Venezuela, cocinar esperanza con escombros

El doble terremoto de Venezuela, las prioridades inmediatas y (también) las oportunidades de reencuentro que plantea, contado de forma coral por profesionales de la gastronomía venezolanos dentro y fuera del país

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(Información realizada por el equipo de 7 Caníbales Latam: Rodolfo Reich, Pamela Villagra, Claudia Arias, Mariana Gianella, Marissa Chiappe, Mariana Martínez y Esperanza Pelaéz, con ayuda de Beatriz Menéndez)

 

La tarde del 24 de junio, España celebraba el día de San Juan, o arrastraba la resaca de la noche antes, la más larga del año. Seis horas por detrás, Venezuela se recreaba en un día feriado: el 24 de junio se conmemora la victoria de las tropas de Simón Bolívar en la batalla de Carabobo (1821), crucial en el proceso de independencia del país. Los comercios estaban cerrados y mientras España se iba a la cama, en Venezuela la tarde declinaba a ritmo lento. Hasta que, a las 18 horas y 4 minutos, la tierra tembló.

 

El primer sismo, con una magnitud de 7,2 puntos en la Escala Richter, tuvo su epicentro a 23 kilómetros de la ciudad de San Felipe (Yaracuy), al norte del país y a escasos 100 kilómetros de Puerto Cabello, en la costa del Caribe. El segundo, de 7,5 puntos, ocurrió 39 segundos después, con epicentro a 28 kilómetros al sureste de la localidad de Yumare.

 

La destrucción se cebó con el estado de La Guaira, declarado zona de desastre, pero se vieron afectadas otras zonas en los estados de Falcón y Miranda y en las ciudades de Maracay, Valencia y la capital, Caracas. En el momento de publicar esta información, Wikipedia (que está haciendo un seguimiento minuto a minuto) y diversos medios de comunicación internacionales (NYT, CNN, Agencia EFE, El País) ya habían reportado 920 fallecidos y más de 4300 heridos. La ONU cifra en más de 50.000 el número de personas desaparecidas. A esto hay que sumarle el colapso de viviendas, edificios y redes de transporte, incluido el Aeropuerto Internacional de Maiquetía, el principal del país.

 

La red social X fue desbloqueada en Venezuela tras dos años de bloqueo para permitir la comunicación en las zonas afectadas. Pese a las dificultades operativas, Inmediatamente, la población empezó a organizarse para ayudar, y poco a poco, la ayuda internacional también ha empezado a acudir, incluyendo entidades gubernamentales y ONGs como Cruz Roja, Save The Children, UNICEF, Médicos sin Fronteras o World Central Kitchen.

 

7 Caníbales no tiene corresponsalía en Venezuela. La situación política del país ha hecho que la actualidad gastronómica se convierta en algo secundario. Especialmente en los últimos años, numerosos chefs, profesionales de la restauración y productores, han tenido que salir del país, pero hay otros que resisten haciendo un gran trabajo. Recientemente, publicamos un reportaje de Rodolfo Reich sobre Dining Room y su espléndida oferta de cocina creativa. En estos días no ha sido posible recabar su testimonio. Están sobrepasados por la situación.

 

En este reportaje hemos querido dar voz a venezolanos y venezolanas que trabajan en la gastronomía dentro y fuera del país. Cocineros, sumilleres, periodistas, fotógrafos y comunicadores. Les hemos preguntado cómo están ellos, ellas, sus familias, sus casas, sus negocios, su corazón. Sobrepasados como mínimo: «un país caído a pedazos, va y se cae a pedazos otra vez», resume la periodista y escritora Sasha Correa. Pero también está saliendo lo mejor de Venezuela. Gente de toda condición se ha movilizado para ayudar. «El venezolano es así, resuelve siempre, y donde haya que ayudar, se une a quien sea para hacerlo», comenta Beatriz Menéndez, compañera del equipo de Vocento Gastronomía.

Issam Koteich en su restaurante, Cordero.
Issam Koteich en su restaurante, Cordero.

