Hay lugares que son historia viva de una ciudad. Y la taberna Los Gabrieles lo es de Madrid. Por eso es una magnífica noticia su recuperación tras dos décadas cerrada y a punto de desaparecer para siempre. Nacida en 1907 por iniciativa del periodista aragonés Rafael Jimeno, en sus comienzos fue el primer take away de la capital. Jimeno creó ese concepto tan en boga hoy en día de la cocina para llevar. Montó grandes cocinas de gas que trajo de Suiza (otra novedad entonces) para elaborar en grandes cantidades fundamentalmente cocido madrileño, pero también judías con chorizo o ragout, que vendía a un precio muy económico (50 céntimos). Los lunes hacían pote gallego, los jueves callos y los sábados patatas con bacalao. El cliente iba con su propio recipiente y por cinco céntimos más se llevaba doscientos gramos de pan. Como publicó El Imparcial, era un lugar donde “el obrero tendrá asegurada su comida por la mitad de lo que le costaría guisarla en su pobre hogar e infinitamente mejor en calidad y condimento”. El nombre de Los Gabrieles responde a que así se denominaban en el Madrid castizo los garbanzos del cocido.
Tras su éxito, Jimeno decidió abrir un restaurante más convencional y lo hizo en el local de la calle Echegaray donde sigue más de un siglo después. Le dio un aire andaluz, con vinos de Jerez y mucho flamenco. Y, lo más importante, decorando todo con azulejos sevillanos. Cuatrocientos metros cuadrados de azulejos, muchos de ellos publicidades de bodegas. Ahora, tras una minuciosa restauración, esos azulejos tienen un valor histórico incalculable y convierten los distintos espacios en un auténtico museo. Durante décadas, Los Gabrieles fue uno de los epicentros de las noches golfas madrileñas. Artistas, toreros, intelectuales y señoritos (incluso algún rey) se daban cita en sus salones y reservados para comer, beber y disfrutar del flamenco. Tras la reapertura, la taberna de arriba y los comedores del sótano se han convertido en un escenario de lujo. Por si fuera poco, el anónimo nuevo propietario ha cuidado de que el servicio sea notable y la bodega de categoría. Y de que se coma muy bien. Ander Galdeano ha elaborado una carta clásica que enlaza con la historia de la taberna a través de platos como las judías verdes con ibérico, las patatas a la importancia o el menudo gitano en versión madrileña. Los Gabrieles, historia viva de Madrid, vuelve por sus fueros.