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Revista Gastronómica Digital
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Opiniones

Llegará un día

Benjamín Lana
Benjamín Lana 16/10/2020Comentarios

Llegará un día en el que los veremos –a los políticos– pedir perdón en un acto público de desagravio o en un mitin de los que precederán a las próximas elecciones. Serán unas disculpas echando balones fuera y poniendo el foco de la culpa en sus colegas del otro lado de la bancada ideológica. Ya saben. Hicimos mal, pero, sobre todo, ellos, no nosotros.

Y reclamarán comprensión y se mostrarán compungidos. Ni siquiera por la inacción, por no haber movido un dedo por uno de los sectores más importantes en número de empleos y familias alimentadas de todo el país, sino peor aún, por utilizar a los restaurantes y los bares, como punching ball mediático, como carne de cañón para taparse las vergüenzas ante su incapacidad manifiesta de gestionar una situación extraordinaria y llevar al país a refugio, como sabría hacer cualquier capitán de barco digno de su puesto.

Se justificarán en docenas de estadísticas, tan maleables como la plastilina con la que juegan sus hijos, y responsabilizarán a ‘los técnicos’ sanitarios de tal o cual decisión. Si no fuera porque vivimos en este mundo ‘para-real’, en el que es difícil distinguir lo acaecido de lo virtual y se nos ha gastado la capacidad de sorprendernos, estaríamos muy cerca de perder la educación.

Leo en la web del servicio público de salud británico el informe estadístico completísimo sobre la situación del COVID en el país que publican en abierto cada siete días. Todos los datos y todas las comparativas imaginables. Empiezo por la semana 38, la correspondiente al 20 de septiembre, y leo que los principales focos de contagio en el país son, por este orden: los centros educativos (44% de los casos), geriátricos (25%), centros de trabajo (16%), hospitales (5%) y los establecimientos de restauración (3%). Otro 6% son de origen desconocido. Hojeo el informe de la semana 40, la última publicada, y apenas veo cambios.

Poco respeto por el sector

Obviamente el paso siguiente es tratar de encontrar entre la información publicada por el Ministerio de Sanidad español algo que se le parezca, un dato objetivo que justifique por qué hay que cercenar de modo implacable el leve aliento de la hostelería cuando no se actúa sobre otros focos estadísticamente mucho más peligrosos en términos de contagio.

Nada. Dentro del gran destacado bajo el título de ‘Información sobre el coronavirus’ tan solo hay un informe que enumera los casos diagnosticados por autonomías, el número de fallecidos acumulados y un ranking por países. Nada.

¿En base a qué información conocida la hostelería, solo la hostelería? ¿Por qué hay tan poco respeto a un sector formado por pequeños emprendedores que siempre han tirado del carro sin esperar a la subvención o al subsidio, que no han dejado de aportar a esta sociedad sin pedir nunca nada? ¿Quizás por ello? ¿Por qué no escuchan a los expertos que hablan de invertir en medidas menos traumáticas que el cierre total y que aún no se han ensayado, como los tests de antígenos rápidos y fiables al 97%?

El ‘seny’ de los hosteleros catalanes está llegando a cero. Hace tan solo un par de semanas compartía mesa con alguno de los más relevantes de la capital y les escuchaba animar a los que aún no habían abierto. “Es cosa de todos, hay que apostar, hay que sacar la ciudad adelante”, decían con un halo de esperanza. Hoy se sienten hundidos.

Pienso siempre en la capacidad histórica de Barcelona para reinventarse, la ciudad de los prodigios, que decía el gran Mendoza, y parece que les va a tocar de nuevo empezar de cero. Golpe tras golpe sobre la misma herida con guantes de todos los colores. ¿Van a poner pie en pared como parece a horas de entrada en vigor del nuevo cierre total?

Ideas versus ocurrencias

Sus colegas de Madrid que la pasada semana se revolvieron cuando su Administración autonómica obligó a adelantar el cierre de los restaurantes a las diez de la noche se sintieron humanamente aliviados por unas horas. Lo de Barcelona, en vez de malo, era demoledor. Como si existiera una cierta sincronía de la barbaridad, apenas unas horas después se daban de bruces con la decisión de la Comunidad de Madrid de permitir a las discotecas convertirse en restaurantes.

¿Qué político o asesor ha propuesto tamaña ocurrencia? Ocurrencia porque no llega a idea. Hasta la patronal de las discotecas, Spain Night Live, arremete contra la propuesta. ¿Acaso la Administración no recuerda las exigencias técnicas y sanitarias que ella misma impone a un restaurante? Años para conseguir una licencia, salidas de humo, suelos antideslizantes, cocinas de última generación con sistemas anti-incendios…

Y más allá de lo técnico, ¿se puede improvisar así un oficio como el de cocinero o camarero de restaurante con un personal que tendrá que salir de los ERTES de la empresa de ocio nocturno? La cocinera Begoña Rodrigo se preguntaba qué les parecería a los políticos que les pusiéramos a trabajar de barrenderos y viceversa, con todo el respeto para el oficio de la escoba, por supuesto. Pues eso. Nada que añadir.

PD. Mi abuela hubiera dicho que se están pasando de castaño oscuro, que andan como pollo sin cabeza. ¿Alguien ha escuchado algún plan ambicioso para rebajar la masificación en el transporte público en las grandes ciudades en los que no se respeta ninguna distancia ni medida de seguridad?


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