Issam Koteich es chef y socio del restaurante Cordero (Caracas), el mejor posicionado internacionalmente con su flamante número 29 en The Latin America’s 50 Best Restaurants 2025 (saltando del puesto 44 en 2024)

“Fue una experiencia súper fuerte, nunca viví algo así», le cuenta a Rodolfo Reich desde Caracas. «Mi familia está bien, los restaurantes están bien, los chicos están bien, pero hay partes de la ciudad muy afectadas. Lo peor, donde se concentran los daños más fuertes, es en La Guaira, el puerto ubicado a 30 kilómetros de aquí. Lo que vemos es desolador. Desde que sucedió el terremoto no hemos abierto nuestros restaurantes, pero sí convertimos nuestra pizzería, Arriva, en centro de acopio para recibir las donaciones que tantos vecinos están realizando: agua potable, medicamentos, ropa, colchones, tantas cosas que son necesarias. Y estamos trabajando para convertirla también en una cocina social. Planificamos dar unas 2000 comidas por día durante las próximas semanas o meses, lo que sea necesario». Koteich apela a la resiliencia para el futuro: «Este ha sido un año muy fuerte, entre lo que sucedió en enero y esto… Son situaciones que te sacuden, pero hoy solo puedo poner la mente en que vendrán tiempos mejores. Ayudar en lo que podamos, mucha resiliencia y para adelante”, dice.

 

Iván García es otro de los cocineros venezolanos de referencia. Chef y propietario de El Bosque Bistró (Caracas) y creador del proyecto Kilómetro Venezuela, ha sido premiado en The Best Chefs Awards.

Iván García Chef de El Bosque Bistró
Iván García, chef de El Bosque Bistró.

«Me he visto afectado en muchas dimensiones», le explica a Claudia Arias. «Mi casa se cayó parcialmente y mi restaurante también está muy afectado, las paredes agrietadas, una falla en los cimientos… Así que por ahora estamos casi desalojados, tanto de mi casa como de mi espacio de trabajo. Esto no solo me afecta laboralmente, sino moralmente. Las casas de mi equipo también se han visto afectadas. No sabemos en qué momento podremos volver al restaurante, cuándo vamos a generar ingresos otra vez para cumplir con los compromisos con el equipo, los proveedores, los alquileres y demás. Esto hace que la moral esté bastante baja. Creo que es un momento de profunda introspección donde, como sociedad tenemos, primero, que atender a las familias que están más graves, vulneradas, bajo tierra, y en las semanas siguientes, podremos ir entendiendo cómo será esta nueva realidad que vamos a enfrentar los venezolanos, en nuestro caso en el área de alimentos y bebidas y de restaurantes, que sin duda no es una prioridad en cuanto a negocio».

 

Pese a su situación personal, Iván García y su equipo han elegido ayudar a otras personas. «Con El Bosque Bistró y Kilómetro Venezuela hemos decidido acudir a cocinar en Reverie, un restaurante que está a unas cuadras del nuestro y que no se vio afectado. Hemos estado allí desde el día siguiente del terremoto para apoyar en lo que haga falta. El primer día servimos mil raciones en distintos sitios muy necesitados de Caracas, La Guaira, El Junquito y Los Palos Grandes. También estamos consolidando una red de aliados internacionales para organizar cenas con chefs locales e internacionales que nos permitan recoger fondos para crear refugios y ayudar a familias a reconstruir sus vidas, de la misma forma en que yo como chef debo reconstruir la mía«, dice.

 

Diego Rocas, es el chef de Mesa Restaurante, uno de los lugares de referencia de la buena mesa en Caracas.

 

“Por fortuna, mi familia y yo no sufrimos ninguna pérdida humana ni material. Una vez superado el shock, nos pusimos manos a la obra para canalizar donativos de todo tipo: Comida, medicamentos, ropa, herramientas para rescate. Es donde sentimos que más podemos aportar. Hoy se están llevando acciones desde las cocinas de muchos otros restaurantes y personas», explica, y pide que «quienes quieran sumarse a esta ayuda desde afuera, apoyen publicando los centros de acopio que aparecen, y quien pueda, enviando dinero a través de canales fiables”, dice.

 

A esa labor informativa se ha sumado Sumito Estévez, chef venezolano y uno de los escritores gastronómicos más influyentes de América Latina. Pese a estar radicado en Italia, en los últimos días ha convertido su cuenta de Instagram @sumitoestevez, con casi un millón de seguidores, en un tablón de anuncios donde difunde diversas iniciativas solidarias, entidades fiables a través de las cuales se pueden canalizar donaciones e información actualizada acerca de los alimentos y utensilios que más se necesitan en cada lugar: desde pollo o carne en lata, a granos, envases para llevar y cubiertos, y sobre todo, agua y bebida, y también da información sobre los centros de recogida más inmediatos.

