El almogrote y el potaje de berros son los dos platos que mejor representan a la cocina de La Gomera. Esta isla canaria, con 370 kilómetros cuadrados, es una de las más pequeñas del archipiélago, sólo por delante de El Hierro y de La Graciosa. Y sin embargo, aunque tiene muchos puntos en común con sus hermanas, la personalidad de su cocina la sitúa entre las más destacadas. La riqueza ecológica de esta isla se plasma en su gastronomía popular. El almogrote es una forma tradicional de recuperar el buen queso de cabra de la isla cuando se pone duro, mezclándolo con ajo, aceite y pimentón hasta lograr una potente pasta que se unta en el pan. El potaje de berros aprovecha la calidad de los que crecen de forma natural en los manantiales de las cumbres gomeras. Bien picados, protagonizan este reconfortante guiso acompañados con calabaza, garbanzos, judías, papas, batata y mazorca de maíz. Al lado, como guarnición, se presenta el imprescindible gofio, que los isleños añaden generosamente al plato, cebolla cruda y queso local. El gran cocinero gomero es Braulio Simancas, que desde hace más de veinte años se ha posicionado como uno de los más brillantes