En la tragedia, algo más que dar de comer

A raíz del terremoto sufrido en mi país, Colombia, el pasado lunes 10 de agosto, reflexiono sobre cuál es la forma de atender las necesidades de alimentación de las poblaciones afectadas durante los primeros días y cómo puede vincularse el gremio de la restauración a este operativo de emergencia.

 

Hoy me abstendré, hasta donde me sea posible, de consumir información en redes sociales. De consumir, pero también de postear. Tras el terremoto que hace dos días devastó ciudades y pueblos, muchos entramos en la frenética necesidad de compartir información acerca del estado de las cosas, de dónde entregar ayudas en especie, de a qué cuenta consignar en dinero.

 

Como la vida me ha puesto a trabajar cercana al sector gastronómico, decidí enfocar mis búsquedas y la creación de contenido en ese objetivo. Pensaba que mientras más focalizara mis esfuerzos, menos caería en el exceso que nos impide discernir. Solo este año, en 7 Caníbales hemos publicado contenido similar sobre los incendios en Chile, sobre las inundaciones en Colombia y luego en España, sobre el fuego en España y en otros países de Europa, sobre el terremoto de Venezuela, aún caliente, y ahora sobre el de Colombia.

 

Qué locura. Mientras gestionamos nuestro propio terror, buscamos la manera de solidarizarnos con los más directamente afectados, y es tanta la información y la desinformación, que nos perdemos. Le decía a Esperanza Peláez, directora de esta publicación, que miraría si había algo específico que escribir con respecto al tema alimentario en esta tragedia. Y pues, sí, hay mucho, pero de alguna manera da la sensación de que nos repetimos sobre lo publicado antes, pues son las mismas ONGs las que atienden la mayoría de estas emergencias, además de la solidaridad local.

 

Así que decido no volver a contar que World Central Kitchen ya está en Colombia; que la Cruz Roja colombiana y los bancos de alimentos más consolidados son la forma segura de entregar nuestras donaciones. Tampoco diré que se necesita agua embotellada, víveres no perecederos, implementos de aseo, colchonetas, frazadas y pañales. No repetiré que lo ideal es llevar alimentos preparados porque en el punto cero de la tragedia no hay quién, ni cómo ni dónde prepararlos.

 

Llega un punto en que ni siquiera tengo claro si estamos todos tratando de ayudar a sobrevivir o si queremos que nuestra propuesta sobreviva. He identificado tantas iniciativas solo alrededor del tema de la alimentación, que me pregunto si es operativo; si realmente es eso lo que se necesita. Es difícil escribir esto, porque estamos hablando de solidaridad, de ganas de ayudar. Pero una mirada más amplia nos lleva a constatar que el mundo afronta numerosas tragedias en estos tiempos, y urge preguntarnos cuál es la mejor manera de organizarnos, de priorizar.

 

Ayer me escribía con una colega venezolana que vive en Lima y en nuestra conversación me dijo: “lamentablemente tocará por acá también. Debemos tratar de estar lo más preparados posible y esperar que nos sorprenda en un lugar seguro”. Sus palabras me afectaron mucho, porque justo tras el terremoto de Venezuela yo recordé el que vivió la ciudad colombiana de Armenia en 1999. Pensé que sus temores tenían todo el sentido.

 

Así las cosas, hay que preguntarse qué podemos aprender de las tragedias que el mundo nos ha dejado este año en términos de alimentación para esos primeros días de emergencia. Cómo pueden cocineros y restaurantes vincularse de manera efectiva, cuál es la utilidad y la finalidad real de los contenidos que compartimos desde nuestras cuentas personales, cuándo es necesario hacerlo, cuándo es suficiente.

 

Quizás sea muy pronto para hacernos estas preguntas, pero ¿Acaso sabemos cuándo y dónde espera la siguiente tragedia? Un mundo convulso como el que habitamos requiere también, acaso, convulsionar nuestra mirada. Mientras tanto, hay que preparar solidaridad para el medio y largo plazo. En Venezuela la herida ni siquiera ha empezado a sanar, ni los escombros terminan de retirarse. Hoy iniciamos el mismo recorrido en Colombia.