Guías Caníbales: 'Botequins’ cariocas: una guía (casi) definitiva

Nos perdemos los sabores, los petiscos y la bohemia de las mejores tabernas y bares populares de Río de Janeiro

Xavier Agulló

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Desde 2012, los botequins (bares o tabernas) cariocas han sido reconocidos como Patrimonio Cultural de Río de Janeiro. Aquí explicamos qué son y en qué se diferencian y, por si esto fuera poco, proponemos una exhaustiva guía que viaja por los tradicionales y los contemporáneos; los históricos y los de chef; los temáticos y los más célebres de barrio. Una completa radiografía de la gastronomía más popular, distintiva y celebrativa del colorido bullicio carioca asesorada e investigada desde una perspectiva sociogastronómica por la historiadora Rosa Bernardes.

 

En Río de Janeiro son fama sus botequins (o, más casualmente, botecos), del mismo modo que en Francia son populares los bistrós o en Inglaterra sus pubs. Estos locales tan genuinamente brasileños comenzaron a evolucionar como botequins a partir de finales del siglo XIX, transformando las tiendas de ultramarinos que habían abierto los portugueses en la ciudad.

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Empadas, en Cachambeer.

Ya a principios del siglo XX, las reformas urbanísticas rediseñaron la ciudad de Río. En este nuevo escenario, los botecos se extendieron y se consolidaron como puntos de encuentro fundamentales: lugares donde el comercio, la comida y la vida social pasaron a coexistir de forma indisociable.

 

Según el Diccionario Michaelis de la Lengua Portuguesa, la palabra “botequim” proviene del italiano botteghino y puede significar desde un lugar para beber hasta una casa de comidas sencilla o un café modesto. En Portugal se utilizaba el término “botica” para referirse a comercios de ultramarinos que vendían alimentos y pequeños productos —muy parecido a lo que en España se llamaba colmado o bodega—. Lo cierto es que, poco a poco, estos establecimientos fueron incorporando mesas, empezaron a servir bebidas, aperitivos e incluso comidas, y se convirtieron en uno de los principales espacios de convivencia popular de la ciudad de Río.

 

Actualmente, la tendencia va hacia abrir botecos con propuestas intencionadamente gastronómicas, tanto de chefs consagrados como de cocineros emergentes e inmigrantes.

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Beco das Sardinhas.

¿Qué define a un botequim? Es un establecimiento pequeño, a menudo familiar, con una barra como elemento central. Mesas sencillas (incluyendo la acera). Decoración espontánea, con objetos acumulados a lo largo del tiempo. Los más tradicionales cuentan con un pequeño altar con la imagen del santo protector del local.
Pero acaso lo más importante (y valorado por la clientela) es la cerveza, el llamado chopp (tirada en grifo). Dice la ley no escrita (pero inapelable) del botequim que los chopps deben estar estupidamente gelados (extremadamente helados), con temperaturas aparentemente imposibles. Es famoso el caso de Cachambeer: el diario O Globo, termómetro en mano, comprobó con estupefacción que se servían perfectos, sin hielo, desafiando las leyes físicas… ¡a -3,1 grados! Acompañando la cerveza, las cachaças y las batidas.

 

Su oferta gastronómica es tradicionalmente simple, sin sofisticación. Aperitivos (‘tira-gosto’) y platos del día (PF). Precios accesibles. Fuerte vínculo con los usos culinarios populares. Socialmente, el botequim no es solo un lugar de consumo, sino un espacio de convivencia cotidiana. Es un ambiente de conversación —desde política hasta fútbol—, de vida bohemia y, en algunos casos, con música en directo (samba o pagode). Un lugar donde el carioca va a tomar una cerveza y encontrarse con amigos.

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Adega Pérola.

En general, los botecos se dividen en: Pé sujo (‘pie sucio’, nombre cuyo origen podría estar en el serrín que los dueños esparcían en el suelo para ocultar la suciedad, lo que acababa ensuciando los pies de los clientes), caracterizados por un ambiente rústico e informal y frecuentado por una clientela popular; y Pé limpo (‘pie limpio’), más organizado, cuidado y estructurado, con un servicio profesionalizado y con un público de mayor poder adquisitivo, de ahí la reciente tendencia de chefs que abren sus propios botequins.

