Una de cada tres bodegas españolas se dan cita desde este lunes en el recinto ferial de Montjuïc para participar en la Barcelona Wine Week. Son cifras apabullantes para la que es ya la feria más importante del vino español, pero lo que sorprende en los pasillos no es la afluencia —que por momentos puede resultar abrumadora— sino la sensación de un sector que hace piña cuando todo parece en contra: incertidumbre en el comercio internacional, consumo interior que se contrae, hábitos de consumo que tienden a reducir el alcohol o paisajes donde el viñedo cede terreno. Y, sin embargo, la atmósfera no es de pesimismo, sino de búsqueda de oportunidades: las que ofrecen cerca de 900 compradores internacionales invitados por el ICEX, que a lo largo de tres intensos días mantendrán cerca de 13.500 reuniones de negocio.
Esta vez el salón reúne a más de 1.350 bodegas de 90 denominaciones de origen y sellos de calidad, cerca de un 5% más que el año pasado. Un tercio de las bodegas del país tiene marcada en el calendario una feria que ocupa ya 10.900 metros cuadrados en los pabellones 1 y 8 de Fira de Barcelona y convoca a compradores de mercados estratégicos en Europa, América y Asia. Pero la feria no quiere limitarse a ser un catálogo bien ordenado. Javier Pagés, presidente del salón, insistía en la inauguración en que BWW es, ante todo, un encuentro económico: “Aquí se abren puertas”. El vino español necesita hoy más que nunca plataformas que lo conecten con mercados exteriores en un escenario global cada vez más incierto, “por eso la feria tiene más sentido que nunca”.
El ministro de Agricultura, Luis Planas, habló de las fórmulas para atajar esa “disrupción del comercio internacional”, que básicamente pasa por encontrar mercados alternativos al estadounidense. Ante la amenaza de aranceles, recordó que “la Unión Europea trabaja en acuerdos con mercados como India, Mercosur o Indonesia, además de los ya firmados con Canadá, Japón, México o Corea” y anunció “un plan específico para abrir camino al vino español en estos destinos”. Su diagnóstico es optimista: “España exporta vino por valor de 2.900 millones de euros, pero aún hay margen de crecimiento”, y puso como ejemplo el aceite de oliva, que ha doblado el valor de sus exportaciones en los últimos siete años.

Ese horizonte exterior incierto se divisa desde un sector en plena revisión interna. El cambio climático está modificando prácticas, calendarios y decisiones en bodega; la inteligencia artificial empieza a asomarse como herramienta útil en el campo; y los hábitos de consumo obligan a explorar fórmulas con menos alcohol o estilos más ligeros, sin renunciar a la identidad. Todo eso sobrevuela el salón, también de forma explícita en conferencias y catas, pues la BWW cuenta con un programa técnico con 80 actividades y 136 ponentes. Entre ellos, ocho Master of Wine, enólogos de referencia como Willy Pérez, Daniel Landi, Eduardo Eguren, Oriol Llaberia o Richard Sanz y la presencia de la influyente crítica británica del Financial Times, Jancis Robinson, quien dirigirá una cata centrada en la relación entre tradición e innovación a lo largo del tiempo.
Familias grandes y pequeñas
El hilo conductor de esta edición —las familias del vino— funciona como un buen resumen de ese equilibrio entre continuidad y transformación. El programa pone el foco en sagas históricas como Torres, Vega Sicilia, Gramona, Roqueta Origen o José Pariente, pero la pregunta de fondo no es tanto la épica del apellido como el modo en que se gestiona el relevo generacional. ¿Evolución o revolución? En muchos casos, la respuesta se sitúa en un punto intermedio: respeto por lo construido, pero con una mirada abierta al cambio. Junto a estas grandes familias, el salón también reserva espacio para proyectos pequeños, a menudo liderados por viticultores jóvenes, que rehúyen el personalismo excesivo y reivindican el suelo, el paisaje y el trabajo colectivo. Una generación pegada a la viña que habla menos de marca y más de pueblos, suelos y personas.
Cataluña encabeza la participación con unas 320 bodegas, seguida de Castilla y León, La Rioja y Castilla-La Mancha, mientras que Andalucía, Murcia y Asturias crecen con fuerza. A esa diversidad territorial se suma una pluralidad de tamaños y enfoques: desde grandes grupos consolidados que levantan stands monumentales, hasta más de 300 microbodegas que aportan dinamismo y discurso desde los márgenes del recinto. Como afirmaba Pagés: “Aquí el vino español se presenta al mundo tal y como es: diverso, ambicioso y cambiante”.
#BWW Gastronomy
El público que asista al salón dispondrá, como ya viene siendo habitual, de un espacio destinado a ofrecer degustaciones gastronómicas para complementar la experiencia BWW, informa Carla Vidal. En el #BWW Gastronomy, y durante los tres días de feria, se ofrece una selección de tapas y platillos elaborados cada día por un restaurante referencia de Barcelona.
El lunes será Dos Pebrots, de Albert Raurich & Takeshi Somekawa, el restaurante encargado de elaborar las degustaciones. El martes, es el turno de Antoni García Gallego & Tommaso Cossutta con su Terraza Martínez, y el último día de la feria será el de Bar Vint i Quatre de Carles Abellán. Los tres días, estas propuestas gastronómicas se podrán degustar acompañadas de vinos seleccionados por el sumiller César Cánovas, Premio Nacional de Gastronomía en 2012 entre otros reconocimientos.