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Personal de rescate recibiendo raciones de alimentos en Caracas. Foto: WCK.

Otro tanto está haciendo Samuel Kaufman, reconocido fotógrafo profesional gastronómico. Samuel está implicado en la preparación y reparto de comidas junto al restaurante Maíz La Arepera del chef Daniel Torrealba, ubicado en Caracas. Están dando unas 2.000 comidas diarias, y en estos días, han convertido su perfil de Instagram, con 46.200 seguidores, en un tablón de anuncios donde indican las necesidades para la elaboración de alimentos y raciones, ingredientes y utensilios. La respuesta de la gente es tal, que Samuel se ha visto también obligado a pedir que se dejen de llevar productos que no hayan sido expresamente solicitados, por el riesgo de que se estropeen.

Arepas para rescatadores y rescatados

World Central Kitchen está trabajando ya en diversos puntos de Venezuela, coordinando a su personal con locales contactados a través de profesionales de la hostelería venezolanos en el país y en todo el mundo. La arepa, uno de los símbolos culinarios del país, es la comida por excelencia estos días. Fácil de transportar y consumir en cualquier parte, nutritiva y reconfortante. WCK También está llevando comidas a las comunidades que se han quedado aisladas.

 

Uno de los restauradores locales que trabajan junto a WCK y a otras organizaciones (empezaron por cuenta propia nada más cesar el temblor, es Francisco Abenante, chef y copropietario de La Casa Bistro (Caracas).

“A diferencia de otros países, en Venezuela no hemos vivido antes terremotos como este. Es algo que nos tomó por sorpresa. No somos una sociedad preparada, no tenemos las estructuras gubernamentales ni privadas para enfrentarlo. Todo está siendo muy impactante, muy duro. Hay un grupo de cocineros locales que estamos de manera particular produciendo alimentos, tanto para los grupos de rescate y salvamento en las zonas colapsadas, como para la gente que se quedó sin vivienda en lugares como La Guaira. Por otro lado, aquí en Venezuela está Cáritas, está el Programa Mundial de Alimentos, está Fe y Alegría, todas las organizaciones que trabajan con la ayuda humanitaria. Y WCK se ha comunicado con varios de nosotros y están ya avanzados para instalarse aquí y aportar su experiencia», explica.

Estar cerca desde la diáspora

Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para los Refugiados, actualmente, entre un 20% y un 25% de la población reside fuera del país. Los flujos migratorios se han multiplicado en los últimos años.

 

Luis Alfonso Ojeda Arrieta es natural de Maracaibo, pero ha encontrado el éxito profesional en Madrid, al frente del restaurante Benarés, para el que ha logrado una recomendación Michelin. Cada cuatro meses, Ojeda viaja a Venezuela para hacer algún evento gastronómico. «Es una manera de hacer patria», explica. Le cuesta hablar sin que se le quiebre la voz. “Por suerte, mi familia está bien, pero tengo muchos amigos en la zona y están bastante afectados, porque la situación es que muchas casas se han destruido. Hace 15 días estuve precisamente en Venezuela trabajando. Estuve con Iván García en El bosque. Es uno de los mejores restaurantes de Caracas y quedó prácticamente destruido. Esto afecta emocionalmente. A pesar de que muchos países han enviado ayuda, ya han pasado casi 72 horas del evento y hay edificios en los que no se ha movido un solo escombro. La situación es crítica», repite.

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Luis Alfonso Ojeda Arrieta, chef del restaurante Benarés de Madrid.

En Madrid hay una comunidad de venezolanos vinculados con la gastronomía. «Aquí, lo que estamos haciendo es intentar recopilar la mayor cantidad de donaciones posibles a través de las plataformas más fiables. Y también ayudé a la gente de WCK a contactar con restauranteros de Caracas y La Guaira para organizar los restaurantes que están en condiciones de servir como centros de producción para elaborar comidas para la gente de allí. A todos nos gustaría estar allí ayudando, pero desde donde estamos hacemos lo que podemos», añade.

