Felipe García, el enólogo de los injertos de oro

El enólogo chileno Felipe García dejó de recorrer su largo y estrecho país cuando descubrió un tesoro bajo sus pies en el valle de Itata. Así nació PS García

Mariana Martínez

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Felipe García podría calcular su vida en kilómetros. Hubo años en que manejó hasta 75.000 kilómetros, lo que, según le hizo ver un amigo, equivale a cien días laborables a bordo de una camioneta. Su auto era oficina, comedor, sala de reuniones y refugio. Cargadores para el computador y para el teléfono, llamadas eternas, una agenda armada sobre la marcha en carretera: Casablanca, Maule, Itata, Santiago y vuelta a empezar.

 

En 2006, mientras ejercía de enólogo en jefe de una bodega en Casablanca, comenzaba un proyecto personal junto a su esposa, la también enóloga Constanza Schwaderer. Los vinos de diferentes orígenes se llamaron Marina, Sofía, Facundo, Bravado, Tirso… Felipe venía de años intensos en vendimias en Chile, Argentina y Estados Unidos. De aprender cómo funciona la industria desde dentro. Lo que siguió a su despido del trabajo formal ese mismo año fue algo orgánico: llamadas de amigos, asesorías, gente que quería hacer vino y no sabía por dónde empezar.

 

En ese momento entró en escena Patricio Mendoza, ingeniero forestal, descendiente de productores y vendedores de vino y propietario por herencia de un viñedo centenario. La primera reunión fue en su casa. Vino, comida, conversación larga. No hubo amor a primera vista, pero en el tercer encuentro ya estaban planeando hacer algo juntos. La familia Mendoza tenía un campo en la cordillera de la costa del valle del Itata. Rodeadas de pinos, había cuarenta hectáreas de cepa país, dos de carmenère y una loma despejada donde los Mendoza querían plantar cabernet sauvignon. Era la idea lógica. Comercial. Segura.

Viñedo Piedra Lisa, abajo parcela de Grenache El Levante
Viñedo de Piedra Lisa. Abajo, la parcela de Grenache El Levante.

Felipe recorrió el campo. Analizó el suelo de granito, la exposición, el viento… De lejos vio el viejo viñedo de cepa país. Parras sanas en el secano de raíces profundas.

 

-¿De quién es ese viñedo? —preguntó.

 

-Nuestro, —le dijeron.

 

-“Pues el oro está ahí”.

 

No propuso plantar nada nuevo, sino injertar, aprovechando las raíces centenarias capaces de explorar metros y metros de suelo, y cambiar la parte aérea por variedades mediterráneas: carignan, grenache, mourvèdre y petit verdot. No quería crear otro cabernet de Chile más. Veía que el lugar no era lluvioso todo el año como Burdeos. Era secano, más parecido al Maule profundo.

Patricio Mendoza y Felipe García.
Patricio Mendoza y Felipe García.

En 2010 injertaron parte de aquellas cepas país, y dejaron 20 hectáreas intactas. En 2011 obtuvieron la primera cosecha de los injertos. Las plantas, con raíces viejas y poderosas, empujaron como locomotoras, dando mucho vigor y una acidez altísima. En resumen, vinos desbalanceados, brutales, imposibles de vender tal cual. Durante un par de años Felipe decidió que debían mezclar y ajustar. En paralelo, siguió haciendo con su esposa los vinos de la marca García-Schwaderer.

 

Los injertos lograron estabilidad en 2014. Para entonces, ya habían sumado al viñedo la variedad Durif. Así entendieron que cada cepa una tiene personalidad propia. Decidieron embotellarlas en pequeñas partidas individuales. Nacen así los primeros varietales de Piedra Lisa, en las laderas de la DO Valle del Itata.

Una espléndida cepa de Grenache injertada sobre un pie de viña centenario de País.
Una espléndida cepa de Grenache injertada sobre un pie de viña centenario de País.

Mientras el viñedo va viento en popa, el matrimonio García–Schwaderer se termina. En 2017, el año que se crea la nueva sociedad entre García y los Mendoza y nace la nueva marca P.S. García, ocurre un descomunal incendio. En Piedra Lisa se queman 400 hectáreas de 440. Se salvan las casas, pero pierden un par de hectáreas de viñedos. El fuego pasa; el humo queda.

 

Felipe vinifica igual en las bodegas arrendadas como con el resto de sus vinos: sauvignon blanc de Algarrobo, pinot noir de Limarí, Casablanca y Malleco; Vigno carignan del Maule. Aplica ósmosis inversa a los vinos con humo para eliminar los llamados guayacoles. Cuando parece que todo está resuelto, al segundo año, el humo reaparece al oxigenar antes del embotellado. Los vuelve a tratar. Los vinos salen al mercado y los puntajes acompañan (“a los enólogos también nos pagan por resolver problemas”, dice).

