Amanda Hurtado Valdivia, alumna de MACC: “Dudé entre ser médico o ingeniera, pero elegí lo que quería: la gastronomía”

Fue fiel a su vocación, optó por la cocina gracias a Madrid Culinary Campus: ahora acaba de recibir la Beca de Excelencia de la Comunidad de Madrid

Sandra Hernández

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Hay decisiones que no se anuncian con estruendo, pero cambian el rumbo de una vida. Durante años, Amanda Hurtado avanzó por ese carril brillante y previsible reservado a quienes destacan, con un futuro trazado hacia carreras técnicas. Todo parecía tener sentido, hasta que dejó de tenerlo. O, más bien, hasta que empezó a preguntarse qué quería ser, en lugar de qué debía ser.

 

En ese desplazamiento apareció la gastronomía. No como alternativa, sino como una revelación tras conocer Madrid Culinary Campus (MACC), el único espacio del mundo en el que convergen creatividad y negocio, bajo una formación integral y multidisciplinar en gastronomía, empresa y agronomía. Impulsada por la Universidad Pontificia Comillas junto a Vocento Gastronomía, nace con figuras como Ferran Adrià y Andoni Luis Aduriz en su ADN.

 

Hoy Amanda recorre un camino que pone en evidencia que la gastronomía no es renuncia, sino elección, y que el talento no se pierde cuando cambia de dirección, sino que se afina. La reciente Beca de Excelencia de la Comunidad de Madrid no hace más que confirmarlo: hay nuevas formas de excelencia, y la cocina es un lugar perfecto para ejercerla.

 

Vienes de un bachillerato impecable que te empujaba hacia una ingeniería o similar. ¿Recuerdas el momento exacto en el que decidiste escuchar a tu vocación y no a las expectativas?

 

—Siempre había disfrutado de todas mis clases, pero un día reflexionando me cuestioné si debía poner todo mi esfuerzo en sacarme una ingeniería y trabajar. Era un camino muy predecible y sin mucha emoción, era la opción segura, sí, pero yo quería algo que me despertara una pasión de verdad. Además, estaba en un momento de mi vida en el que estaba priorizando mi felicidad y el disfrute, así que decidí recordar aquello a lo que quería dedicarme de pequeña, a ser pastelera. Como los niños no mienten, confié en esa voz de que era algo que nunca me iba a dejar de apasionar.

 

¿Qué sentiste al comunicar en casa que querías dedicarte a la gastronomía?

 

—Al principio tenía un poco de miedo, porque primero hablé a mis padres de medicina, y luego de ingeniería, y ya les había costado un poco asimilar el cambio. Variar otra vez me supuso explicar con más detalle mi decisión, para que no pensaran que no me estaba tomando en serio mi futuro. Pero de esta ruta estaba más segura, sin duda.

 

En ese cruce de caminos, ¿Qué te hizo confiar en que la gastronomía podía ser tu proyecto de vida?

 

—Soy una persona muy curiosa y manitas. Por eso sentí que la cocina podía sacar a relucir todas mis habilidades. Desde pequeña he cocinado, y me encanta viajar, así que la gastronomía encaja muy bien con esos planes. Además creo que es una profesión, cuanto menos, emocionante…

 

Amanda Hurtado Valdivia, alumna de MACC: “Dudé entre ser médico o ingeniera, pero elegí lo que quería: la gastronomía” 0

 

Muchas veces se ve la cocina como una elección menos académica. ¿Te has sentido juzgada por tomar este camino siendo una estudiante brillante?

 

—La verdad es que sí. No directamente siempre, pero he sentido un poco la cara de decepción o pequeños comentarios al respecto cuando lo comunicaba en mi entorno. Supongo que esperaban que escogiera una opción académica más tradicional, y como nunca vieron mis otras habilidades (me refiero a las manuales cocinando), supongo que pensaban que tenía más sentido que escogiera una ingeniería o cualquier otra carrera de ciencias.

 

¿Qué le dirías hoy a alguien con talento académico que siente pasión por la gastronomía pero no se atreve a dar el paso?

 

—Le diría que fuera valiente y que luchara por sus sueños. Suena un poco cliché, pero es así. Al final, lo más importante es ser fiel a ti misma y vivir tu propia vida como quieres. El talento académico no es algo que se apague dependiendo del sitio que vayas, sino que es una fortaleza que puedes aplicar en cualquier ámbito. Con esto quiero decir que ese talento lo puedes explotar en el sitio que más quieras, y si es en la gastronomía, ahí debe estar todo tu esfuerzo. Ninguna disciplina merece más o menos talento; el talento tiene que estar en el sitio en el que la persona sienta más atracción y pasión.

