Aunque las metáforas futbolísticas son un recurso bastante cansino, es difícil resistirse a la tentación de caer en ellas para explicar lo que ha ocurrido en la DO Cava. Su bodega estrella, Juvé & Camps, no sólo ha dejado el equipo, sino que ha fichado por el rival, Corpinnat. Todo, eso sí, con muy buenas palabras y mensajes conciliadores entre los diferentes actores de lo que desde fuera hace años que se ve como una guerra abierta.
Pero, tras los gestos, la evidencia: la Denominación de Origen Cava hace años que, pese a los movimientos para intentar reconducir la situación, se enfrenta a una notable caída de las ventas, problemas de reputación de la marca y una larga lucha interna entre las bodegas que apuestan por la producción masiva y las que defienden la calidad frente a la cantidad.

En realidad, no es algo ajeno a otras grandes denominaciones de origen y que, además, los cambios en los hábitos de consumo -se bebe menos alcohol, pero el cliente exige más calidad- ha potenciado. Pero en el caso del cava se le suma otro problema inherente a la única DO en la que, curiosamente, lo del origen parece algo secundario. Vaya, que se puede producir cava en Cataluña, en la Rioja, en Extremadura o en Valencia, algo impensable en cualquier otra denominación de origen.
En un momento en que la territorialidad y los vinos capaces de narrar un paisaje son los más demandados, el cava parte con un problema de origen. Es uno de los motivos (no el único) que en 2018 provocó la escisión de algunas de las bodegas más notables y la constitución de la marca colectiva Corpinnat.

Es verdad que, desde entonces, ha habido cambios en el mundo del cava destinados, precisamente, a abanderar cierto discurso de territorio, estableciendo cuatro zonas de producción diferenciadas: Comtats de Barcelona, Valles del Ebro, Viñedos de Almendralejo y Requena. La cuidada selección de los nombres tampoco parece casual teniendo en cuenta las cuestiones políticas que durante años han rodeado también al cava catalán y al producido en otras regiones.
Cava y Corpinnat
La reciente salida de Juvé & Camps para convertirse en la bodega número 22 de Corpinnat y también en la más grande del colectivo viene a ahondar la brecha entre ambas. Y a afianzar la idea que desde hace ya años se ha instaurado en el mercado: los mejores espumosos son los Corpinnat.
Las uvas, el método champenoise e incluso, como se ha ido viendo, las bodegas son las mismas que hasta hace unos años producían bajo la denominación cava. Pero está claro que las que quieren proteger su prestigio en el mercado nacional e internacional prefieren no asociarse ya al nombre de cava.
Pese a ese rebuscado nombre («corazón del Penedès”, cor-pinnat) que en su momento no gustaba a nadie, hay que reconocer que la marca se ha convertido en sinónimo de calidad, aunque es verdad que todavía cuesta ver a alguien pidiendo una copa de Corpinnat.
Quizás no hace falta porque frente al cava como algo más genérico, las marcas que integran este grupo tienen entidad propia suficiente como para ser pedidas por su nombre. Hablamos de clásicos como Torelló, Gramona, Llopart, Recaredoo Kripta, por citar algunas, y también de bodegas mucho más pequeñas y recientes como por ejemplo Mas Candi.
El territorio, con una delimitación precisa alrededor del Penedès, la producción ecológica, el trabajo manual y la elaboración propia son los cuatro pilares de esta marca colectiva. También abundan las largas crianzas, que en muchos casos van más allá de los 18 meses mínimos que se exigen dentro de la marca, frente a los 9 meses que la DO Cava marca como mínimo.

Eso no significa, por supuesto, que no haya excelentes espumosos dentro de la DO Cava. En los últimos años se han realizado avances para marcar diferencias entre las bodegas que producen millones de botellas a precio de derribo y las que prefieren hacer las cosas bien. Los cavas de paraje calificado —sólo hay una decena de referencias de esta categoría— y los cavas de guarda superior son parte de esta estrategia.
Claror Can Prats, Can Sala, los glamourosos cavas de Pere Ventura, los de Art Laietá o incluso joyas escondidas en el catálogo de Codorniu como su El Tros Nou son buenos ejemplos. En este selecto grupo, claro, había también unas cuantas referencias de Juve y Camps, una de las grandes bodegas de cava que conseguía equilibrar muy bien la producción y la calidad y que, además, representaba un alto porcentaje de las referencias de guarda superior dentro de la DO.
Cava pierde así uno de sus mejores bodegas y Corpinnat prácticamente duplica su producción porque Juve & Camps elabora sola casi tantas botellas como las otras 21 bodegas de la marca colectiva juntas. Otro dato para entender la importancia del movimiento: la DO Cava ha perdido —señalan los analistas— un tercio de su producción de botellas gran reserva con la salida de esta bodega.
Clàssic Penedès
Resulta tentador poner de fondo la banda sonora de ‘Sucession’ ante estos juegos de poder, bodegas, grandes familias. O de ‘Benny Hill’, visto el panorama que tiene delante el consumidor que pretende beber un espumoso y pregunte por las opciones. Cava, es verdad, sigue siendo el genérico que se usa en la mayoría de ocasiones. Y con cierta razón porque, pese al prestigio y crecimiento de Corpinnat y a sus 22 bodegas, en el caso de la DO Cava pertenecen 300.

Para animar un poco más el asunto, hay un tercero en discordia: los Clàssic Penedès. Son también espumosos de la región pero que ni están dentro de la DO Cava ni son Corpinnat, sino que en 2014 crearon esta categoría dentro de la DO Penedès. Albet i Noya es, seguramente, la más conocida de las 17 bodegas que por ahora integran esta categoría.
Además de los espumosos que funcionan como parte de alguna otra DO (en Alella, por ejemplo, hay algunos) o directamente sin pertecer a ninguna denominación de origen ni marca colectiva, a este pequeño galimatías habría que sumar los cada vez más conocidos ancentrales o “pet-nat”
Frente al método tradicional o champenoise, aquí hay una única fermentación. Espumosos de corte ligero y moderno cuyo carácter —algo así como los vinos naturales de las burbujas— y precios moderados les está haciendo ganar puestos en las cartas de muchos restaurantes.

Diferencias técnicas al margen, estos ancestrales son otra batalla abierta para la DO Cava, que no los admite como parte de la denominación de origen. Por el contrario, un pet-nat puede ser parte del catálogo de una bodega Corpinnatt o Clàssic Penedès. En la primera son por ahora una rareza, pero en la segunda empiezan a ser bastante comunes y pueden ser un interesante hilo para crecer y ser más conocidos.
