Cinco bodegas y sus blancos insólitos

El aumento exponencial del consumo de blancos permite a algunas bodegas apostar por vinos que se salen de lo habitual, arriesgan y sorprenden para bien. Por ejemplo, las cinco que presentamos a continuación

Alberto Luchini

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Bodegas Marisol Rubio
Son de Sol, Cipma I y Cipma II (Vinos de la Tierra de Castilla)

Si a cualquier aficionado (o profesional) de la enología le ofrecen un vino blanco seco elaborado con la variedad Pedro Ximénez, inmediatamente le viene a la mente Montilla-Moriles. Y en casi el cien por cien de los casos, acertará… Salvo que el vino lleve el sello de Bodegas Marisol Rubio, en cuyo caso estará ante un Vino de la Tierra de Castilla, elaborado íntegramente en la provincia de Toledo, con uvas cultivadas en el término municipal de Villanueva de Alcardete y embotellado en Noblejas.

 

Este proyecto nació en 2018 de la mano de dos hermanos, Piedad y Jorge Garrido Rubio, que lo pusieron en marcha para rendir homenaje a sus padres: Cipriano, el visionario agricultor que decidió plantar Pedro Ximénez en La Mancha, y Marisol, prematuramente fallecida.

 

Tres son las etiquetas de PX con las que cuenta la bodega actualmente la bodega. Son de Sol (9,80 €) es la entrada de gama, fresco y ligero, perfecto para aperitivear. Cipma I (en cuyo nombre se fusionan Cipriano y Marisol, 19,90 €) va un paso más allá, con notas especiadas y aromas de fruta blanca de hueso, y pide un pescado o unos embutidos. Por último, Cipma II (22,50 €), la punta de lanza, fermentado en barrica nueva, con una nariz intensa en la que se mezclan la fruta y la madera y envolvente en boca, que no se achantaría para nada ante un buen guiso de legumbres o ante la caza menor.

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Cipma.
Bodegas Cvne
Monopole Clásico Reserva y Monopole Clásico Gran Reserva (DOCa Rioja)

Desde su primera añada, en 1915, hasta finales de la década de 1970, cuando algunos gurús iluminados del vino decidieron que el futuro era tinto y no blanco, Monopole fue una de las joyas de la corona de Bodegas CVNE (Compañía Vitivinícola del Norte de España), asentada en el Barrio de la Estación de Haro desde 1879. Era un vino de viura con larga crianza en barricas viejas y tenía la peculiaridad de que se le añadía (con permiso del Consejo) un pequeño porcentaje de Jerez.

 

A partir de los 80, Monopole se convirtió en un blanco facilón más de esos que buscaban notas exóticas y afrutadas. Y así hasta que, bien entrado el siglo XXI, en la bodega asumieron la imparable eclosión de los blancos y decidieron, como ellos mismos señalan, “hacer un remake”, para lo que recurrieron a Ezequiel García, enólogo de CVNE desde los años 40 hasta los 70. La idea era empezar por la añada de 2015, para conmemorar el centenario de la marca, pero “el 2014 estaba tan bueno que se adelantó el parto”.

 

Monopole Clásico cuenta con dos etiquetas, ambas elaboradas al cien por cien con viura (y un toquecito de manzanilla): Reserva (23,90 €) se cría durante ocho meses en barricas y botas y Gran Reserva (117 €) pasa cinco años entre barricas riojanas y botas sanluqueñas, obviamente también usadas. En los dos casos se conjuga la acidez y la frescura de la uva riojana con los toques herbáceos, la salinidad y la sapidez de la manzanilla. Las verduras de cualquier tipo y preparadas de cualquier manera son su mejor aliado, pero también encaja con las siempre complejas cocinas china y tailandesa.

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Monopole Clásico y Monopole Clásico Gran Reserva.
Bodega Soto Manrique

La Viña de Ayer (DOP Cebreros)

 

Tras un cuarto de siglo dedicado al mundo del vino, en 2012 Chuchi Soto puso en marcha su proyecto personal en la Sierra de Gredos, en la localidad abulense y adolfosuareziana de Cebreros (por cierto, Soto y familia acaban de ampliar su radio de acción a Sanlúcar con un blanco de albariza, Sara Soto Manrique 2024). Allí trabaja con garnacha para los tintos y, lo que aquí nos interesa, con la muy autóctona albillo real para los blancos. Esta variedad es la protagonista de La Viña de Ayer, un vino de pueblo que quizá sea la mayor rareza de la casa.