 

En 2021, una lluvia inesperada en enero bajó la temperatura, rehidrató las parras y retrasó la cosecha casi tres semanas. Los alcoholes potenciales bajaron un grado completo. Felipe probó los vinos y no le gustaron. Los sintió diluidos. Durante casi dos años desconfió de ellos.

Felipe García, con Nicolás, Sergio y Patricio Mendoza, socios en PS García
Felipe García, con Nicolás, Sergio y Patricio Mendoza, socios en PS García.

Los volvió a probar y cambió de opinión. Los encontró equilibrados, largos, más elegantes que los anteriores. “Fue un remezón”, admite: entendió que llevaba años buscando concentración y potencia cuando el equilibrio podía estar en otro lugar. Esa capacidad de cambiar de ideas se junta con las ganas de hacer vinos de varios viñedos de país que habían quedado sin injertar.

 

Reconoce que durante mucho tiempo no les interesó la cepa país. “La veía como una cepa menor, sin sofisticación”, explica. Hasta que empezó a compartir más con el joven enólogo Roberto Henríquez, y recorrió Itata de norte a sur para comprobar cómo la variedad expresa cada lugar de forma distinta.

 

Hoy, el vino País de P.S. García es una apuesta estratégica: reemplazar su tinto ligero tradicional de pinot noir, y a partir de la cosecha 2024 (que aún no sale al mercado), tener tres países de tres cuarteles diferentes. Un gran desafío comercial, porque, como lo explica él mismo, el consumidor sofisticado todavía no tiene a la cepa país en su radar como vino de alto nivel.

 

Es justo en 2024 cuando un proyecto Corfo les da el financiamiento y el espaldarazo para

construir una nueva bodega junto a Patricio Mendoza y familia en Piedra Lisa. Su casa propia, después de 18 años. Coincide con un momento duro de ventas. También con una oportunidad de ajuste: menos volumen, más foco.

 

De casi cien toneladas anuales pasan a trabajar principalmente con la fruta del campo de los Mendoza. Estar en un solo lugar le permite ajustar fermentaciones, probar distintos porcentajes de racimo completo, reducir extracciones, redefinir estilos. Después de veintiséis años haciendo vino, Felipe habla de probar técnicas como si recién estuviera empezando.

Felipe García, enólogo chileno, trabajando en la bodega de PS García, que pudieron construir en 2024.
Felipe García, enólogo chileno, trabajando en la bodega de PS García, que pudieron construir en 2024.

Hoy, mientras entiende que deben crecer para mantenerse, sigue con su doble vida como ejecutivo en Tn Coopers, vendiendo barricas a sus colegas, y las vendimias que le siguen comiendo diez fines de semana seguidos. Tres hijas y nueva pareja que reclaman por llamadas no contestadas. Después, la misma familia le acompañan a pisar uvas, a inocular levaduras… “Ha sido de dulce y agraz, dice, pero la suma es mucho más dulce”.

 

Felipe García ya no maneja tanto. Se conecta menos y escucha más música. La diferencia en su camino es que ahora sabe dónde está el oro. 

 

5 vinos de P.S. García  nacidos de cepas injertadas sobre viñedos de país centenario;

 

Carignan La Cabentera 2023, Itata. Después de un 2022 demasiado seco, nació este carignan con menos cuerpo y más acidez y carácter más floral que lo habitual. Nació para reemplazar su Vigno del Maule. “Es como ver crecer un hijo, que se fue de la casa”, nos dice Felipe. El vino es fresco, con mucha fruta roja, taninos suaves y un gran cuerpo. Delicioso.

 

Grenache  El Albaricoque 2023, Itata. Desde que nació este vino en 2014, 2023 es la primera vez que el cuartel El Albaricoque se embotella por separado; también es fermentado por primera vez con 20% de racimo completo. Es un tinto vibrante, más fresco que las versiones anteriores. Lleno de mucha fruta roja. Es la estrella entre sus exportaciones. 

 

Durif  San Lorenzo Loma Norte 2023, Itata.  Es el vino monovarietal de P.S. García que más se vende dentro de Chile, a pesar de ser una variedad completamente desconocida.  Su degustación bien lo explica. No hay nada que criticarle a su gran fuerza. Sus aromas recuerdan frutos negros, con notas especiadas; en boca es tenso y  peso pesado.

 

Mourvèdre 2021, Itata. Si el Durif es fuerza, este tinto con varios años en botella ya está bien pulido y en su momento óptimo para descorchar. Está recién en el mercado solo porque se movió más lento, dice Felipe. Con dos años de diferencia ciertamente “está mortal.”

 

Petit Verdot 2021, Itata. Con sus tres años en botella, sigue siendo una bestia muy sabrosa. No hubo 2023 porque la variedad es muy sensible al humo. Hoy destaca por su acidez y potencia, además de ser muy jugoso en boca, con mucha fuerza y fruta negra madura.

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