Gracias a restaurantes de tanto nivel como el triestrellado Quique Dacosta Restaurante, uno de los grandes de Europa; ese templo del producto que es El Faralló; el divertido, inclasificable y muy bistronómico El Baret de Miquel; el canto al mar de Peix i Brases, reconocido con un florón en la Guía Michelin, o Toy, uno de los mejores italianos fuera de Italia, Dénia puede, y debe hacerlo orgullosamente, presumir de ser una de las indiscutibles capitales gastronómicas de España.
A esta nómina de lujo se ha unido desde febrero de 2026 otro establecimiento, que seguro que va a dar mucho que hablar en los próximos meses en cuanto a premios y reconocimientos: Ca Seko, el proyecto personalísimo de un viejo conocido de la restauración dianense, José Manuel López, quien lo ha puesto en pie junto a su esposa, la repostera de origen ucraniano Zoryana Hlovak.
Natural de Plasencia (Cáceres), López lleva más de dos décadas afincado en Dénia. Primero ejerció durante un lustro en lo que entonces era El Poblet de Quique Dacosta y posteriormente se hizo cargo de la cocina del Peix&Brases de Tomás Arribas, donde se mantuvo quince años y para el que consiguió (y defendió) la estrella. Ahora, próximo a cumplir el medio siglo de vida, ha decidido que era el momento de probar fortuna en solitario (bueno, como ya se ha dicho, junto a su esposa) y afrontar la experiencia empresarial. “Era ahora o nunca”, comenta.

Ca Seko es un recoleto y diminuto bistró localizado en el centro de la ciudad, junto a tres veteranas instituciones locales como Los Marinos, Haití y Bar Florencio, cuyo nombre responde a dos conceptos, que el propio chef explica: “Por un lado Ca, que significa casa en valenciano, porque queremos que la gente se sienta como en su casa. Y por otro Seko, que es el apelativo de mi familia en mi pueblo. Allí se escribe con C, pero la cambié por la K como homenaje a los orígenes ucranianos de Zoryana”. Y hay un tercero, que se puede apreciar cuando el ocal está cerrado, porque la persiana que da a la calle tiene serigrafiado , sobre unas copas de vino, el expresivo rótulo: “Hedonistas, Bienvenidos”.
¿Y cuál es filosofía culinaria que se van a encontrar esos hedonistas? Pues no puede ser más sencilla, sensata, coherente y, por todo ello, irrefutable: trabajar con el mejor producto posible, sobre todo marino, y sublimarlo al máximo. Claro que López juega con una ventaja imbatible: después de estas dos décadas, su conocimiento del género y de los proveedores es imbatible.

Esto se traduce en una carta con una veintena de propuestas que varían en función del mercado y en la que nos encontramos obvias reminiscencias de las dos casas por las que pasó. Entre esas propuestas selecciona casi la mitad para componer un menú degustación de precio ajustadísimo, 85 euros, que se puede reducir a 69 si se renuncia a la gamba roja, tarifada a 16 euros la unidad. Pero hacerlo no sería la mejor de las ideas, porque si la calidad del crustáceo (de primerísima primera, de los mejores que se pueden conseguir en Dénia, que ya es decir) es excepcional, la cocción en agua de mar es sencillamente perfecta y sólo este bocado ya vale la visita a Ca Seko.

Más allá del intenso (y tristemente efímero placer de la reina del Mediterráneo), en esta casa hay otras odas al producto que invitan a repetir. Por ejemplo, la apabullante y profunda titaina (especie de pisto marinero con tomate, pimiento y piñones) con láminas de tonyina de sorra (ventresca de atún) y ralladura de corazón de atún. O los finísimos y delicados salazones, tan de la zona, de bonito de grasa y, otra vez, la versátil tonyina de sorra. O la ostra sutilmente escabechada con fenoll marí (hinojo de mar) y aceite de algas.

Siguiendo con el producto puro y duro, otros dos platos de altura, con el denominador común de que ambos tocan directamente el fuego. Por un lado, el ancestral pulpo seco (de la localidad valenciana de Villalonga) a la llama con un chorrito de AOVE, con sabor y textura extremos. Por otro, el pescado de lonja del día a las brasas tocadas de sarmiento, en nuestro caso un fresquísimo, restallante y terso dentón con meuniére de sus espinas y puré de romesco de cacahuete acompañado de una magnífica berenjena asada.

El cuchareo también cuenta con un espacio en la cocina de López. En frío, el variado de tomates con pepino, gamba y pan de almendras, al que le sobran unos frutos rojos que rompen el ya de por sí complejo equilibrio del conjunto. Mejor los calientes, tanto el sorprendente y un tanto extraño en cuanto a texturas como, a la postre, adictivo bullit de mussola (cocido de cazón) con judías, huevas de trucha, algas, hoja de capuchina y aceite de gamba como el untuoso y sabroso (y, todo sea dicho, más invernal que veraniego) mar y montaña de sepionets en guiso de manitas de cerdo con perlas de encurtidos.

Para rematar el menú, José Manuel le cede los trastos a Zoryana, responsable de la parte dulce. Que, afortunadamente, no es tan dulce, con una refrescante y ligera combinación (que remite indefectiblemente a esa Centroeuropa de la que proviene) de granizado de ruibarbo, migas de chocolate blanco y espuma de infusión de frutos rojos, punteada con trocitos de frutas del bosque.
En sus apenas seis meses de vida, y eso que esto no hecho más que empezar y aún hay margen de mejora (por ejemplo, en la bodega), Ca Seko ya se ha convertido en visita casi obligada en Dénia. De momento, es razonablemente asequible encontrar un hueco, pero tiene toda la pinta de que en un futuro más cercano que otra cosa, va a ser más bien complicadillo…