…Y sentirse a un mundo de distancia

Beatriz Menéndez, es parte del equipo de Vocento Gastronomía en Madrid. Es muy querida, y sin embargo, cuando empezamos a buscar voces para este reportaje, tardamos en pensar en Bea, a pesar de estar trabajando codo con codo con ella. «A veces estando lejos te sientes un poco inútil, porque estás sufriendo por algo de lo que la gente a tu alrededor no tiene ni idea», confiesa, y añade: «Sigues estando como ajena a algo en lo que quisieras ser parte, poder ayudar, poder sumar… Estás con el corazón hiper arrugado. En mi caso afortunadamente, al poco del terremoto, toda la familia se comunicó para decirnos que estaba bien, pero a los abuelos de una amiga los sacó uno de sus hijos de debajo de los escombros de un edificio de cinco plantas», explica.

 

En cuanto a qué puede hacer el mundo de la gastronomía por Venezuela, Beatriz piensa que «la ayuda desde la gastronomía ahora mismo es contribuir a que la gente afectada y quienes trabajan en el rescate se puedan alimentar de una forma correcta», comenta. «Ahora mismo, la sociedad está movilizada. El venezolano es así: resuelve siempre, sabe unirse en los momentos difíciles y donde se tenga que ayudar, se une a quien sea para hacerlo. Creo que en estos momentos se está viendo más que nunca el venezolano que siempre fuimos y que con la división política se había olvidado. De repente, en medio de todo, te da por pensar que quién sabe si un momento así nos está dando la oportunidad de unirnos de nuevo. Pagando un precio muy alto, desde luego…»

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El chef venezolano afincado en Perú Juan Luis Martinez (Mérito).

Juan Luis Martínez, chef de Mérito (Lima), número 26 en la lista The World Best Restaurants, piensa que esta catástrofe puede provocar «un reseteo de todo lo que hemos estado viviendo. Pasa algo así y hay que estar muy atentos a cómo nos va a afectar. Creo que ahora el impulso natural de querer ayudar de cualquier manera se va a poder canalizar, y creo que es un tema moral. A veces las más pequeñas iniciativas son las que tienen más impacto y más lejos llegan. Ovbiamente se necesita dinero, se necesita apoyo, pero la fuerza humana y el sentimiento de empatía total es el que hay que mostrar. Creo que ahora hacer algo sencillo puede causar un fuerte impacto en nuestro entorno, y que eso vaya infectando a muchos y que se replique, porque de cualquier forma se puede ayudar. En nuestro caso, hasta mi mismo equipo vio que republiqué cosas y vienen y me preguntan qué pueden hacer. Nosotros estamos viendo qué podemos hacer que perdure un poco en el tiempo, porque esto recién empieza y no es algo pasajero, ya es parte de lo que  nos toca asumir por un buen tiempo y todos debemos formar parte de lo sucedido y no pensar que es algo pasajero y volátil», dice a Marissa Chiappe.

 

Luis Maldonado, chef y socio de Tributo (Quito), considerado uno de los mejores restaurantes de carne del mundo, número 68 en la lista World’s 50 Best, y de Bos (Guayaquil), Ecuador, confiesa a Rodolfo Reich que «Nadie está preparado para algo así. De corazón lo digo, estoy completamente roto. Es algo que destroza por dentro… Lo que más desespera es ese deseo inmenso de poder estar ahí, de poder hacer algo. Lo más difícil de emigrar es no estar en tu país cuando sientes que tienes que estar». Maldonado cuenta que desde Ecuador, los restaurantes Tributo y Bos se han convertido en centros de recepción de alimentos para bebés, medicamentos, productos de higiene, sueros fisiológicos y otro material sanitario, destinado principalmente a los niños y bebés. «Todo este trabajo lo estamos realizando con la Cámara de Comercio Ecuatoriano-Venezolana, que está coordinando la logística para que la ayuda llegue a las personas que la necesitan en Venezuela», explica.

 

A esta petición de ayuda se suma también Maya García, entrevistada por Mariana Gianella. La sommelier venezolana radicada en Argentina, vive en vilo desde la distancia. «Yo trabajé en un restaurante que está detrás de los edificios que se cayeron en Los Palos Grandes. Son las calles que recorría cuando vivía en Caracas, ver las imágenes es muy impactante y imposible de saber hoy el nivel de la tragedia”, dice. Diana Mejías, sommelier de Tapeo Omakase Criollo, en Buenos Aires, respira con alivio porque «mi familia y amigos están a salvo», pero advierte que en la situación política, económica y social que hoy vive Venezuela, «esta tragedia se suma con una carga enorme, sin que tengamos los medios para afrontarla como corresponde». Si algo le provoca esperanza, es «la capacidad de los venezolanos de afrontar situaciones complejas con la mejor actitud. Con absoluta solidaridad por el vecino que lo perdió todo. De dar hasta lo que no tenemos. Es nuestra naturaleza y verlo es muy esperanzador», dice.

