Madrid suma un nuevo templo a su imparable ebullición culinaria, y lo hace de la mano de uno de los grandes arquitectos del sabor: Eneko Atxa. El chef de Azurmendi (3* Michelin y Estrella Verde) ha elegido el barrio de los Jerónimos, concretamente el número 5 de la calle Ruiz de Alarcón, para desplegar su segunda embajada en la capital. Lo hace dentro del imponente Mercer Hotel Madrid 5*GL, un edificio que exhala historia por sus cuatro costados.

Construida en 1905, la finca fue la sede de la Sociedad General Azucarera de España. Esa opulencia burguesa de principios del siglo XX, diseñada originalmente por Enrique María Repullés y Vargas, sirve ahora de lienzo para que Atxa dibuje una propuesta de «placer identitario». El proyecto no solo busca alimentar, sino conectar el paisaje vasco con el dinamismo madrileño a través de la memoria y el respeto absoluto al producto.
Exclusividad y silencio visual
El interiorismo, firmado por Andreu Carulla, huye de la estridencia para abrazar un lujo sereno que rinde homenaje a los materiales y al pasado industrial y señorial del edificio. El espacio se distribuye en tres ambientes diseñados para la cercanía: una barra con cocina a la vista para tan solo 12 comensales donde el proceso creativo se transforma en espectáculo, una sala contigua con capacidad para 24 personas y una elegante bodega o comedor privado para 16 invitados, ideal para encuentros donde el vino y la confidencia son los protagonistas.

La sostenibilidad del «sentido común»
Fiel a su filosofía, Atxa huye de las etiquetas de moda para centrarse en una verdad más profunda. «La sostenibilidad es sentido común: es cuidar eso que te rodea e inspira, lo que nos pertenece a todos», explica el chef. Para él, el menú comienza mucho antes de sentarse a la mesa: nace en las manos de quienes cultivan el campo y faenan en el mar, actores invisibles pero fundamentales en su cocina.
Con esta apertura, el Mercer Hotel Madrid se consolida no solo como un alojamiento de gran lujo, sino como un destino gastronómico de primer orden, recuperando el espíritu de aquellas antiguas sociedades donde el buen comer era el eje de la vida social, ahora bajo la refinada mirada de uno de los mejores cocineros del mundo.