 

La comida tradicional de boteco es práctica, directa, sin rodeos, pensada para alimentar bien, rápido y con sabor, especialmente a los trabajadores. Sus formatos habituales son: el ‘PF’ (‘plato hecho’ o ‘del día’), un único plato con todos los elementos juntos: arroz, alubias negras, una proteína (filete, pollo, pescado o embutido), algún acompañamiento caliente (patatas fritas, puré, farofa, huevo) y una ensalada sencilla, normalmente de lechuga, tomate y cebolla; la refeição, la comida para compartir, presentada en fuentes o recipientes separados, con mayores cantidades de arroz, alubias, proteína y acompañamientos; y los tira gosto, los ‘petiscos’ o tapas para beber y socializar como las croquetas de bacalao, las empanadillas (pasteles), los torreznos, la salchicha con cebolla, las sardinas fritas…

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Pulpo lagareiro enVelho Adonis.

Los botequins (y algunos restaurantes) que vienen siendo declarados Patrimonio Cultural desde 2011: Casa Lamas (1874, Flamengo), Bar Luiz (1887, Centro), Nova Capela (1923, Lapa), Casa Paladino (1906, Centro), Bar Brasil (1962, Lapa), Armazem do Senado (1907, Centro), Bar da Jóia (1909, Jardim Botânico), Restaurante 28 (Gamboa), Armazem São Thiago (1919, Santa Teresa), Cosmopolita (Centro), Bar Lagoa (1934, Lagoa), Adega Flor de Coimbra (1938, Lapa), Adega da Velha (1960, Botafogo), Adega Pérola (1957, Copacabana), Armazém Cardosão (Laranjeiras), Velho Adonis (1952, Benfica), Bip Bip (1968, Copacabana), Cervantes (1955, Copacabana), Bar da Dona Maria (1950, Tijuca), Amendoeira (1950, Maria da Graça), Pavão Azul (1957, Copacabana), Casa da Cachaça (1960, Lapa), Villarino (1953, Centro), Salete (1957, Tijuca), Urca (1939, Urca), Jobi (1956, Leblon), Bar Bracarense (1961, Leblon), Galeto Sat’s (1962, Copacabana) y Bar do Momo (1972, Tijuca).

Manual de instrucciones de los mejores botecos de Rio de Janeiro

Botequins históricos

Armazém do Senado

(Av. Gomes Freire, 256. Centro)

Establecimiento centenario, con todo el sabor de otras épocas en sus paredes y barra, es famoso (mucho) por sus atestadas ruedas de samba diurnas y abiertas durante el fin de semana. Empanadas caseras de pollo, palmito o camarón. Y cerveza Brahma, por supuesto. Un monumento carioca.

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Armazem do Senado.
Adega Pérola

(Rua Siqueira Campos, 138. Copacabana)

De inspiración tabernaria española, su espectacular vitrina muestra más de 50 especialidades: sardinas en escabeche, mariscos (mejillones, vieiras, pulpo, camarones…) o sus famoso roll mops.

 

Garota de Ipanema

(R. Vinícius de Moraes, 49. Ipanema)

Más un bar que un botequim canónico… Se emplaza en lo que fue el Bar Veloso, y ahí, en aquel local, Tom Jobim, que frecuentaba su terraza junto a su colega Vinicius de Moraes, compuso la famosa canción viendo a una chica pasar camino de la playa. A todo esto, en aquellos momentos (años 60) estaban ambos creando la bossa nova… Muy turístico a día de hoy.

Adega Flor de Coimbra

(R. Teotônio Regadas, 34. Lapa)
El botequim portugués más antiguo de la ciudad (años 30). Los azulejos enmarcan platos como el bolinho de bacalao, sardinas a la portuguesa, pescados al grill desespinados en la mesa… Buenos vinos lusos.

Bip bip

(R. Alm. Gonçalves, 50 – Loja D. Copacabana)
Venerado y pequeño (18 m2) templo de la música en directo (choro, samba, bossa nova), este peculiar boteco no tiene camareros (los clientes se pillan las cervezas directamente de la nevera y los bolinhos se calientan en microondas). Prohibido aplaudir a los cantantes.

Armazém São Thiago – Bar do Gomes

(R. Áurea, 26. Santa Teresa)
Fundado por un español hace más de 100 años, su carta de cachaças es muy generosa, y entre sus especialidades el arroz de costilla, la feijoada de la casa o el ‘cerdito vestido’.

