Aires de Menetúe, el viñedo que desafió el frío con agua termal volcánica

A 800 kilómetros de Santiago de Chile, entre volcanes y bosques nativos, nace un viñedo que protege sus viñas del hielo y el clima gélido regándolas con aguas termales

Mariana Martínez

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Al final de aquella jornada destinada a estimular nuevos negocios, cada empresario disponía de un minuto para presentar su proyecto. Eugenio Benavente, director de Patagonia Andina —grupo que reúne cinco centros termales en el sur de Chile—, debía explicar su propuesta como cualquier otro participante. Aunque la charla inicial había abordado el incipiente potencial vitivinícola de la zona, la suya fue la única idea relacionada con el vino.

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El emprendedor Eugenio Benavente, visionario impulsor del viñedo termal Aires de Menetúe.

Benavente todavía recuerda el silencio del aplausómetro y las burlas que despertó lo que le parecía tan brillante como lógico: ¿por qué no regar y proteger de las heladas un viñedo del frío sur de Chile con aguas termales? La vitivinicultura chilena apenas comenzaba a mirar hacia esta parte del país. Ni siquiera Malleco, hoy uno de los territorios más reconocidos del vino chileno de clima frío, se había consolidado. Pucón, el centro de operaciones de Benavente, estaba unos 300 kilómetros aún más al sur.

 

Es fácil imaginar que las burlas, al exitoso empresario y deportista extremo, en lugar de quitarle las ganas le pincharon el ego. «Ahí dije: lo voy a hacer», contó entre risas, durante la reciente inauguración del centro de turismo y la bodega levantados junto al viñedo Aires de Menetúe; presentado como el primero del mundo regado y protegido de las heladas con aguas termales.

 

Minutos antes, las cámaras de los periodistas habían apuntado hacia las delgadas mangueras instaladas sobre el viñedo de apenas una hectárea. Al abrirlas, el agua formó finas cortinas sobre las plantas aun dormidas. María Paz Valenzuela, enóloga del proyecto, explicó que las aguas termales de Menetúe tienen como particularidad una baja concentración de azufre y minerales, condición que permite utilizarlas sin provocar toxicidad en las vides.
Otra singularidad es el suelo. Su pH es muy ácido, por lo que cada año se debe agregar cal, pero, a solo 450 metros sobre el nivel del mar, también es rico en materia orgánica. Antes de plantar, el propio Benavente comenzó a abrir calicatas para averiguar si allí podían crecer las vides.

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Tres Volcanes rodean el parque Termas de Menetúe. Al fondo de la imagen, cubierto de nieve, el Villarica.

«Mi tema era regar y controlar las heladas con agua termal. Eso era todo… Yo lo único que hacía con el vino era tomármelo; no tenía idea de lo que iba a pasar», admite.

 

Las primeras plantas de chardonnay y pinot noir comenzaron a plantarse en 2014 y no tuvieron un inicio fácil; aunque la condición climática en el lugar elegido era favorable. Primero, faltó conocimiento técnico. Después, llegaron los conejos: cientos de ellos, al mismo tiempo, entre las pequeñas parras, recuerda Benavente.

Aprendiendo a gestionar un terroir único

Cuando ya había dado el proyecto por perdido, recibió la visita de su amigo Hernán Muñoz. Este le preguntó por las parras e insistió en ir a verlas. En el viñedo descubrieron que algunas habían sobrevivido y crecían salvajes, como las enredaderas que son. Con la mitad de las plantas y el trabajo dedicado de Octavio y Filomena, dos trabajadores de las termas, el proyecto tomó su nuevo impulso. Más tarde llegaría la replantación con pinot meunier y también visones, especie introducida por ser depredadora de los conejos.

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Perspectiva del viñedo de Aires de Menetúe.

A escasos metros de la laguna Ancapulli, el viñedo recibe alrededor de 2.000 milímetros de lluvia al año; lo que es mucho. Incluso puede llover en verano, algo poco frecuente en la zona central de Chile.

 

María Paz Valenzuela, quien asumió la conducción técnica en 2018, explica que la pendiente del terreno facilita el drenaje y evita que las raíces se asfixien durante los meses más lluviosos. El principal problema no es la falta de agua, sino el frío y, en particular, las heladas.

 

Aspersores para crear iglúes de agua contra las heladas

 

Una estación meteorológica instalada en el viñedo le envía una alerta cuando la temperatura baja a niveles peligrosos. Entonces se activa una red de microaspersores alimentada con agua termal de Menetúe, el parque de piscinas y cabañas situado a menos de cinco minutos. La aspersión del agua ya fría forma una película continua alrededor de los brotes y genera el llamado «efecto iglú», lo que protege de las temperaturas bajo cero. Solo en los períodos secos, el recurso termal también se utiliza para el riego.

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Los aspersores ayudan a proteger el viñedo del frío creando un efecto iglú.

