El discreto encanto de Suculent

Suculent lleva desde 2012 en Barcelona, en plena Rambla del Raval, con Toni Romero defendiendo lejos de los titulares una cocina personal y gustosa que convence y llena su local

Iker Morán

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Suculent
Dirección:Rambla del Raval 45, 08001 Barcelona
Cerrado:Sábados y domingos
Reservas: 934 43 65 79
Tipo de cocina:Creativa
Destacamos:Steak tartar, remolacha con beurre blanc y anguila ahumada
Precio medio:Menú desde 70 euros

El ritmo de aperturas de cualquier ciudad hace que pocas veces nos acordemos de esos restaurantes que llevan tiempo haciéndolo bien, centrados en cocinar rico para locales, visitantes y compañeros de oficio que siempre suelen saber dónde están los sitios que realmente interesan. En Barcelona, Suculent es un gran ejemplo. Lleva ahí desde 2012, en plena Rambla del Raval, con Toni Romero defendiendo en solitario una cocina honesta y discreta que, sin necesidad de estar cada día en los titulares, consigue gustar y llena este pequeño y acogedor restaurante. Uno de esos sitios a los que uno se pregunta por qué no ha vuelto antes.

 

Catorce años dan para mucho. Aunque Romero entró como jefe de cocina, tras unos años y la salida de los socios fundadores decidió ponerse al frente y mantener el proyecto en marcha. Algo que resultó ser una buena idea, como el tiempo ha demostrado. Pero aquí las cosas van, en cierto modo, a su ritmo. Es, seguramente, la mejor forma de seguir un camino y mantenerse firmes mientras cuesta enumerar todas las modas que se han ido sucediendo en este tiempo, desde la vanguardia a su fin, hasta las smash burgers o el pistacho.

 

Aquí son más de untar lento, un concepto a reivindicar en tiempos de prisas y que es el guiño de este Suculent que no es sólo suculento, sino también un juego que propone sucar lent. Salsas, fondos y caldos son parte de los pilares que sustentan la cocina de Romero, con el punto justo de creatividad pero sin perder de vista la precisión del sabor y la limpieza de cada uno de los elementos que componen el plato.

Clásicos y temporada

Esa casi década y media da margen mas que suficiente para poder hablar ya de una cocina de clásicos. Platos que como la raya a la mantequilla negra —recuerda Romero— están ahí desde el principio y no se atreve a quitar. El steak tartar es otro de ellos, siempre muy arriba en esos concursos que buscan el mejor del país y con una interesante evolución de más de diez años que le ha permitido al chef y perfeccionando esta preparación que, por cierto, ha inspirado a muchos. Se sirve sobre tuétano, y con patatas suflé encima, por cierto. Muy recomendable.

Steak tartare sobre tuétano asado con patatas suflés.
Steak tartare sobre tuétano asado con patatas suflés.

O los canelones de liebre, con esa presentación tan geométrica como sabrosa. Es otro de los imprescindibles de Romero y que siguen triunfando, aunque posiblemente el chef esté ya un poco cansado de prepararlos. Es parte del encanto y la maldición de esas casas a las que se peregrina de forma recurrente con unos cuantos bocados elegidos de antemano.

Canelones. Foto Rubén Corbalán.
Canelones de liebre. Foto Rubén Corbalán.

Pero también hay, claro, margen para que la temporada y las novedades se cuelen en la carta y menú. Suculent funciona en ambos formatos, con una propuesta más corta de menú degustación de clásicos y otra algo más alarga (70 y 90 euros, respectivamente) donde entran en juego platos de la temporada actual.

Remolacha y anguila. Foto Rubén Corbalán.
Remolacha y anguila. Foto Rubén Corbalán.

Ahí probamos, por ejemplo, una remolacha con una suerte de beurre blanc y anguila ahumada realmente deliciosa, o unos sugerentes callos elaborados aquí con crestas de gallo, garbanzos y piparras ahumadas. En ambos casos es más que recomendable seguir al pie de la letra el consejo de la casa y untar sin miedo. También en la merluza con calçots.

Suculent, callos y crestas. Foto Rubén Corbalán.
Callos y crestas. Foto Rubén Corbalán.

Son tres de los platos más ricos de un menú de altísimo nivel, sin estridencias, ni altibajos. Sólo la alcachofa a la brasa con butifarra del perol y caldo thai no acababa de funcionar, porque el lemongrass de esta base se lleva por delante el protagonismo que merecía la verdura.

 

La cocina discreta

 

Ese punto más viajero —o de barrio, porque estamos en el Raval donde conviven estos sabores y especias— en algunos elementos de los platos se repite en otras preparaciones, como el cuello de cordero con ras al hanout o, mirando a otras latitudes, el ceviche con quisquillas que Romero lleva muchos años preparando con aguacate y maíz. Y que ahí sigue, cuando tanto ceviche ha ido cayendo de las cartas porque no pintaba nada.

 

La ubicación le da además a Suculent cierto punto de resistencia en un barrio complejo, donde la oferta gastronómica se solventa con pocos miramientos y queda poco espacio para proyectos de cierta entidad. Recientemente abría aquí al lado Arraval lo que tal vez sea una pista de que algo está cambiando en los restaurantes del barrio. Veremos si es un espejismo, aunque incluso si se diluye, Suculent seguirá aquí. Esperemos.

Ceviche con quisquillas.
Ceviche con quisquillas.

De hecho, si ponemos encima de la mesa las guías, el Sol Repsol y figurar en la Michelin le quedan pequeños a esta casa. Cualquiera que se siente en su comedor —ojo, mejor reservar, que suele estar lleno— lo notará en seguida, así que además de salir de aquí sonriendo por haber comido bien, es lógico preguntarse por qué no se ha posado aquí ninguna estrella.

 

Romero, con un perfil bajo que seguramente tiene que ver con no estar en esas listas, reels y TikTok pagados sobre lo supuestamente mejor de la ciudad, ofrece todo eso de lo que tanto se habla ahora: cocina, territorio, honestidad, una sala amable y atenta con una buena propuesta de vinos a precios razonables…

 

Un imprescindible de Barcelona del que nos acordamos mucho menos de lo que deberíamos.

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