Botequins históricos renovados

Botequins históricos y emblemáticos que han sido comprados y renovados, rescatándolos para la ciudad y dándoles nueva vida sin perder su esencia.

Cervantes

( Av. Prado Júnior, 335 – Loja B. Copacabana)
Fundado en 1955 por los españoles Cándido Ricardo Villar y Candido Carballo, símbolo de la bohemia carioca, aquí nació el legendario bocadillo de jamón asado con queso y piña, bandera informal de Rio, que hoy se presenta también en diferentes versiones con quesos gourmet.

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El monumental bocadillo del Cervantes ya es un símbolo carioca.
Amarelinho

(Praça Floriano, 55. Cinçelândia)
Centenario y recuperado, como el anterior, por la cadena Belmonte, su gran terraza, frente al teatro Municipal, debe ser una de las más famosas y visitadas de Rio. Pasteles, bolinhos, carne seca, camarones milanesa…

Nova Capela

(Av. Mem de Sá, 96. Lapa)
Local en formato restaurante con mucha historia, lleno de azulejos, que sirve platos como su célebre cabrito asado con arroz, pastel y croqueta del mismo animal y, por supuesto, bolinho de bacalao.

 

Casa Villarino

(Avenida Calógeras, 6 – Loja B. Centro)
Fundada por emigrantes gallegos, aquí se conocieron y se conjuraron Tom Jobim y Vinicius de Moraes, que, el segundo, en aquellos tiempos, fatigaba en sus mesas el whisky que tanto amó, ese «mejor amigo del hombre: el perro embotellado», en su famosa frase. Bolinhos de carne seca y de feijoada; sándwich de lomo ahumado con queso, mahonesa y tomate…

Hipódromo da Gávea

(Praça Santos Dumont, 106-108. Gávea)
Histórico local (y terraza) que, hoy, con el nombre de Brewteco Gávea, ofrece 36 grifos de cerveza artesanal, petiscos tradicionales (torreznos, pasteles, caldo de feijão) y alegría.

Botequins de barrio

Botecos que se han convertido en un referente absoluto en los barrios, ofreciendo la tríada perfecta: cerveza de barril bien fría, aperitivos y socialización.

Bar Urca o Mureta da Urca

(R. Cândido Gaffrée, 205. Urca)
Frente a la ‘mureta’ y el mar, este local abierto en los años 30 no cesa en su éxito entre turistas y locales. Pulpo a la brasa, bacalaos (Gomes de Sá), petiscos y birras.

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Jobi.
Jobi

(Av. Ataulfo de Paiva, 1166. Leblon)
En el elegante Leblon, sigue mandando el Jobi desde 1956. Un must del barrio, son famosos sus chopps helados, petiscos tradicionales como el bolinho de bacalao o el inamovible sándwich de filet mignon con queso.

Bracarense

(Rua Jose Linhares 85. Leblon)
Otro de los grandes de la lujosa zona. Cerveza imbatible y celebradas croquetas, pastel de camarón, el clásico sándwich de carne asada y, desde luego, el bolinho de feijoada.

Boteco Belmonte do Antonio Rodrigues

(Rua Dias Ferreira, 521. Leblon)
Con un montón de botequims en todo Rio, Antonio Rodrigues escenifica la visión moderna (sin perder alma) del universo ‘boteco’. Petiscos de excelente factura, patatas con longaniza, el tradicional filete Oswaldo Aranha

Braseiro da Gávea

(Praça Santos Dumont, 116 – Loja A. Gávea)
Siempre a tope y con el público consumiendo en la calle. Especialidad en carnes a la brasa como la longaniza, corazón de gallina o picanha.

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Picanha en Braseiro da Gávea.
Bar Lagoa

(Av. Epitácio Pessoa, 1674. Lagoa)
De origen alemán, este boteco propone clásicos como la kartoffelsalat, el tournedós o el eisbein. Frente a la hermosa Lagoa de Rio.

Bar do Mineiro

(Rua Paschoal Carlos Magno, 99. Santa Teresa)
Boteco tradicional cuyos platos principales son el pastel de feijoada, los bolinhos de costilla mechada, el lechón pururaca, longanizas artesanales mineras y su feijoada, premiada por Veja Rio.

Bar do Cardosão

(R. Cardoso Júnior, 312. Laranjeiras)
Discretamente emplazado, ofrece música en vivo de altísima calidad toda la semana. Buena cocina, especialmente la feijoada.

