Andrea León, la enóloga de los 200 puntos

Es la primera y única enóloga sudamericana que ha obtenido 100 puntos, y no en uno, sino en dos de sus vinos: Clos Apalta y Clos du Lican. Ambos de Domaine Bournet-Lapostolle en el Valle de Colchagua. Esta su historia y la de sus vinos perfectos de la cosecha 2021.

Mariana Martínez

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Andrea León es la única mujer enóloga de Sudamérica, entre las que firman los vinos que hacen, que ha recibido 100 puntos de James Sucling. Ha sucedido a inicios de este año y a la vez en dos etiquetas. La enóloga chilena Andrea León es la mujer detrás de Clos Apalta y Clos de Lican, dos grandes vinos nacidos en las laderas de la D.O. Apalta, en el Valle de Colchagua, bajo el alero de Domaine Bournet-Lapostolle.

Andrea Leon Clos Apalta.
Andrea León, Clos Apalta.

Clos Apalta, más conocido que Andrea León o Domaine Bournet-Lapostolle, es el único vino chileno que ha llegado, con su cosecha 2005, al primer lugar del ranking que Wine Spectator elabora cada año. Mezcla de cepas tintas clásicas originarias de Burdeos, nació en 1997 bajo el alero de Viña Lapostolle. El proyecto, creado en Chile por Alexandra Marnier Lapostolle y su marido Cyril de Bournet, era parte del grupo francés Grand Marnier. Hace unos años, el grupo se vendió a Campari, por lo que el pequeño núcleo familiar de Alexandra (su marido y sus dos hijos) recompró los proyectos de vinos y piscos en Chile, acogiéndolos bajo el nuevo paraguas Domaine Bournet-Lapostolle.

 

Pocos se dieron cuenta de que Clos Apalta, ya con los primeros 100 puntos avalados por el norteamericano James Suckling, cambiaba de mano enológica. Jacques Begarie, su responsable máximo desde 1997, se jubiló en 2021 y Andrea León asumió la gerencia técnica del grupo en plena pandemia. No llegaba alguien nuevo.

 

Un camino en círculos, ascendentes

 

Andrea comenzó su historia en Viña Casa Lapostolle en 2005, recién terminada la fabulosa bodega dedicada exclusivamente a Clos Apalta, cuando se disponía a recibir su primera cosecha. Fue sin mayores expectativas a una entrevista de trabajo trilingüe; el único requisito que tenía el puesto. Le fue bien, le dijo por teléfono a Begarie, el enólogo que sería su jefe directo y a quien finalmente reemplazaría. Su responsabilidad sería cuidar de Clos Apalta, nacido entonces de los viñedos viejos, crecidos en secano. Otro enólogo se haría cargo del día a día de los vinos de Lapostolle, en otra bodega junto a la Ruta 90. Así fue hasta unos años después, cuando Andrea llegó desde Clos: el Olimpo.

Los dos vinos que alcanzaron los 100 puntos.
Los dos vinos que alcanzaron los 100 puntos.

Mientras probamos la cosecha 2021 de Clos Apalta, que acaba de obtener 100 puntos, y es por primera vez su responsabilidad al 100%, Andrea me cuenta que dejó Clos porque ya había hecho todo en la bodega y en el terreno.

 

“Me interesaba», explica Andrea, «hacer vinos de un poco más de volumen, hacer más variedades, entonces fue entretenido estar en Lapostolle, en una bodega que también es chiquita, porque no hacemos un millón de kilos. Es un buen tamaño, pero no tienes la presión de Clos, donde no te puedes equivocar absolutamente en nada. Fue un buen refresh y me permitió volver luego con otra experiencia y retomar Clos desde otra perspectiva. Con la responsabilidad y además haciendo más volumen, porque hoy su blend es más grande y suma otros viñedos. Tenemos distintos tipos de carmenère en laderas y conocemos mucho mejor el campo que hace 20 años”.

Clos Apalta tiene el carácter

especiado y aterciopelado de la carmenere  

y la fuerza del cabernet.

Clos du Lican es más tenso y vibrante

En este andar, Charles de Bournet, el hijo menor de Alexandra y Cyril, y al que Andrea conoce desde su adolescencia, tomó la dirección del Domaine Bournet-Lapostolle y le dio independencia total a Clos Apalta como bodega. Como su madre antes, lidera el grupo, y maneja de manera más personal el área de los piscos del valle del Limarí. Atreviéndose a hacer lentamente sus propios cambios en los vinos, decidió poner foco en el valle de Colchagua y vendió los campos en Casablanca y Cachapoal. Antes de que Andrea subiera de nuevo al Olimpo, le propuso ajustar las tuercas de un viñedo que sus padres habían plantado en el sub valle de Apalta entre 2004 y 2005.

