La isla de madera

Tribuna

Cuando los primeros exploradores portugueses la avistaron en 1419 la llamaron Madeira por la gran cantidad de bosques que albergaba. Los españoles insistimos en llamarla así, Madeira, pero cuando un portugués habla en castellano traduce el nombre y dice Madera, como deberíamos hacer nosotros. Denominaciones al margen, lo cierto es que se trata de una isla con mucho encanto, que merece, sobre todo en su parte norte, una visita. Isla de bananas, de frutas tropicales, de caña de azúcar y de viñedos con cuyas uvas se elabora uno de los vinos dulces más famosos del mundo, monopolizados como tantos otros por los británicos. Vinos que, según me contaron los responsables de Blandy’s, una de las bodegas históricas de Funchal, cada vez se venden más en España.

 

Curiosamente, en Madeira, pese estar rodeada por el mar, el plato más popular son las espetadas, largos pinchos de carne de vacuno a la brasa que se cuelgan en ganchos sobre las mesas. Hay, claro, buenos pescados, y, como en Canarias, es habitual comer lapas. La bebida más popular es la poncha, una refrescante y peligrosa combinación de azúcar de caña, ron y frutas ácidas como limón o maracuyá. Se sirve en las tabernas, donde habitualmente se acompaña con cacahuetes cuyas cáscaras alfombran el suelo.

 

Mi primera vez en la isla fue hace catorce años. Sólo había un restaurante destacable, Il Gallo d’ Oro, dirigido, como ahora, por el francés Benoit Sinthon. Tenía entonces una estrella, ahora son dos. Pero el cambio en este tiempo ha sido radical. Abandonando la cocina internacional, jóvenes cocineros madeirenses aportan identidad recuperando y actualizando el recetario de Madeira y poniendo en valor sus productos. Casi todos instalados en los lujosos hoteles de la isla. Uno de los más destacados es Roberto Barros, que cocina en Galaxia Skyfood, en la planta 16 del muy recomendable hotel Savoy Palace (donde también se encuentra Nikkei, un notable japonés con otro madeirense, Bruno Borges, como itamae). Ofrece carta y un menú degustación de precio elevado (195 euros) que refleja la identidad de la isla con platos como el escabeche de huevas; los pescados curados (trucha, pargo, pez limón); la açorda con huevo escalfado; el pez espada con arroz de lapas y banana fermentada; la reinterpretación, con carne de wagyu, de la popular espetada, o la actualización de la poncha de maracuyá. Con propuestas como esta, la isla de Madera se ha convertido, también, en destino gastronómico.

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