 

Elías Tang, campeón de España de apertura de ostras y chef ejecutivo y copropietario de La Bocaná (Málaga), se estrenó como empresario junto a su mujer, Yohanna Zerpa, criada prácticamente en el puesto de comida de sus padres en el Mercado San Martín, con un negocio que rendía homenaje a la cocina caraqueña de mercado. Desde el pasado miércoles vive pendiente de las noticias. «Como venezolano, duele ver a familias enteras viviendo con miedo e incertidumbre, y ahora mucho más con esta tragedia, que no solo deja heridas materiales, sino un profundo desgaste emocional y la sensación de impotencia de quienes estamos lejos y no podemos abrazar a los nuestros», dice.

 

Miro Popić, periodista, escritor y editor, nació en Chile, pero echó raíces en Venezuela, donde es un referente de la gastronomía y la cultura. “En la distancia, la tragedia duele más», le dice a Rodolfo Reich. «Me ha tocado vivirla hoy desde la diáspora. Nos sentimos afortunados por la familia a salvo, pero es mentira cuando sientes que cualquier venezolano es también familia. Necesitamos ayuda ante una administración ausente y ajena a los problemas de los ciudadanos. Los que vivimos del hecho alimentario, escribiendo, investigando, cocinando, podemos ayudar. Todo apoyo es bien recibido, lo importante es que esa buena voluntad llegue a los que realmente la necesitan”.

Una petición: ser algo más que tragedia

Sasha Correa, periodista, escritora y parte del equipo creativo de Mugaritz, comparte la sensación de impotencia. «Mi familia cayó en el lado de la suerte de esta película tan desgraciada, pero esto les afecta a ellos y a todo un país que somos todos los que lo encarnamos y habitamos allá donde estamos. Un país caído a pedazos, que va y se cae a pedazos otra vez», dice.

Chicharrón de panceta de cerdo en Dining Room.
Chicharrón de panceta de cerdo del restaurante Dining Room de Caracas.

Sasha explica a Esperanza Peláez que «es difícil entender exactamente cuáles son los mejores canales para ayudar, pero es bonito ver que todo el mundo se está preguntando yo qué puedo hacer. Hay personas que están comprando cosas y yendo a depositarlas en un punto de acopio, hay quienes trabajan en la construcción y están prestando sus herramientas, hay personas que cocinan y se están sumando a cadenas de producción… Porque ahora esto es una tragedia en gerundio. Estamos todavía muy cercanos al momento del terremoto. Pero luego van a venir consecuencias inimaginables, que tienen que ver con todas esas personas que han perdido casas, todas esas personas heridas o que están ahora mismo en listas de desaparecidos, gente que vive en edificios afectados y no saben siquiera si alguien va a venir a decirles si pueden volver a habitar esos edificios».

 

«A mí me gustaría aprovechar para plantear algo en el medio y largo plazo, porque Venezuela es un país donde la gastronomía es una expresión extraordinaria de una cultura, pero llevamos décadas atrapados por una situación que a muchos nos hizo irnos y que ha imposibilitado que la gente vaya de manera normal a este país y que pueda conocerlo a través de su gastronomía. Eso no quiere decir que no haya gente allí haciendo propuestas dignas, emocionantes e ilusionantes. A mí me gustaría lanzar un reto: incluir a venezolanos en los debates que hacemos en el entorno de la gastronomía, en los congresos gastronómicos, en debates sobre creatividad. Hago un llamado a la curiosidad, a la sensibilidad del gremio de la gastronomía hacia Venezuela. Que no sea solo un referente cuando hablemos de tragedia, sino que nos acerquemos a ese talento joven, a esas tradiciones, a esa cultura, a esos productores, y escuchemos sus historias. Que no esperemos a que 50 Best sitúe a uno de sus restaurantes en el top para que de repente alguien se vuelva relevante. Yo crecí en un país donde hubo uno de los primeros congresos gastronómicos del mundo, y parece que eso nunca hubiese pasado, porque la nueva ola del movimiento gastronómico no ha contado con Venezuela».

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