Llegar a Ciudad Bolívar toma casi ocho horas en auto desde Caracas. Está situada al sureste del país en la ribera del río Orinoco, que fluye desde el Amazonas hasta su desembocadura en el Atlántico. Su posición estratégica la acerca a la Faja Petrolífera del Orinoco, donde se encuentran las reservas más ricas en petróleo pesado y extrapesado del mundo.
Después del doblete sísmico que sacudió a Venezuela el 24 de junio, Ciudad Bolívar no sufrió mayor daño a diferencia de Caracas y La Guaira en la región centro-norte, Ilich Oviedo, economista y propietario de un pequeño negocio llamado Chocolate café, se movilizó para enviar ayuda.

Primero reunió 70 toneladas de insumos recolectados en la sede de la Cámara de Comercio e Industria del estado Bolívar, de la cual forma parte. Luego tuvo otra idea que terminó conmoviendo a miles de personas y unió corazones a través de las pantallas de los celulares: regalar galletas, sobre todo para amortiguar la pena de los niños y niñas de las zonas afectadas.
“Entre la lista de alimentos y enseres que solicitaban por las redes, noté que pedían chupetas (piruletas), y eso me hizo pensar: ¡Claro! hay niños!. Llamé a una amiga panadera y le pedí que me ayudara a hacer galletas, y después subí un video a las redes animando a sumarse a la iniciativa. Al día siguiente ya tenía más de 5.000 paqueticos de galletas. Enviamos 31 cajas a Caracas”, relata.
Lo que no esperaba Ilich Oviedo era que las galletas llegaran con mensajes. Fue un gesto espontáneo de quienes las enviaban. Mensajes escritos a mano, algunos con un corazón dibujado en rojo o morado o con pegatinas de colores. Frases como “después de la tormenta sale el sol”, “eres un milagro; no pierdas la fe”, “no temas, Dios está contigo”… Dedicatorias y dibujos como una caricia o un abrazo en medio de la desolación. La solidaridad no sabe de distancias ni kilómetros: “Imagina recibir eso en plena tragedia, imagina regalar una galleta con una sonrisa a cada niño, pero comprobar que encima tenían mensajes, fue algo muy emocionante”, recuerda Ilich.

Un paquete de ayuda con sorpresa en Caracas
Samuel Kaufman, caraqueño, es ingeniero mecánico de profesión, pero se dedica a la producción audiovisual y a la fotografía gastronómica desde hace 10 años. Es parrillero aficionado, sobre todo si se trata de ahumados, y disfruta viajando y comiendo. Samuel se metió desde los primeros días en la distribución de comidas junto con un grupo de chefs locales. “El terremoto fue una pesadilla, pero gracias a Dios mi familia y yo estamos enteros y mi casa sigue en pie con algunas fisuras. Por eso decidí ayudar, en jornadas que comenzaban a las ocho de la mañana y terminaban a las diez de la noche. Más tarde me vino un bajón emocional, no había procesado todo lo sucedido”, recuerda Samuel.

En doce días lograron entregar alrededor de 40.000 comidas. La operación comenzó en el restaurante Maíz del venezolano Daniel Torrealba, pero el espacio se quedó pequeño. Habilitaron un centro de acopio para recibir donaciones y cada cocinero se trasladó a su restaurante para continuar la labor. Samuel y el resto del equipo se encargaron de las entregas, y él publicaba a diario en su perfil de Instagram la lista de alimentos e insumos que necesitaban. Fue así como Ilich lo contactó para decirle que enviaría un lote de galletas desde Ciudad Bolívar.
“Contesté que sí y llegaron las cajas después de un largo viaje en carro», dice Samuel. La sorpresa, también para él y su equipo, fue descubrir que las galletas no venían solas. «Al ver los mensajes y las calcomanías pegadas a mano, todos nos pusimos a llorar”, recuerda. Se sintió tan conmovido, que subió un video. No le salían las palabras, así que se limitó a compartió las imágenes y únicamente dijo, con un nudo en la garganta: “No son galletas, son abrazos a la distancia”.
El agradecimiento que se hizo viral
La publicación alcanzó más de 200.000 visitas y recogió comentarios de agradecimiento entre los que hicieron las galletas y quienes las recibieron en hospitales y refugios. También se entregaron a grupos de médicos, bomberos, damnificados, rescatistas y voluntarios entre las zonas de Caracas y La Guaira. “Fue una acción espontánea que nos unió en tiempos difíciles”, subrayó Ilich. Las redes sociales también borran fronteras y son capaces de acercarnos.
Reconstruir el presente
Ahora que la vecina Colombia busca entre los escombros y organiza la ayuda de emergencia tras el grave terremoto sufrido el 10 de agosto (hasta el momento, las cifras oficiales hablan de 240 muertos, más de 1.310 heridos y más de 2.568 desaparecidos), en Venezuela, la rutina se va recuperando de a poco. Ilich está de vuelta al frente de su cafetería en Ciudad Bolívar. Además, ofrece asesorías a restaurantes y emprendedores. Samuel ha retomado el contacto con sus clientes en Caracas. Hay eventos y lanzamientos de marcas que no pueden esperar. La vida continúa, pero no olvidan lo que pasó y se preguntan cómo pueden seguir ayudando.
“La emergencia entró en otra fase», reflexiona Samuel. «¿Cómo colaboramos de manera sostenida? Para mí la respuesta está en apoyar a los negocios que no se derrumbaron. No olvidemos La Guaira. Visitarla y consumir en alguno de sus restaurantes es mover la economía y mantener a los que sobrevivieron. Contar sus historias es darles visibilidad”, asegura.

Ilich ha elegido trazar un plan estratégico que impulse el desarrollo económico del sur del país, junto al gremio empresarial del estado Bolívar. “Toca seguir, y la única manera en la que pienso hacerlo es trabajando. Muchas de las personas y familias damnificadas han tenido que desplazarse a otros puntos del territorio. Por eso hemos planteado desde la Cámara de Comercio e Industria, consolidar la ciudad como base operativa, logística y de servicios. Necesitamos atraer inversión, generar plazas de trabajo y levantar viviendas”, explica.
El proyecto “Ciudad Bolívar: capital estratégica de la Faja Petrolífera del Orinoco” se presentó en julio pasado durante un acto conmemorativo, con la intención de involucrar a organismos públicos y privados. Ilich sabe que puede sonar un poco idealista, pero insiste: “Haremos ruido para ver qué logramos, no nos quitarán las ganas de soñar”.
