Con los platos a veces ocurre algo parecido: la historia alrededor no puede ser más importante que la propia receta o el sabor. Pero a veces, no muchas, ocurre que esas dos patas -sabor e historia- sirven para sustentar una cocina muy interesante que, además, sigue funcionando si no hay tiempo o ganas para escuchar todo el relato. No es fácil, pero Santiago Sánchez Arango lo ha conseguido con su nuevo Chambacú de Barcelona.

Los amantes de las etiquetas aquí van a necesitar bastante papel, porque no es fácil resumir lo que se ha propuesto este restaurante. Cocina afro-latina-colonial podría funcionar, pero es que además en el restaurante conviven tres espacios pensados para diferentes momentos o tipo de comensal.

“Memoria”, con un enfoque más gastronómico y donde se trabaja con carta y menú degustación; “Candela”, donde se sirven platos más sencillos y centrado en la comida callejera de diversas regiones de América y ”El Patio”, un buen lugar en la entrada para degustar la carta de cócteles que manejan en esta casa.
Un proyecto ambicioso por las dimensiones del local y la inversión familiar necesaria para sustentarlo. Pero también por la amplitud de la mirada, que pretende contar desde el plato la influencia africana y colonial española en la cocina de América. Cocinar memoria y servir mestizaje es el objetivo, explican. Nada menos.

Así que confesamos que nos sentamos a la mesa con cierto escepticismo ante semejante reto. Pero también es verdad que las credenciales de Sánchez, que ha pasado por Mugaritz, Nerua y Arrea, entre otros restaurantes, inspiran confianza. Pero no es sólo cuestión de curriculum, es sobre todo escucharle hablar sobre el proyecto y ver la pasión con la que desgrana la historia y el porqué de cada uno de los platos.
La papa rellena y los tres continentes
Y es que Chambacú -que debe su nombre al barrio donde vivían en Cartagena de Indias los descendientes de los esclavos- asume cierta labor didáctica ante el comensal que quiere ir más allá de una secuencia de platos ricos, bien elaborados y donde cada elemento está ahí por algo.

Incluso en una aparentemente sencilla papa rellana, donde conviven la patata americana, la influencia morisca a la hora de envolver alimentos -origen por tanto de las empanadas- y los guiños locales a la bomba de la Barceloneta. La idea de los tres continentes sirve así como hilo conductor de lo que Sánchez Arango quiere contar aquí.

Un viaje afroamericano con sabrosas paradas en un sándwich de chancho con boniato y huacatay, un taco elaborado a partir de un gelatinoso cap i pota bien tostado con puntos de frijoles y guacamole en su interior, o el sancocho en una refinada versión con un caldo muy ligero y limpio, buen punto picante y acompañado de una pata hecha con piel de pollo crocante.

Interesante el vistoso mole con aguacate tatemado y yema, y muy rico también el ceviche que en Chambacú elaboran a su manera: templado y con un langostino de La Rapita. El pescado a la talla, y dos platos de carne (cordero con sus mollejas, y costilla asada con tamarindo) cierran la parte salada del menú largo, que culmina en los postres con un delicioso alfajor de lúcuma: la rica fruta andina usada aquí para versionar la galleta argentina que, seguramente, tiene su origen en la repostería española y musulmana.

Además de los otros dos espacios del restaurante pensados para disfrutar de esta cocina en su versión más informal y ágil, en la zona gastronómica de Chambacú trabajan con carta y dos menús degustación a 55 y 95 euros.

Merece también la pena pasarse a conocer su propuesta de cócteles y bebidas que elaboran ellos mismo -ojo al panaché de piña-, algunas de los cuales se sirven como parte del maridaje del menú degustación donde también son protagonistas los vinos catalanes.
Un restaurante diferente y valiente donde comer bien y aprender. No es algo que se puede decir de muchos lugares.