Bar Jóia

(Rua Jardim Botanico 594. Jardim Botânico)
Con vistas a la fortaleza de Conceição) este botequim es un pé-sujo histórico fundado en 1909. Excelente comida casera, con sus Pratos Feitos (PF) y su tradicional feijoada. Nostalgia y precios muy medidos. Otras especialidades: frijoles con paio o el muy carioca picadinho.

Bar do Oswaldo

(Estr. do Joá, 3896. Joá)
Las batidas, premiadas, reinan en este histórico botequim. De coco, de cacahuete, de maracuyá y açaí… Lo más pedido, el pollo ‘à passarinho’.

Pavão Azul

(R. Hilário de Gouveia, 71. Copacabana)
Un pé-sujo famoso por sus bolinhos de bacalao y de calabaza con carne seca. Público variado (desde trajes hasta chancletas) y mesas de plástico.

Galeto Sat’s

(R. Real Grandeza, 212. Botafogo)
Muy buscado por la noche, hasta altas horas, para tomar la famosa saidera (última ronda). Se especializan en carnes a la brasa y, claro, en el galeto (pollo joven).

O Rei dos Frangos Marítimos y Bar Ocidental

(R. Miguel Couto, 139 A. Centro – Beco das Sardinhas)
En el conocidísimo Beco das Sardinhas, este local que inició la fama sardinera y cervecera del Beco, es una apuesta sin errores para el simple pero epifánico ritual de beber cerveza helada acompañada del llamado ‘pollo del mar’ (sardinas).

Botequins de suburbio (Zona Norte)

Son bares tradicionales alejados de la Zona Sur, cuyo espíritu carioca de bar fue reconocido por el sector gastronómico a partir de la década de 1990.

Cachambeer

(R. Cachambi, 475 – lojas A e B. Cachambi)
Una verdadera locura de gente. Siempre lleno… No: atiborrado. Se dice que tiene el chopp más helado de la ciudad. Su cocina, un canto a la exageración sin freno. ¿Qué no? Costilla al bafo (churrasquera con tapa para cocciones largas), servida con cebolla especial, farofa de bacon, arroz, patatas fritas y salsa de campaña. Marinada durante 12 horas en finas hierbas, se cuece luego por seis horas en el bafo; ‘Infarto completo’ (carne seca, torrezno, corazón de gallina, mandioca frita, alcatra del sol, longaniza calabresa, farofa y mantequilla de garrafa…

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Costilla al bafo. Cachambeer.
Bar da Gema

(R. Dona Zulmira, 134. Maracanã)
Establecimiento muy querido por su fantástica cocina. Su coxinha es de culto. Pero también la rabada, la fondue de carne con queso, farofa de torrezno, longaniza y costilla de cerdo y otras opulencias cárnicas.

Bode Cheiroso

(R. Gen. Canabarro, 218. Maracanã)
Ni se te ocurra ir antes de un partido en el vecino Maracanã. Obligados sus torreznos, y muy aconsejables sus empanadas, el pernil ‘en orgía’ o las sardinas.

Bar da Amendoeira

(881, R. Conde de Azambuja. Maria da Graça)
Boteco canónico, ‘de raíz’, son fama sus PF (platos combinados), su cocido y su generosa feijoada.

 

Bar Madrid

 

(R. Alm. Gavião, 11 – Loja G. Tijuca)
De cariocas hijos de españoles, este monumento de cervezas muy heladas y tapas generosas, es un compromiso entre España y Rio de Janeiro. Banderas del Real Madrid, fotos de Julio Iglesias, arroz de pulpo, milanesa con queso, ‘cocodrilo’ (filete con patata portuguesa y crema de gorgonzola) y, expresando el ‘corazón partío’ del lugar, tinto de verano y batida de maracuyá y jengibre.

Botequins de los suburbios con reconocimiento culinario

Botecos cuyos chefs o propietarios han alcanzado notoriedad y reconocimiento culinario, ganando concursos y haciéndose famosos en los medios de comunicación.

