Bar Alegría: Como toda la vida, mejor que toda la vida

Interiorismo y atmósfera de bar de toda la vida, uno de los lugares donde nació la rumba catalana y la cocina de Tomás Abellán: el nuevo Bar Alegría de Gràcia, tapas y platillos catalanes de temporada con swing

Xavier Agulló

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Bar Alegría
Dirección:Torrent de l’Olla, 77. Barcelona (Gràcia)
Cerrado:Domingo y lunes
Reservas: 930 326 720
Tipo de cocina:Catalana con swing
Destacamos:el (mítico) bikini trufado
Precio medio:35 euros

Resuenan los ecos trepidantes del ‘ventilador’ (ese singular rasgueo percutido de guitarra que fundó la rumba catalana) en el Bar Alegría, veterano y sabroso local que, con el nombre de Can Tosca, fue favorito de Peret, El Pescaílla o Lola Flores cuando el flamenco se tornó barcelonés y rumbero en Gràcia.

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Tomás Abellán. Foto: Rosa Bernardes.

Porque el nuevo Bar Alegría del muy trendie barrio de Gràcia, de Tomás Abellán, cuyo ‘original’ sigue triunfando en Gran Via con Compte Borrell), comparte con ese la estética vintage de mesas de mármol, pies de hierro forjado, madera por un tubo, espejos, pizarra con lo del día… Un bar de toda la vida que no se avergüenza de su estética (al contrario) y que, en lo culinario —ya sea en mesa o en la gran barra—, como en el primer Alegría, es un canto sin historias a tapas y platillos de cromada calidad, tocadas sólo lo justo para darles vida contemporánea y, como norma inalienable, siguiendo fielmente la temporada y sus productos, que van mutando la propuesta saltando entre algunas recetas que ya son clásicos de Tomás (algunas de ellas tomadas de su padre, Carles Abellán).

 

Cálido, atmosférico, histórico… y afinadísimo. Tomás, hombre de sala, se formó fundamentalmente con su padre, gestionando restaurantes que vivieron grandes éxitos en la ciudad no sólo por el talento culinario de Carles, sino también por el swing y la precisión de su hijo con la clientela. No tardó Tomás en empezar a escribir su propio destino: el primer Bar Alegría, una racha de frescura en un entorno histórico que sigue en plena forma; Casa Luz, una gran terraza en un sexto piso junto a plaza Universitat; el Casa Linda de Ibiza… Y la reciente apertura del segundo Bar Alegría, en pleno barrio de Gràcia y, como siempre, respetando la historia de las paredes y ofreciendo la honestidad y la mimada y prolija sencillez de una cocina de la que jamás nos cansaremos.

“Fue casualidad: entré en el bar y ya salí con el traspaso firmado”. Tomás, ademán pausado y gesto suave, no se está de hostias. En los dos meses y pico que lleva abierto, la concurrencia no ha hecho más que crecer. Su ideología atmosférica y culinaria provoca la alegría espontánea y el retorno deseado. Ya finalizando la temporada, fijémonos en el paté de campaña con pistachos, que elaboran en el propio bar y que acompañan con encurtidos y mostaza. A destacar la finura de la textura, vale decir, el toque contemporáneo que, sin traicionar orígenes, sube el listón. Nadie en su sano juicio, y entramos en uno de sus ‘cásicos’, delegaría la tostada de anchoa con mantequilla ahumada; ni, de lejos, la ensaladilla de gambas con ajillo y la profundidad de sus cabezas. Abellán juega fuerte cuando se trata de hedonismo.

 

Otra muestra de temporada (ya en su punto terminal): las alcachofas del Prat refinadamente fritas en harina de garbanzos y tocadas canallescamente con romesco. Los berberechos con fino, delicadamente cítricos, pero con ajo y guindilla, atestiguan una sensibilidad capaz de hacer un ménage incruento entre el producto y su ensalzamiento.

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Alcachofas fritas con romesco. Foto: Rosa Bernardes.

El trinxat de la Cerdanya, con socarrat de demi-glace de verduras, sube la temperatura en la mesa. Un calentamiento para los guisantes con butifarra negra y twist de menta, un inalienable de la cocina catalana. Así y todo, faltaría rematar, algo que es fácil con los canelones de pularda, cerdo y foie gras, ese final extasiante.

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Canelones de pularda, cerdo y foie gras. Foto: Rosa Bernardes.

¿Final? No si hay flan, impecable; no, si repetimos por enésima vez el cremoso de chocolate con pan y aceite (uno de los signature de Carles Abellán); no, si nos llama la tarta de queso receta de La Viña de Donosti.

Y, con todo, no habrá tampoco final porque siempre volveremos…

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