Ingeniera agrónoma y enóloga, Valenzuela había llegado a vivir a Pucón en 2017, en busca de un cambio de vida después de trabajar durante años en la industria vitivinícola de la zona central. «Había poca historia vitivinícola, por no decir nada, en la región. Yo venía de Santiago, de los valles clásicos de Chile, y la verdad es que no sabía cómo iba a funcionar», recuerda.

 

Fue ella quien decidió ampliar la superficie hasta una hectárea e incorporar pinot meunier, una tinta de clima frío muy popular en Champaña. Hoy, cerca del 40% del viñedo corresponde a chardonnay; otro 40%, a pinot meunier, y el 20% restante, a pinot noir. También sobreviven algunas plantas de malbec, variedad que Benavente conserva por gusto personal.

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La enóloga, María Paz Valenzuela.

Para la enóloga, el proyecto significó alejarse de la obligación industrial de reproducir cada año un vino semejante al anterior. «Trabajar acá me ha hecho conectarme de una manera mucho más directa con el alma del vino. La industria me dio una experiencia muy importante, pero los vinos en esas industrias pierden un poquito el alma», afirma.

 

En Pucón, explica, cada cosecha depende por completo de las condiciones del año. La brotación ocurre entre dos y tres semanas más tarde que en los valles centrales y las uvas suelen vendimiarse entre el 15 y el 25 de abril. Un verano corto o una primavera fría quedan reflejados en la graduación alcohólica, la ligereza y, sobre todo, la acidez.

 

La primera cosecha llegó en 2021 y permitió elaborar 300 botellas de Ilwen (38 euros), un chardonnay tranquilo cuyo nombre significa «rocío» en mapudungun (la lengua mapuche).

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La viña y la bodega se complementan con un centro de SPA.

Valenzuela recuerda que al principio no sabía qué hacer con su alta acidez, muy distinta de la que conocía en el Chile central. La respuesta apareció cuando Nadia Parra, entonces presidenta de Mujeres del Vino de Chile, probó aquella primera cosecha, todavía sin etiqueta, y le dijo que precisamente esa acidez era su carácter diferenciador. «Eso me generó un cambio de perspectiva y me dio la fuerza para decir: esto es», cuenta la enóloga.

Madera para dominar la acidez

Ilwen 2024 tiene 12,2 grados de alcohol y pasó seis meses en una única barrica francesa de ocho usos. La madera no busca aportar aromas, sino moderar la sensación punzante de la acidez sin esconder la fruta. Es un chardonnay ligero, con notas cítricas, de manzana verde y pera, muy alejado de los blancos maduros y voluminosos de zonas más cálidas. La producción sigue siendo mínima: alrededor de 300 botellas por cosecha.

De la cosecha 2022 probamos también dos espumantes de método tradicional (55 euros): uno de chardonnay y otro de pinot meunier vinificado como blanco. Ambos permanecieron 36 meses sobre sus lías.

 

La apuesta más singular de Valenzuela ha sido el pinot meunier. Su ciclo corto parecía adecuado para un lugar donde el verano puede terminar abruptamente a fines de febrero. Bautizado Newén, este blanc de noirs ofrece mayor volumen en boca, notas florales, frutos secos y bollería, además de una leve sensación tánica al final. La viña lo presenta como el primer espumante chileno elaborado íntegramente con esta variedad, todavía muy minoritaria en el país.

 

La escala del viñedo ayuda a entender la decisión comercial de Aires de Menetúe, integrante de la Ruta de los Vinos de La Araucanía, la que reúne ya 26 proyectos de dimensiones similares. Y es que ninguna botella se venderá fuera del parque termal.

 

Por eso la inauguración, realizada bajo un sol inesperado en Pucón, llevó a los invitados por el mismo circuito que harán los turistas. Visita al viñedo, más la degustación de los tres vinos en su centro de visitas y bodega. Todo, por 55 euros, incluyendo traslado ida y vuelta desde la ciudad de Pucón, cuyos meses fuertes son enero y febrero. La paradoja, nos dijo Alejandro Martín, gerente general de Patagonia Andina y quien vela porque no haya pérdidas económicas en la empresa, es que cada nueva temporada le dice en broma a María Paz, “espero que te vaya mal”. Eso quiere decir que llueva mucho, porque mientras más llueve en verano, más turistas históricamente reciben en las termas. 

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Los trabajadores galardonados, Filomena y Octavio, junto al constructor del nuevo centro de visitas Aires de Menetúe, Claudio Sagüel.

Antes del corte de cinta, Octavio y Filomena fueron reconocidos por ese trabajo que permitió sostener el viñedo cuando su futuro todavía era incierto. «Esta historia tiene sufrimiento, tiene fracaso y tiene victoria», dijo Benavente durante la ceremonia. Luego cortó la cinta junto al nuevo director del centro de negocios regional. Esta vez, sí hubo aplausos.

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