Sobre la propina

El hueso de limón

Los españoles somos cada vez más rácanos a la hora de las propinas. Por un lado, el pensamiento de que los trabajadores de hostelería están ahora mejor retribuidos, y por otro la generalización en el uso de la tarjeta de crédito (aunque sorprende ver que sigue habiendo establecimientos que no la aceptan). En algunos casos el restaurante permite añadir esa propina en el mismo cargo de la tarjeta, pero cada vez son menos porque Hacienda, siempre al acecho, considera ese dinero extra, destinado a los camareros, un ingreso más del hostelero a efectos fiscales. A diferencia de países como Estados Unidos, donde la propina de entre un quince y un veinte por ciento está institucionalizada como forma de compensar los bajos sueldos, en España es un gesto voluntario, por lo general vinculado a la percepción del servicio recibido. Una encuesta realizada por la plataforma de reservas The Fork indica que el 58 por ciento de los españoles decide si da o no propina, y la cuantía, en función de la experiencia. Según la encuesta, sólo uno de cada cuatro comensales asegura dejar siempre propina en los restaurantes, mientras que el 15 por ciento afirma que no lo hace nunca. Los datos recogidos confirman también lo que les decía al principio: entre quienes reconocen no dejar propina cuando salen a comer el 61 por ciento considera que la cuenta ya incluye el servicio; el 20 indica que pagar con tarjeta dificulta dejarla, y un porcentaje muy parecido, el 19, cree que el personal ya recibe un salario suficiente por su trabajo.

 

Interesante el dato sobre las cantidades que se dejan de propina. Entre quienes lo hacen habitualmente, el 63 por ciento deja menos del cinco por ciento del total de la cuenta, un 35 entre el 5 y el 10 y sólo un dos supera este porcentaje. En cuanto a las razones para dar esa propina, la experiencia en su conjunto es el principal factor a la hora de tomar esta decisión: para el 57 de los encuestados, disfrutar de una buena comida acompañada de un buen servicio es el principal motivo para hacerlo, mientras que un 36 destaca especialmente la atención recibida por parte del personal de sala. Solamente un 5 reconoce que es una costumbre habitual. Uno de los datos más reveladores apunta a una práctica cada vez más extendida: incluir una sugerencia de importe de propina en la cuenta por parte del restaurante. El 60 por ciento de los encuestados la considera inapropiada, mientras que un 23 la acepta siempre que se mantenga como una opción voluntaria y un 17 se siente incómodo ante esta situación. La encuesta refleja cómo el comensal español sigue entendiendo la propina como un gesto voluntario y no como una obligación. Preguntados por el futuro de las propinas en la restauración en España, el 77 por ciento las eliminaría. Está claro que todo apunta a que vamos hacia su desaparición. Lo importante es que los profesionales de la hostelería cobren sueldos dignos y no tengan que depender de ellas.