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Revista Gastronómica Digital
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Opinión

Cocinando Pop Art

Fernando Huidobro
Fernando Huidobro 1/7/2019Comentarios

El comer es universal. El cocinar también. Siempre, todo el mundo, practica esta necesidad, costumbre, jobi, vicio y arte. Cada cual que elija su juego. ¿Qué narices es eso de democratizar la cocina/comida? Ya nacieron populares: es puro pop. ¿Pop Art?

Imagen de Free-Photos en Pixabay

Imagen de Free-Photos en Pixabay

Hoy día esa dualidad ejerce una fascinación modernista que hace que en demasiadas ocasiones se trate, bajo el nuevo significado de gastronomía, como arte culto o de culto, si se prefiere, pero en realidad histórica y socialmente, es una cultura de masas derivada en entretenimiento. Casi todo en ella es obvio, directo, de consumo, inmediato, efímero, pronto, material, consustancial y accesible a la mayoría. Raramente, muy raramente, aunque de carísimos y grandísimos restaurantes hablemos, hay detrás del hecho gastronómico espiritualidades trascendentes, verdades últimas o metasentidos que lo eleven a otras categorías existenciales.

La última re-moda de la cocina de producto viene a reclamar y reafirmar esta verdad que pone en solfa banal y de modé ese posible y controvertido arte de cocina. El problema, quizás, esté en la aceptación y significado que se le dé a la palabra arte. Lo que no termino de entender es por qué hay tanta intelectualidad empeñada en reclamar y exigir al mundillo y personalidades de la cocina/comida el rol de gurús una extrema responsabilidad social y la ascensión a un papel protagonista de líderes sociales frente a los grandes problemas de la humanidad que de por sí y su profesión no les corresponde. Máxime cuando ellos mismos son quienes los vituperan y desprecian como burdos cocineros intrascendentes. Eso me parece un contrasentido e incluso un contradiós y desprende cierto tufillo de interés mediático por pura polémica que los aupe a costa del pan que los cocineros se ganan con el sudor de su frente.

En lo que a mí concierne soy partidario de repartir sentidos y sigo creyendo en que a veces, en determinados casos y en ciertas personas puras de la cocina, disidentes, inconformistas y vanguardistas, artesanía y arte se unen íntimamente y proporcionan algo más que el mero disfrute hedonista que nos ayuda a liberarnos de lo mundano, que nos contagian un contento profundo y una satisfacción estética que facilitan el sobrellevar y superar  el carro de la compra de la vulgaridad de cada día, sin que por ello demandarles que se sacrifiquen en la plaza pública ni obren milagros que salven al mundo. Me conformo y doy gracias por las selectas satisfacciones que me proporcionan. Y punto.


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