Málaga en la copa

Acaban de cumplir su primer siglo como marca registrada, pero se estima que los vinos de Málaga llevan en la península miles de años, cuando allá por el siglo VIII a.C. llegaron los fenicios y, con ellos, sus técnicas de cultivo y elaboración vinícola.

Una profunda tradición enológica que ha dejado importante huella en la historia de la región, con representaciones que desafían el paso del tiempo, como las uvas de las ruinas de Acinipo en Ronda –Acinipo significa ‘tierra de vinos’– o el depósito de fermentación encontrado en Cártama.

 

Ambas son pruebas que evidencian la existencia del Vinum Malacita, el mismo que se siguió elaborando durante el antiguo Al-Ándalus a pesar de la prohibición coránica de consumir alcohol, aunque entonces bajo el apelativo de ‘Xarab Al Malaquí’, traducido como jarabe malagueño. Un vino dulce de extraordinaria personalidad que sigue conquistando paladares hasta nuestros días.

 

Sabor y personalidad únicos

 

Uno de los pilares de su gran singularidad se apoya sobre la materia prima autóctona, presidida por las uvas blancas Pedro Ximénez y Moscatel, junto a otras variedades serranas como la Moscatel Morisco Chardonnay, Macabeo, Colombard, Sauvignon Blanc: Lairen y Doradilla, Gewürztraminer, Riesling, Verdejo y Viognier. Y también las tintas Romé, Cabernet Sauvignon, Merlot, Shyrah, Tempranillo, Garnacha, Cabernet Franc, Pinot Noir, Petit Verdot, Graciano, Malbec, Monastrell y tintilla de Rota.

 

Innegable es también la valiosa contribución de los vinos malagueños en el patrimonio gastronómico de España. Ideales para acompañar aperitivos, como quesos de cabra, embutidos, frutas y chocolates, al igual que platos, como carnes de chivo o espetos, entre otros muchos, están protegidos desde 1933 por la Denominación de Origen Protegido Málaga (D.O.P.), una de las más antiguas de Europa, y desde primeros del presente siglo también por la D.O.P. Sierras de Málaga. Se producen en prácticamente el 80 por ciento de la provincia, por lo que orografías como las de la Serranía de Ronda, los Montes de Málaga o la Axarquía les confieren una personalidad inimitable.

 

Tranquilos o de licor, dulces o secos; aprende a diferenciarlos

Les configura, efectivamente, una fisonomía inolvidable, ofreciendo una atractiva gama de colores, aromas y sabores que aportan a la cata multitud de sensaciones. Es ello, cada vino de Málaga es un nuevo descubrimiento, y para reconocerlos es preciso conocer las peculiaridades de su elaboración, porque no son todos iguales.

 

La clasificación principal de la D.O.P. Málaga distingue entre los vinos tranquilos y los de licor. Los primeros están elaborados sin alcohol añadido y pueden ser dulces, si se hacen a base de uva sobremadurada y con uva pasificada, o secos, cuando alcanzan como mínimo los 15 grados alcohólicos.

 

En cuanto a los de licor, se confeccionan parando la fermentación del mosto con alcohol vínico, dando como resultado vinos secos, semisecos, semidulces o dulces.

 

Y con respecto a su envejecimiento, los vinos de Málaga pueden ser Pálidos (hasta 6 meses); Nobles (de 2 a 3 años); Añejos (de 3 a 5 años) o Trasañejos (superior a 5 años), según la ancestral terminología local, que también designa elaboraciones concretas como el Pajarete, un popular vino dulce de licor sin adición de arrope y de color ámbar oscuro, o el Lágrima, cuando procede de un mosto obtenido sin presión mecánica alguna.

 

En cualquier caso, los vinos de Málaga son limpios y brillantes, van desde el amarillo pálido al más dorado, en la boca pueden ser secos, dulces o muy dulces, pero siempre cálidos, untuosos, potentes y muy persistentes.

 

Por su parte, la D.O.P. Sierras de Málaga ampara vinos tranquilos con una graduación alcohólica entre los 10 y los 15,5 grados y se clasifican en Blancos, Rosados, Tintos y Tintos Dulces.

 

Y según su envejecimiento, se denominan Crianza (mínimo de 2 años, 6 meses de ellos en barrica de roble); Reserva (mínimo de 3 años, 12 meses de ellos en barrica de roble); Gran Reserva (envejecimiento mínimo de 5 años y de ellos 24 meses en barrica de roble y 36 meses en botella) y Gran Reserva de Blancos y Rosados (mínimo de 5 años, 6 meses de ellos como mínimo en barrica de roble).

 

 

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Descubre los últimos premiados

Para iniciarse en los vinos de Málaga puede ser útil empezar con los premiados en la última edición de los Premios Sabor a Málaga, que la Diputación de Málaga concede anualmente a través de su marca gastronómica y hostelera Sabor a Málaga.

 

Estos galardones, que distinguen los mejores vinos de cada cosecha procedentes de las D.O.P. Málaga y Sierras de Málaga, han distinguido en su última edición a las bodegas Bentomiz, Los Frutales, Jorge Ordóñez y Dimobe.

 

Empezando por los blancos, ‘Ariyanas seco sobre lías finas 2022’, de Bodegas Bentomiz ostenta el premio al mejor vino de la D.O.P. Sierras de Málaga, bodega que también ha visto reconocido su ‘Ariyanas terruño pizarroso 2021’ como mejor vino blanco dulce tranquilo de la D.O.P. Málaga.

 

En cuanto a los mejores tintos de la región, se llevan el título ‘Botani Garnacha 2022’ de Jorge Ordóñez Málaga y ‘Cabernet Sauvignon Los Frutales’ de Sesca 2016-Bodega Los Frutales, ambos con D.O.P. Sierras de Málaga, mientras que ‘Rujaq Andalusí Trasañejo de Dimobe A. Muñoz Cabrera como mejor vino de licor con D.O.P. Málaga.

 

Sirvan ellos como mínima muestra de la excepcionalidad de este producto español, y en concreto el vino malagueño, siendo este encumbrado como el Cardenal de los Vinos tras el primer concurso de cata de la historia, allá por el año 1224, y que en la época de los zares estuvo exento de aranceles tras enamorar a la Emperatriz de Rusia Catalina II, quien recibió unas cajas de vino de Málaga como obsequio del embajador español.

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