri en un video en su cuenta de Instagram.

 

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