Aconchego Carioca

(R. Barão de Iguatemi, 245. Praça da bandeira)
Parada y fonda en este boteco dirigido por la explosiva Katia Barbosam, “la reina de la cocina popular brasileña”, según la Guía Michelin, y su hija. Katia inventó el famosísimo bolinho de feijoada (especie de Aleph’ culinario del país). Platos ineludibles, aparte: arroz de rabada, bobó de camarón, barriga de cerdo pururuca y ‘escondidinho’. Es una visita que no se puede delegar…

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Bolinho de feijoada. Aconchego carioca.
Bar do Momo

(R. Gen. Espírito Santo Cardoso, 50A – Loja A. Tijuca)
Otro ‘grande’, con ‘Tonhão’ y su hijo ‘Toninho’ al frente. Con mogollón de premios y su célebre bolovo (huevo escocés), son imperdibles sus croquetas de arroz con queso y salchicha calabresa o su
jiló relleno de carne. Excelentes batidas (coco, maracuyá…).

Bar da Frente

(R. Barão de Iguatemi, 388. Praça da Bandeira)
Mariana Rezende, abogada y cocinera, lidera este boteco con mucha intencionalidad gastronómica e incesante éxito (abrió también en Copacabana). Con premios como el conseguido por su ‘porquinho de quimono’ (harumaki de costilla de cerdo y queso cremoso), sus platos van desde los bolinhos de lengua y rabo (ejem) o la croqueta de mortadela hasta el contundente ‘arroz de puta rica’, con longaniza, carne seca, palmito, alcatra y pollo, que son dos días.

Velho Adonis

(R. São Luiz Gonzaga, 2156. Benfica)
Famosísimo (y petadísimo) boteco de clara inspiración portuguesa y dirigido por el conocido João Paulo Campos. ‘Highlights’: el pulpo con bacon, mantequilla, aceite, limón y cilantro; los mejillones con mantequilla ‘escargot’; los bacalaos (todas las recetas lusas que puedas imaginar) o la contundente rabada.

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Pulpo con bacon. Velho Adonis.

Botequins de culto

Son bares de barrio originales, venerados y frecuentados por los vecinos, los artistas y la bohemia carioca. Hay muchos repartidos por toda la ciudad, principalmente en Lapa, Copacabana y Centro.

Bar Dellas

(R. Pedro Ernesto, 5. Gamboa)
Boteco pé-sujo que, por la noche, se convierte en contenedor de arte y música y deejays y cervezas dirigido sólo por mujeres y con un vindicativo aire feminista. Vibrante.

Bar do Omar

(R. Sara, 114. Santo Cristo)
Samba en directo. En el Morro de Pinto, con vistas a la bahía de Guanabara. Bolinhos bien y platos divertidos como el polvo pro nosso povo (pulpo para nuestro pueblo), empanado con mahonesa de kimchi y que delata los gustos izquierdistas de la propiedad.

Bar do Sergio

(Morro da Conceição)
Boteco vintage con terraza al ritmo portuario y pintoresco de la zona. El lugar impensado, con sabor al XIX y sus colores, para tomar una cerveza heladísima.

Botecos abiertos por chefs reconocidos

Tijolada

(R. Visc. de Pirajá, 630. Ipanema)
Boteco de verdad, sin artificios altoculinarios el que ha montado el famoso Thomas Troisgros (una Estrella Michelin). Un relato de autenticidad, de botequim ‘de toda la vida’, con facturas perfectas, esto sí: el jiló encurtido, los torreznos, las potentes empadas, el cremoso bolinho de bacalao, el erótico cupim… Y el pollo campero preparado en la ‘televisión de cachorros’ (rostizador) con marinado maison.

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Boteco. Pollo asado. Tijolada.
Labuta Mar

(R. do Russel, 450 – lj B – Glória)
Lucio Viera, exitoso chef, abrió su ‘brazo marino’ en Gloria, con una cromática terraza a base de sillas de playa. Aquí es el mar: almejas, sardinas, siri (exquisito cangrejo de patas azules), anchoas, camarones, pulpo o el carioca caldinho de Leão Veloso, una sopa de mariscos y pescados inspirada en la bouillabaise, ostras…

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Lucio Vieira (Labuta).
Labuta Brasa

(R. do Senado, 65. Centro)
Uno de los tops (premiado) de la cultura del braseiro, vista por Lucio Viera. Diferentes cortes de carne a las brasas con acompañamientos. Y mucha fiesta en esa calle epifánica.

Labuta Bar

(Av. Gomes Freire, 256. Centro)
Más de Lucio. Cocina tradicional elaborada ‘comme il faut’. Croquetas, caldo de mocotó… Y fantásticas caipirinhas.