 

Charles quería un nuevo Clos, independiente de Lapostolle, cuenta Andrea, como ahora es Clos Apalta. Ella ya vinificaba el syrah y otras variedades del nuevo viñedo para Cuvée Alexandre y la serie de prueba Collections, que hacía en el túnel de Clos con el apoyo de Alexandra. Con la cosecha 2000 nació Clos du Lican, nombre que significa piedras mágicas en lengua mapudungún.

 

Las uvas de Licán

 

Con la misma sonrisa y confianza que mantiene ante los turistas que recorren la espectacular bodega donde hoy se elaboran los dos Clos y sus respectivos segundos vinos, Andrea me lleva en una camioneta 4X4 hasta lo más alto del viñedo Lican. Cae el sol y abajo, en la distancia, se divisan los hoy centenarios viñedos de Apalta, donde la carmenère es la estrella.

Viñedos de Clos du Lican.
Viñedos de Clos du Lican.

No fue fácil subir; las piedras del camino son grandes y filosas. Plantar esas laderas debió haber sido una locura. Así lo dijo impresionado el abuelo Marnier Lapostolle cuando fue a conocer el lugar. El bosque nativo está por todos lados, y explota vida tras las abundantes lluvias del invierno. Andrea se detiene y mira las hojas brillantes de los boldos. La ilustración botánica es su nuevo hobby y es en serio. Ha tomado cursos on-line en las mejores Universidades de Inglaterra; sus dos hijos ya están más grandes y también puede montar más a su caballo Gerónimo.

 

Nos detenemos en un pequeño cuartel de viognier, el último de todos. Sus diminutas bayas, explosión de sabor, nos llevan de vuelta al único vino blanco que probamos antes. Da vida a Cote du Madame, un blanco en su cosecha 2022 de gran volumen, vibrante, de dicha acidez, guardado mitad 50 % barrica nueva y 50% durante 9 meses. Un viognier con frescura y fuerza, como no hay otro en Chile. Un lujo exclusivo para quienes se hospedan en las 10 casitas construidas alrededor de la bodega de Clos (desde 1.200 dólares la noche).

Me emociona más el syrah.

Me gusta que sea aromático,

como la garnacha

Los otros dos vinos que solo encontraremos en el restaurante de las casitas, parte del prestigioso Relais & Châteaux, también nacen de Lican. Son Cote du Monsiuer, un tinto mitad grenache y mitad syrah, con pequeño aporte de mourvedre, y el Rosé Gavilea, mezcla de syrah y grenache fermentados en huevo de concreto, toneles de roble francés, y en menos medida depósitos de acero inoxidable.

 

La buena noticia es que Clos du Lican 2021 (110 dólares), que obtuvo los 100 puntos con su segunda cosecha, saldrá a recorrer el mundo, aunque en cantidades muy limitadas. Recién presentado en La Place de Bourdeaux, es 100% syrah, proveniente de diferentes sectores de Lican, a diferentes altitudes.

Viñedo de Clos Apalta.
Viñedo de Clos Apalta.

Comparar los dos Clos 2021 es comparar dos mundos, aunque pulidos por la misma mano, el lugar y una añada fresca y compleja, debido a una lluvia inesperada a fines de enero. El resultado son vinos más lineales y austeros en nariz y boca. Clos Apalta (200 dólares) tiene el carácter especiado y aterciopelado de la carmenere (siempre presente en más de 60% en sus mezclas) junto a la fuerza del cabernet, y es más sobrio. Clos du Lican, más tenso y vibrante, evoca fruta negra. Los dos son profundos, pulidos en sus taninos para sentirse infinitos en su paso por el paladar.

 

No son vinos para experimentar

 

No podemos evitar preguntarle a Andrea lo que no se debe: ¿cuál de los dos Clos prefiere? Clos de Apalta, con cepas clásicas de Burdeos, o Lican, con las clásicas del Ródano, llamadas mediterráneas?

 

“Uf, está difícil. Debes tener una conexión emocional con los vinos; te enamoras de la uva y del lugar. A mí me encanta el cabernet, aunque cuando era más joven me costaba. Y me encanta el carmenère de acá, es precioso. El merlot es difícil, pero aporta acidez. Las mediterráneas están más cerca de mi corazón. Me emociona más el syrah. Me gusta que sea aromático, como la garnacha, y el mourvedre tal vez es más austero, pero lo vas descubriendo. Yo sé, agrega, que en un tinto lo más importante es la boca pero necesito al menos algo de motivación en la nariz. Como Clos du Lican que se que va a abriendo, y es bonito ese proceso. Charles sabía eso, por eso me pidió que lo hiciera”.