 

Con materia prima procedente de viñedos viejos con más de 70 años plantados en vaso entre 750 y 800 metro de altitud, se elabora a partir de una maceración de las uvas sobre sus propias pieles, tras la que pasa por una crianza de ocho meses sobre lías en la que desarrolla un ligero, e inusual en la zona, velo de flor que le confiere una personalidad propia y muy singular.

 

La producción es de 7.000 botellas, el precio aproximado ronda los 13 euros, y gustativamente se caracteriza por ese punto amargo tan propio de la albillo real, que le confiere complejidad y gran versatilidad gastronómica, desde unas pochas con perdiz hasta, por qué no, un lechazo asado. Algunos expertos lo han calificado como “un savagnin del Jura hecho en Gredos”. Y no andan desencaminados…

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La Viña de Ayer.
Bodega Finca Collado
Noumon (DOP Alicante)

Si hay una variedad de uva que se identifique plenamente con el Levante, ésa es, sí o sí, la monastrell, de la que se obtienen tintos muy mediterráneos, golosos y cálidos. Lo que no estaba tan claro es que también se pudieran obtener blancos interesantes, como ha hecho Candela Castelló en Bodega Finca Collado, obviamente vinificando al estilo de los blanc de noirs (prensado suave en prensa vertical, trabajando únicamente con el mosto flor) que nos remite indefectiblemente a Champagne.

 

Bien es cierto que no es un blanc de noir en pureza, porque la monastrell constituye el 90 por ciento, mientras que el 10 por ciento restante lo aporta la muy valenciana merseguera. Las uvas proceden de una parcela de viñas viejas en el Alto Vinalopó, donde la monastrell alcanza altos grados de acidez, cuestión fundamental para vinificarla en blanco. La merseguera le aporta frescura y el paso por barrica durante un par de meses, complejidad.

 

Noumon (15 €) es un vino original y con carácter, en el que, aunque cambie el color, se reconocen las características varietales típicas de la monastrell, muy frutal en nariz y envolvente en boca. Es perfecto para acompañar un arroz, ya sea con boquerones y espinacas o con conejo y caracoles, o algún guiso marinero, tipo all i pebre o llandeta.

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Noumon.
Bodega Las Calzadas
Tinácula White (Ribera del Júcar DOP)

Tinácula White (10,50 €) es un vino perfecto para descolocar en cata a ciegas a los amigos enópatas más enciclopédicos. Empezando por su denominación de origen, Ribera del Júcar, una de las más desconocidas de España; pasando por la uva, pardilla, una variedad autóctona de Cuenca en vías de desaparición y prácticamente ignota allende estos lares, y terminando por su crianza en tinajas de barro de más de cien años de antigüedad, todo en él se sale por completo de cualquier camino trillado.

 

Ubicada en la localidad de Pozoamargo, Bodega Las Calzadas es un proyecto de la familia Sevila Medina, al frente del cual se sitúa desde 2017 el enólogo treintañero Daniel Sevilla, quien estudió y se formó en Rioja y viajó a Australia y Nueva Zelanda antes de regresar a su pueblo. Allí decidió hacer vinos “artesanales, como los de los abuelos”, aprovechando unas viñas viejas heredadas de sus ancestros y recuperando tinajas de barro desperdigadas por distintas bodegas.

 

Tinácula White, cuyo nombre procede del latín y significa “tinaja pequeña”, es una de las joyitas de la casa, criado cuatro meses sobre lías y que luce acidez, estructura, frescura y bajo grado alcohólico. Un vino para sorprender en casa o para probar in situ, porque Bodega Las Calzadas ha apostado firmemente por el enoturismo y cuenta con un asador especializado en carnes a la brasa y platos típicos de la zona, como pisto, ajoarriero o gazpachos. Y, ya metidos en harina, una vez allí se puede aprovechar para catar también los tintos de parcela de la casa.

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Tinácula White.

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