Jurema Brasa y Jurema Bar

(Morais e Vale – n°47. Gloria)
Pedro Attayde, reconocido charcutero y chef, propone en estos dos locales adjuntos, entre Glória y Lapa, cervezas heladas, cachaças, cócteles, petiscos y, luego, todo el universo (con toques creativos) de la brasa.

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Longaniza. Jurema.
Chanchada Bar

(R. General Polidoro, 164 b. Botafogo)
Bruno Katz propone en este exitoso local exquisitos escabeches, encurtidos, bacalao ‘mantecato’, empadas, corazón de pato… Siempre con el touch de chef. Atención a sus batidas, diferentes y premiadas.

Jurubeba

(R. Real Grandeza, 196 – loja B. Botafogo)
El gran Elia Schramm en su versión más gamberra. Cocina de boteco, pero…Los torreznos, el queso a la plancha, el bocadillo de ragú de costilla mechada con mozzarella gratinada. Lo carioca en petting descarado con los orígenes del chef, Francia e Italia.

Bar Botica

(R. Fernandes Guimarães, 30. Botafogo)
Dos mixólogos y un chef: el famoso Tai Barbin y Alex Miranda y Manu Zappa. Boteco ilustrado que propone un pequeño menú de clásicos de la casa y platos del día y petiscos. Cerveza tirada con cariño, cócteles con poderío e interesantes recetas con pulpo y calamar.

Nuevos botecos con propuestas gastronómicas

Suru Bar Coquetelaria Popular Brasileira

(Rua da Lapa, 151. Lapa)
Gastronomía minera y cócteles de alto voltaje (premiados), a cargo del chef Rai Mendes y del bartender Igor Renovato. Empanadas de cerdo y ternera y huevos divertidos, entre los hits. En frente, el Suru Bafo, especializado en carnes.

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Suru Bar Jazz. Foto Alvaide-Ka.
Conserva Bar

(Av. Prado Júnior, 281. Copacabana)
Una propuesta muy diferente de boteco con los dirigentes del Suru Bar a los que se ha unido el barman Thiago Texeira. Coloridas vitrinas repletas de conservas maison como las sardinas en escabeche (y muchísimo más), además de bocadillos ilustradísimos.

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Conserva.
Quitanda Gastronomia

(R. Andrade Pertence, 42 – Loja D. Catete)
Pequeño pero muy preciso bar con excelentes facturas de la chef Mariana Padrão: maxixe, jiló, coxinha y el monumental baião de dois (arroz hervido con frijoles y requesón).

Baixela

(Av. Rainha Elisabeth da Bélgica, 85 – Loja D. Copacabana) 
Con un premio al mejor botequim ‘pé-sujo’ (pie sucio), son famosas sus conservas, su bocadillo de cupim y su ‘Pau carnudo’, un bolinho de carne al espeto, además de su repaso a la cocina popular brasileña.

Botecos temáticos

Capiau

(R. Miguel Couto, 124ª. Centro)
Cocina de interior o ‘caipira’. El único boteco de Rio de Janeiro con cocina de leña. Propiedad del muy famoso (restaurador, agitador cultural y activista en la recuperación del centro de la ciudad) Raphael Vidal, y que cuenta con Diego Melão, reconocido chef de Mantiqueira, en la singular cocina de hierro. La sardina no falta (estamos en el Beco das Sardinhas), los torreznos, tampoco. Y las carnes ‘en lata’ (conservadas en su propia grasa), lengua de buey, la molleja de pato… Uno de los lugares imprescindibles de Rio de Janeiro.

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Raphael Vidal (Capiau, Casa Porto y Bafo da Prainha).
Bafo da Prainha

(Rua Sacadura Cabral, Largo São Francisco da Prainha, 15. Saúde)
El Largo de San Francisco, otra de las recuperaciones urbanas de Raphael Vidal, basada en la interpretación de la cocina callejera de los suburbios. El cupim o la costillas al bafo son sin duda signatures del exitoso local, ‘Mejor Botequim de Rio de Janeiro’ y noveno mejor bar del mundo por Time Out. Samba en vivo.

Casa Porto

(Largo São Francisco da Prainha, 4. Saúde)
Otro rompedor local de Raphael Vidal (‘El director’), decorado con una gran biblioteca y pinturas y con una cocina genuinamente carioca. Hay que probar su ‘stroganof’ y su ‘picadillo’, además de los petiscos.