Andrea Leon en la sala de fermentación de la bodega.
Andrea Leon en la sala de fermentación de la bodega.

También queremos saber si se atreve a jugar con nuevos materiales para la guarda de los vinos.

 

“No, dice tajante. Creo que puedo hacerlo con mezclas más osadas, pero no con un clásico que siempre ha tenido guarda en barrica. Para mí es quizás mejor buscar el tonelero, el tostado, la edad de las barricas, pero sacarle ese componente lo encuentro complicado. Porque se te va el estilo, y lo puedes variar y está bien, pero debe ser como cuando doblas en un barco grande a vela, que vas despacio. Yo creo que experimentar es muy sano y hay que hacerlo, pero no funciona en el largo plazo, en el alma del vino».

 

«Puedo ir agregando cositas, y Charles nos motiva. Hemos implementado barricas con más uso, menos extracción, mucha más selección en la viña, entre otras cosas. Podría habernos dicho ‘no pueden cambiar nada’, pero hay viñedos, en laderas, nuevos, que son más frescos y aromáticos, más herbales, y que a diferencia del llano entregan más fruta negra, y le han dado al vino una dimensión distinta. Si te fijas, Charles ha cambiado todo el equipo, nadie se dio cuenta y el vino mantuvo su esencia”.

 

Paso a paso

 

¿Qué hacer cuándo tus vinos ya tienen los 100 puntos?

 

“Es una enorme responsabilidad, no lo pienso mucho porque no dormiría. Daniel, mi mano derecha en la bodega de Clos, es como medio italiano, y me dice, ‘¡es que la responsabilidad!’ Yo le digo calma, hay que hacer las cosas de a poco, de repente pasas la ola y dices, lo hice. Hay que mantener un poco la rigurosidad, la búsqueda de la calidad, esa cosa bien francesa, con nuestra cultura chilena. Y buscar ayuda. Uno es un equipo, yo tengo la responsabilidad técnica en mi cabeza, lo tengo claro, pero sé que Charles me apoya y el resto del equipo gerencial también, incluso la parte de turismo”.

Parte alta de la bodega de Clos Apalta.
Parte alta de la bodega de Clos Apalta.

“No puedes estar 24/7 al pie de la cuba, hay que darle a ese equipo un poco de alas. Lo aprendí andando a caballo, para montar debes dejarlo ser; es dar y recibir. Saber cuándo das las riendas y cuándo las tomas, y eso depende de la personalidad. Hay que gente a la que debe espuelar, decirle lánzate, a otras que hay que tenerle las riendas cortas. Es importante tener gente distinta en tu equipo, complementaria, y que no sean un yes man; que te debatan, aunque al final se haga lo que tú quieras. Dentro de todo, cada vendimia es como partir de cero, tienes nuevos desafíos, otras condiciones, y hay que saber leerlas de otra forma. A la vez es una nueva oportunidad y cada año la enfrento más segura, equivocándome menos, con equipos distintos”.

 

Los 200 puntos ¿crees los hubieras podido alcanzar siendo más joven?

 

“No, al tiro te digo que no. La neurosis… ni una opción, peleando con el viticultor que tuvimos en los inicios, sobre pensándolo todo, dándole importancia a tonteras. Por algo ayudan los años”.

Atención a este trio: 100 puntos en relación precio-calidad

Lapostolle Cuvée Alexandre Cabernet Franc2022, Apalta (22 dólares). Es la primera cosecha: selección de viñedos viejos en el secano de Apalta, con algo de cabernet sauvignon. Encanta su textura licorosa, con fuerza de taninos. Mucha elegancia.

Lapostolle Cuvee Cabernet Franc

Lapostolle Cuvée Alexandre Cabernet Sauvignon 2022, Apalta (22 dólares). Mayor volumen de producción, con nuevos viñedos en las laderas de Apalta. Igualmente licoroso en textura, más austero en volumen, aunque más profundo, con mucho tanino, potente y seductor a la vez. De gran equilibrio.

Lapostolle Cuvee Cabernet sauvignon

Clos Apalta Le Petit Clos 2020, Apalta (54 dólares). Con 40% de carmenère, suma 38% de cabernet, 19% de merlot y 3% petit verdot. Su guarda en barricas es 50% nuevas y 50 % usada por 24 meses. Clos la tiene casi en un 100% nuevas. Es la versión jovial, más fresca, de Clos Apalta; lista para beber.

Le Petit Clos

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