Fantasía y cocina molecular en el Mandarin Oriental de Tokio

Un Comino

Allí estaba el nitrógeno líquido saliendo en forma de humo por nuestras narices, las tierras comestibles, los trampantojos con forma de zanahorias y hasta la voz de Marilyn Monroe cantando “I Wana Be Loved by You” mientras el Kento Ushikubo, el chef artista que dibuja y cocina, ultima el plato ‘Sexy Cow’, una pieza de wagyu. En la barra, junto a nuestro puesto, un libro ilustrado anuncia los platos y marca con humor el ritmo del menú. Mientras sopletea el lomo —no podía faltar el soplete— frente nuestros ojos tenemos el dibujo de una rutilante rumiante a dos patas vestida con el inmortal vestido blanco. 

 

Las escenas que se suceden en el Tapas Molecular Bar del hotel Mandarin Oriental de Tokio generan una sensación bien distinta entre los cuatro comensales orientales y los tres europeos que completan el servicio de esa noche. Para los asiáticos, el instrumental y los juegos de la cocina molecular despiertan sorpresa y hasta algún «¡Ohhh!» Para los europeos, en aquel ambiente de lujo y a la vez irreal, como si nos hubiésemos caído dentro de otra madriguera como la de Alicia, es una sensación de regreso al pasado. ¿Acaso aquella cena estaba ocurriendo en el año 2002?

 

El humor y el juego van conectando episodios comestibles en una secuencia que parece más una obra teatral que una cena al uso. La sensación no es de timo o de fiasco. Es como volver a ver y divertirnos un rato con una vieja película. Es tierno que en un lujosísimo hotel de Japón sigan homenajeando de este modo a nuestra revolución culinaria. Le contaré todo esto a Ferran Adrià, le dije al chef Kento. “Oh, gracias. Ferran es Dios”, me respondió. 

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