El cine y la cocina siempre han tenido una muy buena relación, como demuestran estas películas en las que las cosas del comer son las indiscutibles protagonistas.

A fuego lento (Le pot-au-feu de Dodin Bouffant. Tran Anh Hung, 2023. Francia)
La gastronomía siempre ha estado muy presente en la obra del cineasta vietnamita Tran Anh Hung, desde su ya lejana ópera prima de 1993, El olor de la papaya verde. Pero nunca había sido tan absolutamente protagonista como en esta película de época por la que ganó el Premio a la Mejor Dirección en el Festival de Cannes.
La acción se desarrolla en Francia en 1885 y cuenta la relación sentimental y gastronómica entre un refinado gourmet y su superdotada cocinera (fabulosos Benoît Magimel y Juliette Binoche), que le prepara pantagruélicos festines para disfrutar con sus amigos, que son minuciosa y detalladamente rodados por la golosa cámara de Hung. La elaboración de los platos ha sido asesorada por el legendario Pierre Gagnaire.
El filme repasa los orígenes de la alta gastronomía moderna, recordando a Antonie Carême, Auguste Escoffier o Cesar Ritz, mientras entre banquete y banquete desfilan por las mesas platos como terrina de faisán con trufa de verano, codorniz con coulis, perdices a las finas hierbas, trucha a la chartreuse o costillas de vaca a la holandesa y vinos de Burdeos, Borgoña o Madeira, que nos tienen salivando durante las algo más de dos gulosas horas que dura el metraje.

El festín de Babette (Babettes gæstebud. Gabriel Axel, 1987. Dinamarca)
Isak Dinesen era el seudónimo de una escritora danesa llamada en realidad Karen Blixen, que tenía una granja en África. Dinesen se hizo mundialmente famosa en 1985 gracias a la película de Sydney Pollack Memorias de África, que contaba parte de su vida y ganó 7 Oscar, incluido el de Mejor Película. Dos años más tarde, una producción danesa basada en uno de sus relatos más famosos, ganaba el Oscar a la Mejor Película Extranjera, superando en la final, entre otras, a la española Asignatura aprobada. Ambientada en la segunda mitad del siglo XIX en una estricta comunidad luterana de Jutlandia, El festín de Babette está considerada la madre de todas las películas gastronómicas que han proliferado en las últimas cuatro décadas y contiene uno de los banquetes más exquisitos que jamás se han visto en pantalla.
La Babette del título es una francesa que ha huido de la Comuna de París y ha sido acogida por las hijas de un pastor luterano danés, para las que trabaja como una especie de ama de llaves. Cuando gana un premio en la lotería, propone organizar una cena para ellas y otros vecinos en agradecimiento por su apoyo. Carnes, pescados, volatería (las míticas codornices en sarcófago), quesos, caviar, vinos y champanes, todo traído de Francia, componen un festín irrepetible al final del cual saldrá a la luz el secreto mejor guardado de Babette, a la que da vida la actriz Stéphane Audran, quien fue musa y esposa el director Claude Chabrol, el más ilustre gourmet (y gourmand) de la Nouvelle Vague.

Hierve (Boiling point. Philip Barantini, 2021. Reino Unido)
En un único y frenético plano secuencia de noventa minutos, el director británico Philip Barantini cuenta cómo es un servicio en un restaurante de alta cocina. Con la cámara yendo y viniendo, sin parar quieta ni un segundo, de la cocina a la sala, de la sala a la cocina, vamos viendo, y viviendo, cómo transcurre la velada en uno de los restaurantes de moda y más concurridos de Londres.
El chef y propietario, un tipo demasiado bien pagado de sí mismo, atraviesa por varias crisis personales y profesionales, a las que se suman las visitas de un inspector de seguridad y de una crítica gastronómica. El personal de sala y cocina da el doscientos por cien a contrarreloj para que la cosa salga adelante, pero a veces no llega. Los clientes viven en sus propias nubes y sólo les preocupan sus pequeños caprichos. El restaurante es una bomba de relojería a punto de estallar.
Increíblemente, la película no fue estrenada en España en salas comerciales y pasó directamente a plataformas, a pesar de las más que notables críticas y de haber sido multipremiada en su país de origen. Y eso a pesar de pertenecer al género que más éxito tiene en taquilla, el de los superhéroes. Porque, ¿qué otra cosa son los trabajadores de un restaurante sino superhéroes?

