Peor que el fuego

Un Comino
La deuda de los urbanos con el mundo rural no deja de crecer. Me refiero a la de todos nosotros con el 5% de la población que vive en pueblos de menos de mil habitantes, en el 50% de los kilómetros cuadrados del país, exactamente.
Estos días nos hacemos cruces y nos rasgamos las vestiduras ante la impactante imagen de las llamas que devoran todo a su paso, ante las lágrimas de los que  han perdido sus campos, sus casas y sus vidas. Pero llegarán las lluvias de otoño y nos olvidaremos de ellos hasta el año que viene.
Hay otras muchas formas de dejar morir el rural, no tan instagrameables como un incendio devastador de miles de hectáreas, pero a la postre más letales. Quizás las peores sean el abandono y la incomprensión y también la falta de inversión. Mientras, en las capitales autonómicas, el 1% del territorio en el que vive el 27% de la población, la clase dirigente seguirá debatiendo sobre ñoñerías, peleándose por ver quién manda, creando leyes innecesarias y eludiendo otras imprescindibles. Me viene a la mente aquella clase de historia en la que nos explicaban el concepto de despotismo ilustrado: todo para el pueblo pero sin el pueblo. Se nos llena la boca… tragamos lo que sea y a otra cosa mariposa.
Al mundo rural acudimos en vacaciones y los fines de semana. Ensalzamos su naturaleza y sus productos que no saben a plástico. Robamos sus setas, sus sombras y hasta su silencio. Dejamos un poco de nuestro dinero y el domingo por la tarde regresamos a ese otro 1% del país donde volvemos a olvidarnos de que la vida sigue entre semana más allá de las M-40 de turno.
La deuda con los pueblos y sus habitantes no deja de crecer, como decía. Les robamos hasta los conceptos y las ideas. Kilómetro cero, territorio, productores, identidad, todo eso que nace de modo natural en los pueblos rige ahora las cocinas de las urbes y las tiendas pijas de medio mundo. Después de usarlas un rato las echamos en el olvido hasta la próxima que necesitemos sentir algo de autenticidad.
Algunos dicen que el problema es el dinero, como si realmente faltase. Yo creo que es cuestión de marcar prioridades y asumir compromisos. Si las cuentas del país las llevara cualquier madre o padre que saben bien qué es lo superfluo y qué lo imprescindible porque estiran su sueldo como el chicle para que llegue a fin de mes empezarían a cancelar ayudas, inversiones incomprensibles, paguitas de las que se dan en espera de unos votos, etc… ya saben. Cada uno de nosotros podría hacer una lista larga como un lunes al sol. La cosa no es solo de dinero.  Para lo que interesa sí que se consigue la plata. Es de visión a largo plazo, de responsabilidad con el futuro del país, de superar el egoísmo infantiloide que preside buena parte de la política del país asolado en verano por las llamas y el resto del año por el ‘itumasismo’.
Lo de los incendios es terrible, que nadie piense que le quito importancia, pero no dejan de ser un síntoma más de nuestra enfermedad colectiva que nos lleva a pensar a través de ‘bits, clicks y posts’ sin mirar nunca por la ventana. Hace veinte años que Bebe ya cantaba aquello de ‘la tierra tiene fiebre, tiembla y llora porque cree que ya no la quieren’. Esta vez en vez de llorar se incendia en llamas para ver si así le hacen caso. La tierra y una de las especies en severo peligro de extinción en dos terceras partes del país: el homo sapiens, ese mamífero otrora abundante en esos lares al que condenamos a abandonar sus pueblos, sus montes y sus campos por falta de atención y de esperanza, esos congéneres en los que no pensamos hasta que llegan los puentes de invierno, las vacaciones de verano o los desastres los convierten en portadas de telediario.
El olvido
Ahora nos pondremos con la vuelta al cole, la vuelta al trabajo y el retorno a la noria productiva hasta que necesitemos nuevos estímulos y salgamos algún finde a por boletus o a ver románico y zamparnos un cuarto de lechazo. Llegará diciembre  y se volverán las miradas sobre los pueblos ricos de montaña para ver qué tal viene este año la temporada de esquí. Del resto… mus.
En el invierno seco y duro que se espera, un silencio demacrado presidirá la comunidad autónoma decimoctava, el territorio de nueva creación, equivalente en extensión a La Rioja, cuatro veces más grande que Mallorca, como todo el País Vasco y media Navarra, me refiero a la España ardida, ‘Calcilandia’ o como quiera bautizarse y así el ciclo de la vida nos llevará hasta el siguiente verano.
Es curioso como algunos de los problemas que más ocupan y determinan la acción política en España tienen que ver con lo identitario y al tiempo la esencia de la identidad, que es el territorio, origen y refugio de las tradiciones y la cultura, vive en el más franco abandono.