 

Elegiste formarte en MACC, dentro de la Universidad Pontificia Comillas. ¿Qué encontraste ahí que no veías en otras opciones?

 

—Cuando decidí que quería hacer algo relacionado con la gastronomía fue por la existencia de MACC. Es decir, mi decisión fue gracias a MACC. Después de un bachillerato de ciencias, mi objetivo era la universidad, y nunca apunté a una FP de cocina o similar. Pero cuando encontré MACC, me gustó ver que una de mis pasiones había sido convertida en un grado orientado a los negocios, con un poco de ciencia y, por supuesto, gastronomía. Cuando fui a la sesión informativa sentí que podría aprender mucho y convertir mi pasión en una profesión que desarrollar en mi futuro.

 

El grado combina gastronomía, empresa y agronomía. ¿Cómo ha cambiado tu forma de entender la cocina desde que entraste?

 

—Ha cambiado muchísimo. Siempre me ha gustado la ciencia, así que un poco sí entendía que la cocina al final era ciencia, pero nunca lo había visto desde un plano empresarial o desde el plano de la agronomía. He descubierto que la cocina empieza desde el producto, y la agricultura es una materia compleja y esencial para que la gastronomía pueda darse. A nivel empresarial, nunca había cursado una asignatura de ciencias sociales, y gracias a mis profesores he podido adquirir estos conocimientos sin saber prácticamente nada antes de llegar. La gastronomía necesita este plano de visión y gestión empresarial para ser sostenible, ya que sin esa parte no puede haber creatividad, ni desarrollarse como disciplina.

 

Amanda Hurtado Valdivia, alumna de MACC: “Dudé entre ser médico o ingeniera, pero elegí lo que quería: la gastronomía” 1

 

¿Cómo se traduce la creatividad en la cocina en tu día a día como estudiante?

 

—La creatividad es una parte indispensable de la inteligencia humana, y descubrir qué significa es casi como un ejercicio exploratorio de uno mismo. En el día a día, entiendo que para desarrollar la cocina a nivel personal, o a un nivel más grande en forma de platos gastronómicos, la creatividad es esencial, y para darle forma se necesita una metodología. No es solo cuestión del famoso “eureka”. Tenemos varias asignaturas dedicadas a esto, y te hacen entender no solo las creaciones en la gastronomía y cómo se dieron, sino también extrapolarlo a descubrimientos históricos.

 

¿Qué ha sido lo más exigente hasta ahora en tu paso por MACC? ¿Y lo más revelador?

 

—Lo más exigente de mi paso por MACC es lo que caracteriza esta carrera; el ser tan holística. En un mismo día puedes tener una clase sobre bioquímica y la siguiente sobre gestión de un restaurante. No hay un perfil definido para estudiar en MACC, y eso también me parece muy bonito. Al final es una formación muy completa y global.

 

Has conseguido la Beca de Excelencia de la Comunidad de Madrid, además gestionándola por tu cuenta. ¿Qué significa este reconocimiento a nivel personal?

 

—Personalmente, es un reconocimiento por seguir esforzándome en la universidad. Como decía antes, el talento académico es algo que llevas contigo, y el estar en una opción etiquetada como menos académica (descripción con la que no estoy de acuerdo), no significa que no se vayan a reconocer los resultados. Estoy muy agradecida por ello, y me da fuerzas para seguir rindiendo al máximo.

 

Más allá de las notas, ¿Qué crees que define la excelencia en un o una estudiante de gastronomía hoy?

 

—La curiosidad y las ganas de saber más. Querer aprender de las personas que admiras, estudiar la historia de la gastronomía y conocer lo que pasa en la actualidad. Siempre buscar todo lo que ocurre en todo el mundo y tener esa visión científica y empresarial que nos otorga MACC.

 

¿Sientes que tu decisión, que en su momento pudo generar dudas, hoy también ha cambiado la mirada de tu entorno?

 

—Creo que sí. Las personas más cercanas me ven muy feliz y me apoyan más. Además creo que la gastronomía forma parte de la humanidad, y he notado que la gente en general participa más y siente más curiosidad en las conversaciones relacionadas con lo que estudio, que si hiciera otra carrera más técnica. Quizá no es tan agradable hablar de la deformación de unas vigas y su física, como del funcionamiento interno de un restaurante o de técnicas culinarias.

 

Si pudieras hablar con la Amanda de entonces, la que que estaba a punto de elegir carrera, ¿Qué le dirías hoy?

 

—Le diría que no tuviera miedo y que se emocionara más. A lo largo de estos años he conocido a muchísima gente nueva, he aprendido mucho y he disfrutado todos los días con lo que estudio. Le diría que lo que le espera es el mundo al que pertenece, y que no pensara tanto en lo que los demás esperan de ella; que se dejara llevar por lo que de verdad le apasiona.