Scapar, el restaurante del que huyó por explotación su cocinero tras conseguir una estrella Michelin

Koichi Kuwabara, el chef de Scapar, reaparece para explicar que en realidad estaba de baja laboral por los abusos sufridos

Iker Morán

|

“Para proteger mi salud y seguir disfrutando de la cocina durante muchos años más, necesitaba alejarme de aquella situación y cerrar esa etapa de mi vida”, explica Koichi Kuwabara. El chef, al frente del restaurante japonés Scapar de Barcelona que consigue el pasado mes de noviembre su primera Estrella Michelin, ha protagonizado una de esas historias que parecen tejidas por un guionista amante del misterio pero que, en realidad, tienen una explicación más sencilla, dura y habitual en el sector: explotación laboral.

 

Alejado de los titulares y prácticamente desaparecido durante meses, Kuwabara y sus abogados han decidido por fin dar la versión de una historia en la que hasta ahora Yukinobu Tone, dueño del restaurante Scapar, había llevado la voz cantante. La ausencia de Kuwabara en la gala de Michelin en Málaga el año pasado no trascendió más allá de lo anecdótico al ser el único cocinero que consiguió su primera Estrella aquella noche y no subió al escenario para recogerla. Pero bien podría ser la escena inicial de esta historia.

 

Scapar, el restaurante del que huyó por explotación su cocinero tras conseguir una estrella Michelin 0

 

Fue semanas después cuando la revista Foodie lanzó la noticia: el restaurante Scapar no había vuelto a abrir sus puertas y nadie sabía nada de su chef, responsable de que esta pequeña barra omakase para ocho comensales hubiera conseguido en apenas año y medio seducir a los inspectores de la guía roja. 

 

El cocinero que se había escapado del restaurante Scapar. El chiste estaba servido en bandeja, se escuchó durante cierto tiempo en los corrillos gastronómicos de Barcelona, pero después y durante meses no se supo nada más. El caso es que el restaurante no volvió a abrir. Aparece, claro, en la guía Michelin en papel editada con las estrellas de 2026, pero ya no consta en la web oficial.

 

Daños morales y despido improcedente

 

Mientras tanto, Tone prometía una próxima reapertura de su negocio y alimentaba esa historia de la misteriosa desaparición del cocinero. El silencio de Kuwabara, que se prolongó durante meses, no permitía tener la otra versión. “Necesitaba tiempo para mí”, asegura ahora cuando se le pregunta por aquello. “Explicar las cosas es importante, pero para mí era aún más importante recuperarme y volver a estar en condiciones de cocinar al nivel que considero adecuado”. 

 

Aunque el cocinero es reacio a dar detalles e insiste en que “no se trata de señalar ni culpar a una persona concreta”, el caso acabó en los tribunales y el pasado mes de abril se llegó a un acuerdo por el que Yukinobu Tone, dueño de Scapar, aceptaba indemnizar a Koichi Kuwabara por despido improcedente y daños morales. La jugosa historia del chef desaparecido en realidad era otro caso de explotación hostelera. 

 

Preguntado por este medio, Kuwabara asegura estar ya mucho mejor, y ofrece una versión muy suave de lo ocurrido. Lo suyo es cocinar, no hablar, matiza en varios momentos. “Durante mucho tiempo asumí una carga de trabajo muy elevada y una gran responsabilidad. Esa situación fue afectando poco a poco a mi salud física y mental”, recuerda.

 

Las abogadas del despacho Novacelona, especializado en derecho laboral y que han defendido al cocinero, ofrecen un relato más crudo de lo ocurrido durante meses en Scapar, y sobre las condiciones de trabajo que llevaron al chef a sufrir un ataque de ansiedad el mismo día de la Gala Michelin. Según han llegado a explica, el propietario, que más tarde presumiría de Estrella, se desentendió del tema y fue el propio cocinero quien tuvo que pagar el viaje y el hotel en Málaga, aunque finalmente y por recomendación médica no asisitiría.

 

Aunque tras el acuerdo que evitó el juicio El Periódico ya desveló hace unos meses más detalles de lo ocurrido, recientemente en una entrevista en la Cadena SER la abogada del chef habló de horarios interminables, tareas mucho más allá de la cocina que incluían desde la gestión de pedidos a lavar los platos o los baños, e incluso llegar a estar sólo en el restaurante durante meses.

 

El fin de Scapar y los proyectos que vienen

 

“Llevo más de veinte años dedicándome a la cocina y esta experiencia ha sido una de las pruebas más difíciles de mi carrera. Desde la apertura de Scapar asumí muchas responsabilidades y viví completamente volcado en el proyecto. Con el tiempo, sin darme cuenta, terminé superando mis propios límites”, nos cuenta Kuwabara. 

 

“Las decisiones también fueron mías -matiza- y seguramente hubo aspectos en los que yo mismo podría haber actuado mejor como cocinero y como persona. Tanto el empresario como el cocinero son japoneses, un detalle a tener en cuenta a la hora de entender mejor lo ocurrido. La toxicidad laboral que durante mucho tiempo se ha asumido y se sigue considerando normal en la sociedad nipona parece ser otro elemento de esta historia.

 

Cerrada esta amarga historia, ahora el chef asegura mirar hace delante. “Como cocinero siento que todavía tengo muchísimo que aprender. Después de más de veinte años de profesión, sigo sintiendo la misma curiosidad que cuando empecé”, asegura Kuwabara, que pasó años en Dos Palillos junto a Albert Raurich.

Koichi Kuwabara
Koichi Kuwabara

Aunque asegura que “hay varios proyectos interesantes en marcha” y los rumores apuntaban al próximo otoño para la apertura de un restaurante propio, “todavía es pronto para hablar de ellos”, apunta. “Lo que sí puedo decir es que seguiré trabajando para desarrollar una cocina que refleje mi identidad y mi manera de entender la gastronomía”. Visto lo que consiguió prácticamente sólo en Scapar en año y medio, está claro que volveremos a oír hablar de Kuwabara en la ciudad.

 

“Todo lo vivido allí, tanto lo bueno como lo difícil, me ha ayudado a crecer”, añade como epitafio de Scapar. Un restaurante que tiene el dudoso honor de pasar a formar parte de esa historia negra de la hostelería. Aunque quizás con el tiempo sólo quede la anécdota de aquel restaurante japonés de Barcelona que recibió una Estrella Michelin y no volvió a abrir nunca más.