En España nos gusta el tomate. Y mucho. Nos gusta tanto que en estos días finales del verano, que es cuando se recolectan los mejores, se celebran por toda España fiestas en torno a él. Dejando al margen la Tomatina de Buñol, que personalmente me parece un horror y que de festejo gastronómico no tiene absolutamente nada, hay fiestas del tomate en la localidad guipuzcoana de Aretxabaleta, en las cántabras de Bezana y Pesués, en la navarra Cadreite, en Manresa o en pueblos castellanos como Mansilla de las Mulas (León) o Villacorta (Segovia). Una de las más importantes es la que se celebra a mediados de agosto en Coín (Málaga) para poner en valor el tomate Huevo de Toro, que se cultiva en el Valle del Guadalhorce. Un tomate de gran tamaño, de color rojo intenso, piel fina y delicada, interior carnoso y jugoso y un intenso sabor. Viaja mal por lo que difícilmente se encuentra fuera de Málaga.
Volviendo a las fiestas, mi favorita, por proximidad y porque han tenido la amabilidad de invitarme a formar parte del jurado que elige los mejores, es el Festival del Tomate de la Huerta del Narcea que se celebra desde hace quince años en Cangas del Narcea por iniciativa de Pepe Ron, cocinero y propietario del Bar Blanco, el mejor restaurante del Suroccidente asturiano. La idea es recuperar las variedades autóctonas frente a las foráneas. Este año se presentaron tomates de sesenta productores de la zona. El tomate del Narcea goza de merecida fama por su sabor. Se beneficia de la gran cantidad de sol y de las altas temperaturas que se alcanzan en verano en esa zona montañosa de Asturias. Desde luego hubo mucho nivel en los que pudimos catar los miembros del jurado, en el que estaban nombres importantes como el enólogo Raúl Pérez (que trajo algunos de sus grandes vinos para la comida previa como el magnífico La Muría) y cocineros como José Gordón, del asador El Capricho, Ricardo Sotres o Pablo Montero. Me gustó la frase de Raúl Pérez: «El tomate es como los vinos, no hay un vino que le guste a todos». Los jurados lo teníamos claro: el aspecto visual debe quedar en segundo plano. Tomates feos frente a esas variedades que buscan la perfección, todos iguales, redonditos, sin defectos para que luzcan en el supermercado. Lo importante es el aroma, la acidez equilibrada, la textura y, por encima de todo, el sabor.