El menú (The menu. Mark Mylod, 2022. Estados Unidos)
Entre la comedia negrísima, el esperpento y el cine de terror limítrofe con el gore se desarrolla una provocadora película que no deja títere con cabeza entre los actores que han convertido la alta gastronomía en un espectáculo global, y demasiadas veces absurdo. Cocineros estrellas, maîtres y sumilleres con excesos de ínfulas, críticos egocéntricos, ricos que se dedican a “coleccionar” restaurantes, influencers sin conocimientos ni criterio… todos reciben su merecido a lo largo de una velada única, excepcional e inolvidable porque, como explica el chef que la ha organizado en una exclusiva isla privada, “todos han contribuido a que perdiera la pasión por mi oficio o se ganan la vida explotando el trabajo de artesanos como yo”.
En la excelente composición que el fantástico actor Ralph Fiennes hace del chef Julian Slowik, harto de todo y de todos y que renunciaría a los oropeles y la fama a cambio de volver a cocinar hamburguesas en vez de practicar inanes fuegos de artificio, se recuerda, a veces de forma inequívoca, a diferentes cocineros mediáticos internacionales. Jugar a adivinarlos es otro de los alicientes de una película que invita a una profunda reflexión.

Ratatouille (Brad Bird, 2007. Estados Unidos)
El octavo largometraje de Pixar está considerado como una de las grandes obras maestras del estudio y, al mismo tiempo, como una de las más grandes, si no la más, obra maestra cinematográfico-gastronómica.
Ganadora del Oscar a la Mejor Película de Animación, su título es un juego de palabras entre la ratatouille (una especie de pisto) provenzal y la rata protagonista, Remy, una superdotada para la cocina que ayuda a un cocinero novato a sacar adelante un mítico restaurante de París en horas bajas.
La ambientación de la capital francesa, ciudad donde transcurre la acción, es prodigiosa, tanto visual como musicalmente, y la recreación del funcionamiento de la cocina de un restaurante de altísimo nivel y de los platos, de una autenticidad apabullante. En este segundo aspecto, el director Brad Bird contó con la inestimable asesoría del chef Thomas Keller, cuyo restaurante The French Laundry (Yountville, California) había ocupado el primer puesto en la lista Fifty Best de 2003 y 2004.
Otro de los grandes alicientes del filme es el retrato del crítico Anton Ego, en el que muchos han querido ver un fidedigno trasunto de algunos reputados cronistas gastronómicos. Un personaje cínico e implacable que, en el fondo, tan sólo busca recuperar los olores y sabores de la memoria… esos que tan maravillosamente reivindica una película para saborear una y otra vez.

Tampopo (Juzo Itami, 1985. Japón)
Si el italiano Sergio Leone inventó a principios de los 60 el spaghetti-western, el japonés Juzo Itami inventó a mediados de los 80 el ramen- western, que consiste en contar una historia con el estilo de un western y ambientarla alrededor de un restaurante de carretera especializado en ramen, esa sopa ilustrada de noodles que a día de hoy arrasa en todo el mundo y que en 1985, año de realización del filme, era prácticamente una desconocida fuera de Japón… y que ni siquiera en Japón gozaba de tanto predicamento como ahora.
Con mucho sentido del humor y algún que otro toque surrealista (la sombra de Buñuel es alargada y llega hasta Extremo Oriente), en la cinta se entrecruzan diversos episodios mientras por las mesas del restaurante van desfilando okonomiyakis, omurices y, claro, humeantes boles de ramen que los comensales sorben ruidosamente, no sin antes haberle dado las gracias a la naturaleza, a las plantas y los animales por servir para enriquecer su el plato.
Para rematar, de cuando en cuando la acción se ve salpicada por breves sketches con apuntes sobre la gastronomía nipona, sus tradiciones y sus diferencias con la gastronomía occidental y la ancestral simbiosis entre comida y erotismo. Y, a modo de curiosidad, apuntar que el título significa “Diente de León” y es el nombre de la joven que regenta el restaurante.

Una receta familiar (Ramen Teh. Eric Khoo, 2018. Singapur)
Producción de Singapur con un tono melancólico y pausado, pero lleno de vitalidad, en la que un joven chef japonés, medio chino, viaja hasta la ciudad estado para bucear en el pasado de su familia. Entre chilli crab, pollo con arroz, bak kut teh (sopa china con costillas de cerdo) y ramen, sale a la luz la terrible historia de sus progenitores mientras constata que muchas de las heridas que se abrieron en Asia durante la II Guerra Mundial aún no se han cerrado. Pero la reconciliación es posible… siempre que haya buena comida de por medio, claro.
Con mucha sensibilidad y una incuestionable pasión por la comida, el director Eric Khoo confirma una vez más que los asiáticos, como ya se ha visto en Tampopo, son unos maestros a la hora de hablar de gastronomía en el cine. De hecho, en esta selección no aparecen El sabor del pescado en otoño (Yasujiro Ozu 1962. Japón), Comer, beber, amar (Ang Lee, 1994. Taiwan) ni El cocinero de los últimos deseos (Yojiro Takita, 2017. Japón) porque sólo cabían siete películas y porque tampoco se trataba de hacer un monográfico asiático, pero perfectamente podrían haber estado presentes.
Y la próxima vez que tomen un ramen, no olviden la tesis que plantea esta cinta a través de la figura de su protagonista: un humilde y sabroso plato de ramen es la vida misma.