Academia da Cachaça

(Avenida Armando Lombardi 800 Lj 65L. Barra Da Tijuca)
Opulenta carta de cachaças (más de 100) y de caipirinhas. Para sosegar tanto alcohol, son fama su feijoada y su ‘carne del sol’.

Salva Bar

(R. Visc. de Caravelas, 89. Botafogo)
Especializado en gastronomía baiana bajo la jefatura del chef Fabrício Chagas. Sillas de playa y cajas de cerveza son el decorado para platos como los tiraditos con cajá, la coliflor en dendê, el vatapá vegano.

Botecos con influencias internacionales

Además de los mencionados Bar Madrid (inspiración española) y Velho Adonis (cocina portuguesa tradicional)…

Bar Brasil

(Av. Mem de Sá, 90. Lapa)
De inspiración alemana, su tirador de cerveza de cobre (uno de los más antiguos de Brasil; el local es centenario) recrea una ‘caneca’ (jarra) perfecta. Además de platos cariocas, su fuerte va hacia el currywurst, la croqueta de carne, el kassler y su ‘grande’, el carré de cerdo ahumado.

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Bolovo en Bar do Momo.
Dida Bar

(R. do Lavradio, 192. Lapa)
África y sus culturas gravitan en este curioso boteco regentado por Dida Nascimento. Del Congo, la moqueca de banana con farofa de cacahuetes; de Sudáfrica, las costillas ‘Kruger’ marinadas en especias; de Nigeria, el arroz ‘jollof’; o de Angola, la carne seca ‘calulu’.

Bar da Portuguesa

(R. Custódio Nunes, 155. Ramos)
Clásico y casero, este botequim es un espejo de Portugal. Sardinas fritas, frituras de bacalao, berenjenas, caldo de rabo de buey…

Rotisserie Libaneza

(Largo do Machado, 29 – Lojas 16 a 19 / 32 e 33. Catete)
Son varias las generaciones cariocas que han fatigado este restaurante de especialidades árabes. Un clásico sin adjetivos. Kibe, esfihas, tabuleh, hummus, pan árabe recién hecho…

Demi Boteco

(R. Bento Lisboa, 184 – Loja C. Catete)
Pequeñito y discreto, Francia aquí juega con Rio de Janeiro. Paté de campagne (de Cochon Rouge, la marca de Pedro Attayde), boeuf bourguignon, entrecôte con patatas fritas, una especie de croque monsieur con hojaldre…

Balcão

(Rua Francisco Otaviano, 52. Copacabana)
Comida callejera de Oriente Medio, especialidades de Tel Aviv. Pitas de todo: falafel, kebab, chapawarma, corazón de pollo…

Botecos con parrilla (braseiro)

Además de los mencionados Braseiro da Gávea, Jurema Brasa y Labuta Brasa

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Cocina de leña en Capiau. Foto gastrophoto_
Braseirinho da Glória

(R. Cândido Mendes, 16 – Loja C. Glória)
Brasa a tope. Muy apreciado su ‘galeto’ (pollo pequeño); y también alcatra, filé mignon, churrasco, cerdo o picanha. Raciones muy generosas.

Botequins que sirven el sándwich de jamón con piña (el bocadillo símbolo de Rio de Janeiro)

Este sándwich es una creación del Bar Cervantes y se ha convertido en un referente de la gastronomía carioca informal. Aparte del ya comentado Cervantes…

Parada de Copa

(Rua Barata Ribeiro 450. Copacabana)
Cuando cerró el Cervantes y fue comprado por el Grupo Belmonte, veinte trabajadores del local (cocina y sala) abrieron este local con la intención de seguir fielmente la receta original.

Bar Opus

(R. Gonçalves Dias, 80. Centro)
Su bocadillo de pata de jamón asado, queso y piña está en el pódium de Rio de Janeiro por su factura y su opulencia desde 1968. Pero también hay bocatas de calabresa y otras carnes. Ojo al ir al baño, la escalera que lleva a él es, ejem, peculiar.

 

Una recomendación final: es costumbre, antes de abandonar el botequim, pedir la saidera (‘la de salir’), esa última cerveza helada a la manera de ‘la penúltima’ en España o la ‘one for the road’ del mundo anglosajón.
Tan popular es la ‘saidera’, que fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de Río de Janeiro.

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