Restaurantes con futuro

Tribuna

No basta con dar bien de comer. El futuro de los restaurantes rurales pasa además por saber interpretar el territorio y ofrecer la cocina local como un elemento diferenciador frente a la monotonía que se va imponiendo en las cartas de tantos sitios. La gastronomía es cada vez más uno de los motivos que tienen en cuenta los viajeros a la hora de decidir sus destinos, pero no para encontrar lo mismo que podrían hallar en cualquier otro lugar del mundo, sino para descubrir platos y recetas que forman parte de la cultura de una región o de una localidad concreta. La gastronomía como patrimonio. Esta fue una de las principales conclusiones del congreso Discover-Eat, celebrado en Sigüenza la pasada semana con el objetivo de debatir sobre el papel de la gastronomía como motor de desarrollo rural y atracción turística con expertos, cocineros, productores, comunicadores y gestores de destinos de Europa, Iberoamérica y Estados Unidos.

 

Hay que tener en cuenta que los restaurantes rurales logran en muchas ocasiones convertir determinados lugares en destinos atractivos y contribuyen a fijar población creando empleo y garantizando y mejorando el trabajo de agricultores y ganaderos. Las conclusiones de Discover-Eat coinciden plenamente con la Declaración de Agüimes, que firmaron el año pasado en Terrae Gran Canaria más de cincuenta importantes cocineros de todas las regiones españolas y en cuya introducción se dice que “la cocina rural es mucho más que una forma de alimentación, es una expresión viva de la cultura de los pueblos, un lenguaje hecho de sabores, memoria y territorio. A través de recetas transmitidas de generación en generación, la gastronomía rural conecta el conocimiento del entorno natural con formas de vida arraigadas, sostenibles y profundamente humanas”.

 

Precisamente Sigüenza, el lugar donde se celebró este congreso, es un buen ejemplo de la importancia del gastro turismo. Esta localidad de 4.500 habitantes, a tan solo 130 kilómetros de Madrid, además de ser uno de los lugares más bonitos de España (castillo, imponente catedral, casco medieval perfectamente conservado), se ha convertido en un potente destino gastronómico, avalado nada menos que por dos restaurantes con estrella, El Doncel y El Molino de Alcuneza, que complementan una amplia oferta de comedores tradicionales en los que predominan las migas y los asados. Dos casas que, por sí solas, reflejan perfectamente ese modelo que se reivindicó en Discover-Eat. El de la alta cocina apegada al territorio que respeta sus raíces y se nutre de productores locales.

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