El Cantábrico en la mesa

Tribuna

Situado frente al Cantábrico, el Real Balneario de Salinas es una de las grandes casas de producto marino de España. Desde que el abuelo Félix abriera el San Félix en Avilés, y luego con su hijo Miguel impulsando este balneario playero reconvertido en restaurante, la familia Loya ha sido referente de la mejor cocina marina en Asturias. Ahora es su nieto e hijo, Isaac, quien mantiene muy alta la bandera, renovando detalles pero conservando viva la filosofía de sus mayores. Platos actuales, sensatos, en los que los mejores pescados y mariscos del Cantábrico son tratados con mimo y acierto. Únanle un servicio de sala como hay pocos en el Principado, perfectamente dirigido por Manuel García, treinta años en la casa; una bodega de lujo y un espectacular emplazamiento en la misma playa de Salinas, con grandes ventanales sobre el mar.

 

En la carta se mantienen clásicos como la fabada, los callos a la asturiana o el arroz con leche, pero la apuesta fundamental se centra en una materia prima de extraordinaria calidad. En distintas elaboraciones, siempre en su punto, casi siempre con toques que potencian y respetan, pasan por la mesa percebes de campeonato, bogavantes, cigalas, lubinas, virreyes (pescado en cuyo uso fueron pioneros), bonitos y sus ventrescas, meros o salmonetes. Un homenaje a la riqueza de ese Cantábrico que se extiende tras las cristaleras.

 

Le gusta a Isaac Loya reforzar, que no enmascarar, los pescados con caldos ligeros y salsas cítricas, respetando su protagonismo: lomos de sardina sobre un ajoblanco ligero; bonito en salsa teriyaki; bogavante sacrificado al momento y flambeado con jugo de sus cabezas; salmonete asado sobre una sutil meuniere… Sin olvidarnos de la lubina al champán, plato emblemático de la casa que crearon en los años 70 los abuelos de Isaac, Félix Loya y María Luisa García, en su restaurante San Félix y que medio siglo después sigue siendo una elaboración moderna que ocupa un lugar de honor en la carta: lomos de lubina napados con una emulsión de huevo, zumo de limón, aceite y champán, y finalmente gratinados. No todo es pescado.

 

Los carnívoros pueden disfrutar con el solomillo de ternera asturiana a baja temperatura, pura mantequilla. Y luego los postres, que no son aquí asunto menor. Estupendo el arroz con leche, pero atención a ese tocinillo de cielo con larga tradición en Asturias que se acompaña con helado de leche merengada. Satisfacción plena en esta casa donde reina el mar.

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