La familia del cocinero Santi Santamaría ha podido completar su duelo quince años después de su prematura muerte a los 53 años de edad. En 2011 tuvo que aceptar la realidad de la pérdida, elaborar su dolor, adaptarse al mundo sin su presencia y seguir viviendo, pero algo quedaba por hacerse para terminar de restañar aquella ausencia. La familia de la cocina catalana también esperaba un momento para contar al mundo que aquellas afrentas y sangres calientes que se vivieron dolorosa y apasionadamente fueron fruto de un tiempo pasado y que el oficio compartido y la humanidad están muy por encima de cualquier discusión.
Los hijos de Santi, Pau y Regina, y su viuda, Ángels, lograron este lunes que ese momento llegara con el respaldo generoso de todos los cocineros de su tierra y del resto del país. En el restaurante Can Jubany no solo se dieron cita –más de cien– los que estuvieron más cerca de Santamaría física e intelectualmente, sino lo que es más importante: todos aquellos a los que afrentó directamente con sus duras acusaciones, tanto en ‘La Cocina al desnudo’ (2008), como en intervenciones públicas previas muy señaladas, como la que tuvo en la quinta edición de Madrid Fusión, en enero de 2007, precuela de lo que luego llegaría. Si aquel libro rompió la paz de la gastronomía española y ensució la imagen colectiva en aquellos años en los que el mundo nos miraba asombrado e incrédulo, el encuentro de este lunes en Calldetenes la reinstauraba simbólicamente. La última espoleta de una tensión histórica quedaba, por fin, totalmente desactivada.
Ferran Adrià junto a su esposa Isabel, Carme Ruscalleda y Toni compartiendo mesa con los hijos y esposa de Santamaría en distendida conversación familiar eran todo un símbolo. La felicidad de Pau y de su hermana Regina, eran plenas. Lo digo como testigo directo del momento porque tuve el honor junto a Roser Torras de compartir el almuerzo con ellos y sentir los afectos mutuos.
Más tarde, en el segundo acto del encuentro, acabado el almuerzo, el mayor de los Adrià terminó de cauterizar para siempre con sus palabras generosas una de las memorias más dolorosas en la historia de la gastronomía española. «Hoy hemos vuelto a ser una familia y empieza una nueva etapa en la que hemos de ir a una. Que nadie vuelva a abrir una herida que no existe», sentenció con el refrendo de todos sus colegas quienes le dedicaron un cerrado aplauso.
Hermanamiento
El tiempo terminó de poner todo en su sitio. Bajó el suflé. La cocina de Ferran nunca fue química peligrosa, como alertaba Santi, ni puso en peligro la salud pública. La polémica E-461 o metilcelulosa contra la que arremetió el de Can Fabes continúa siendo de uso común, pero también es verdad que el tiempo ha dado en parte la razón a sus ideas, con la reivindicación del producto y una cierta pureza respetuosa con el pasado.