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Opinión

Homenaje de la Academia Catalana de Gastronomia a Josep Pla

Salvador Garcia-Arbós
Salvador Garcia-Arbós 14/11/2019Comentarios

Josep Pla (Palafrugell, 1897 – Llofriu, 1981) es considerado uno de los grandes prosistas en lengua catalana, quien con una precisión exquisita describió el paisaje, la sociedad y lo cotidiano, y los personajes de su entorno vital, pescadores, campesinos, grandes empresarios, políticos, escritores o artistas. Su obra está trufada de referencias gastronómicas, que le sirvieron para reivindicar el  paisaje, la cocina de temporada y el km0, lo que él llamó productos poco viajados. 

Homenaje a Josep Pla: Josep Vilella, Jaume Subiròs, Ferran Adrià, Carles Vilarrubí, Carme Ruscalleda i Josep Roca. Foto by @Vadorgarbos

Homenaje a Josep Pla: Josep Vilella, Jaume Subiròs, Ferran Adrià, Carles Vilarrubí, Carme Ruscalleda i Josep Roca. Foto by @Vadorgarbos

Josep Pla es considerado un referente de la literatura gastronómica: Lo que hemos comido -con traducción de Manuel Vázquez Montalbán-, El cuaderno gris -con traducción de Dionisio Ridruejo-, Llagosta i pollastre, Escrits Empordanesos -un volumen que incluye recetas-, Viatge a la Catalunya vella –donde, en uno de sus volúmenes describe magistralmente la caza de la becada–, Aigua de Mar –en el que describe el pescado del litoral–, el magistral Els Pagesos, etc.

La Academia Catalana de Gastronomía y Nutrición, que ha cumplido 30 años, decidió homenajear al escritor por su contribución al mundo de la gastronomía con un banquete multitudinario celebrado en el Motel Empordà, su santuario culinariopor su amistad con su fundador Josep Mercader, pionero de la Nouvelle cuisine fuera de Francia, fallecido en 1979. 

Copio del librillo del menú que dio la ACGC a los invitados: «Como escribió Vazquez Montalban, homenajeado por la Academia el año pasado, lo más importante de Pla es que su aportación a nuestra literatura gastronómica encendió la mecha de una escuela de teóricos de la comida, entre la que destacarían Néstor Luján, Joan Perucho, Javier Domingo o Llorenç Torrado».

Josep Roca, del Celler, fue el encargado de glosar al Senyor Pla. «Diría que Pla era rústico, solitario y tranquilo. Pragmático, sarcástico, pero secretamente soñador. Brusco, arisco y silvestre. Cosmopolita, aventurero, pero a la vez arraigado a la tierra. Visual, olfativo, y tal vez gustativo. Y remarco este ‘tal vez gustativo’ porque, entrando ya en el aspecto gastronómico de su personalidad, no estoy muy seguro de que el sabor fuera el sentido que más le gustara de afilar. Tal vez no era su fuerte o, tal vez, los Ideales y el whisky lo habían castigado.»

De sus preferencias culinarias, los platos más conocidos son del Motel, que coinciden con los de la última etapa de su vida: «Fue un amante de las formas blandas ideales para un desdentado: “choucroute, sopa de tomillo, tordos para lamer, lièvre à la royale, bull de mero y tortillas babosas, el flan, sorbete de menta y los Taps de Cadaqués.» Platos ideales para un desdentado y para los que gustan comer muy deprisa para comenzar lo más rápidamente la «sagrada institución de la sobremesa», fumar, beber y charlar.

A partir de sus platos favoritos, su yerno y sucesor en el Motel, Jaume Subirós, en colaboración con el académico Josep Vilella, prepararon el menú, que comenzó con unos aperitivos que se servían a principios de los años 1970: Canapé de gàrum (tapenade); Mousse de escalivada 1973 en canapé; Butifarra dulce de l’Empordà, que es una reliquia de la cocina medieval, y las espinas de anchoa, con las que Josep Mercader mostró al mundo el camino de la alta cocina de aprovechamiento. Acompañamos el aperitivo con un Efervescent ancestral, del Cellern Arché Pagès, de Capmany, bodega situada a menos de 15 minutos del Motel. La comida propiamente la acompañamos con dos vinos más. Un rosado elaborado a 20 minutos, el Lledoner Rosat 2018 DO Empordà, d’Espelt Viticultors, de Vilajuïga. Y otro un poco más hacia el norte, en la Borgoña, a seis horas, el Volnay 2014, de Louis Jadot. Para el postre, un icono de la DO Empordà, el Garnatxa d’Empordà, del Celler Coorperatiu d’Espolla.

Cada una de las mesas del banquete estaba bautizada y decorada con un título y la sobrecubierta de la Obra Completa de Josep Pla, editada por Destino. Y comenzaron los discursos: Carles Vilarrubí, el presidente; Josep Roca, el glosador; Josep Vilella, el brigadier, nombre que sedujo por su marcialidad a una de las mesas de periodistas –situadas en un extremo, como la de los críos en las bodas–, y Miquel Noguer, presidente de la Diputación. Estaban la mayoría de los 61 académicos, entre los que destaco dos: Ferran Adrià i Carme Ruscalleda. 

Y lo más importante, el pase: sopa de tomillo, cual sopa de ajo o de cebolla según culturas culinarias, para pasar el frío; corbina al horno, a la pescadora, su pescado preferido por su pulpa firme y resistente a los malos tratos; blanquette de veau con rebozuelos; sorbete de limón, y taps de Cadaqués al ron, una idea nacida de un pastelito tradicional que sustituyó la crêpe suzette de su sala sin olvidar el espectáculo de un plato preparado frente a la mesa. Estos taps nos llegaron preparados de la cocina, pues éramos más invitados que en una boda real, y perdieron un poco la magia.

A la hora del café y de los petit fours tenía que comenzar el verdadero homenaje. Precisamente, fue llevada a cada mesa una botella de Johnnie Walker, su bebida preferida para la sobremesa, por lo que tanto Walker, Johnnie, como Whisky tienen su entrada en el índice onomástico de Josep Pla. 

Centésimas de segundo después de la última cucharada de postre, la gente se levantaba de la mesa prestos para subir al autobús y regresar a Barcelona, bebiendo el café en la barra como si fuera un sálvese quien pueda. Tal situación me recordó a aquellos banquetes bancarios –de cuando las cajas eran de ahorros– de presentación de resultados, en el que a las cuatro en punto todos salíamos disparados hacia la redacción.

Insisto, olvidamos lo más importante, la auténtica esencia de un banquete, la sobremesa, una institución que, como apuntaba Josep Pla en el último capítulo d’El que hem menjat (Lo que hemos comido), titulado Café copa y puro, las prisas van a hacer desaparecer. Si las prisas dinamitaron la sobremesa en el homenaje a uno de los grandes apóstoles del Café, Copa y Puro es que la sobremesa está ya en peligro de extinción. ¿Significa que a la gente ya no le apetece charlar?


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